Nuevo sexenio y cambio de página

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Por Enrique Calderón Alzati

Con el propósito de oxigenar el cerebro y dejar atrás la pesadilla del sexenio de Felipe Calderón, el más desafortunado y trágico para nuestro país, del que tengo memoria, decidí realizar un viaje con mi familia por la península de Yucatán; en él nos acompañó nuestra nieta más joven, Martina, de 9 semanas, la experiencia resultó extraordinaria, haciéndome posible el renacimiento de la esperanza por el futuro, al encontrarme con un país lleno de encanto, de misterio y de recursos naturales, con una historia larga y ejemplar, pero sobre todo, de gente orgullosa de lo que hace, de su presente y de su pasado, gente buena y amable, que vive de manera austera, trabajando y preparándose para el futuro.

De manera especial, la belleza de las playas y de la selva de Campeche me impresionaron profundamente al igual que su ciudad capital, la visita a las viejas ciudades de Ezdna y de Uxmal, constituyeron el clímax de nuestro corto viaje; como en todos los casos de visitas anteriores a estos sitios sagrados, la grandeza de las civilizaciones mayas se nos reveló en todo su esplendor, en medio del silencio milenario del atardecer, amplificado sólo por el canto y el aleteo de las aves, llamando a la reflexión en torno al futuro, haciéndonos pensar en todo lo que podemos y necesitamos hacer, en materia de educación, de salud, de justicia social, de conocimiento y de promoción de nuestras culturas.

Decidimos no visitar Chichén Itzá, ante la perspectiva de encontrarnos con la multitud de visitantes venidos no sólo de nuestro país, sino de muchos más, atraídos por el supuesto fin del mundo, producto de la publicidad y la idiotez, respuesta fácil de quienes viven sin entender lo que sucede en su entorno, ni les interesa entenderlo más allá del sensacionalismo del momento.

Regresamos del viaje con la mente despejada y con los ánimos redoblados para seguir luchando por un futuro mejor, como producto de una nación diferente a la que hoy somos, pensando que para ello era necesario primero, cerrar las páginas referentes al gobierno de Felipe Calderón y su estela de irresponsabilidad, para orientar nuestra atención a lo que hoy tenemos, y desde una posición crítica, estudiar las acciones del nuevo gobierno, con el propósito de contribuir a cambiar el rumbo, que por muchos años ha llevado al país a las condiciones de deterioro económico, social, institucional y ético que hoy padecemos.

En los últimos meses del año que termina, dediqué mis artículos escritos en este nuestro diario, a criticar las acciones y posiciones del gobierno y especialmente de sus dirigentes, comenzando por el Presidente, aparentemente sin lograr que este se inmutara en lo mínimo. Cierro esta página convencida de que ese hombre debe ser juzgado por sus crímenes contra el pueblo de México, y de que mientras ello no suceda, las heridas que ha dejado, no podrán cicatrizarse debidamente.

No abrigo muchas esperanzas de que el gobierno actual lo llame a cuentas, luego de la impunidad de que han gozado todos sus antecesores, y de la sospecha de que el proceso se repetirá nuevamente hoy, como confirmación de que el acceso al poder, de quienes hoy nos gobiernan, sólo fue posible gracias a las acciones y omisiones de ese hombre nefasto, a partir de un pacto secreto que le asegurara el olvido total de la justicia, para todas y cada una de sus acciones violatorias de la Constitución y de las leyes vigentes.

En una página de Internet con la dirección electrónica www.tribunalciudadano.mx que creamos unas semanas antes del fin del sexenio, un grupo de amigos convocamos a la sociedad primero a enviar las denuncias y acusaciones que tuvieran a bien, con objeto de integrar un expediente de las graves faltas cometidas por el entonces presidente, con objeto de generar un veredicto que pudiese ser puesto a votación ante la ciudadanía misma.

Ello nos permitió generar un veredicto que incluía las pruebas y argumentos para señalar a Felipe Calderón como responsable del delito más grave, del que puede ser juzgado un presidente, el de traición a la patria; el veredicto fue publicado en la página electrónica del tribunal, para hacerlo del conocimiento de la sociedad, una semana antes del cambio de gobierno. El tiempo para el juicio había pasado, la atención de la ciudadanía miraba ya para otra parte y el número de votos llegó apenas a los 352, con 331 votos a favor del veredicto, 13 en contra y 8 anulaciones. La experiencia lograda nos indicó que el recurso era válido y el medio adecuado, lo único que habría que modificar eran los tiempos, ninguna duda nos quedó sobre la importancia que este instrumento tendrá en el futuro, para utilizarlo todas las veces que sea necesario.

De esta manera, pretendo cerrar el tema que me ha venido ocupando a lo largo de 2012, para abrir un nuevo capítulo sobre el país que necesariamente tenemos desde ahora, esperando y deseando un cambio por el bien de todos; lo hago pensando en iniciar una página nueva y distinta de las que nos ha tocado vivir en los tiempos recientes, no obstante que desde ahora el nuevo gobierno ha empezado a dar señales que resultan inquietantes, junto a otras que constituyen compromisos muy serios que de cumplirse significarían un cambio crucial y positivo para el país en su conjunto.

Sin embargo, las críticas a esos proyectos no se han hecho esperar, los argumentos que las respaldan son tan sólidos, como cuestionables fueron los recursos empleados para acceder al poder por el grupo que ahora nos gobierna, quizás los primeros cien días de este nuevo gobierno nos puedan dar una mejor idea de lo que podemos esperar de él, por ahora me limito a desear a todo el pueblo de México y de manera particular a los lectores de La Jornada, un año 2013 de esperanza, de prosperidad y de bienestar.

Fuente: La Jornada

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