Mi pueblo dice que sí a la muerte

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Por Iuval Ben-Amó

Una encuesta realizada en Gaza este pasado mes de septiembre mostró que una mayoría de sus residentes prefieren [el liderazgo de]Fataj a Hamás si se realizaran elecciones. A comienzos de este mes el presidente Majmud Abás habló nuevamente de una solución de dos Estados e incluso insinuó un compromiso en el tema del derecho al retorno [de los palestinos].

¿Qué podía hacer Israel a la luz de esto sino comenzar una guerra? Israel no puede manejar la paz. Se ha vuelto una maquinaria de guerra, y no me refiero solamente a sus dirigentes ultra-militantes ni a quienes obedecen sus órdenes. Décadas de sesgo mediático y educación dogmática consiguieron transformar a sus ciudadanos en una turba ciega que siempre apoya la violencia: la encuesta realizada hoy por el diario Haaretz muestra que un 84 por ciento apoya la presente ofensiva. Un equipo de prensa extranjera con quienes trabajo, entrevistó hoy transeúntes acerca de la situación en Gaza: “Sabemos que allí mueren en cantidades”, dijo un residente de Tel Aviv frente a la cámara. “No es que no lo sepamos; es que simplemente no nos importa”.

Por supuesto que los palestinos pueden ser extremadamente militantes y violentos. Uno también lo sería, luego de décadas de esclavización, y si piensas que puedes superar tal indignación, pues, tú serías como la mayoría de los palestinos. En lo que a Hamás respecta, no les tengo ni una pizca de afecto. Noten que comencé mi artículo con mi fé en una encuesta que mostró su debilitamiento. La cosa es (o era, hasta hace poco) que Hamás se está debilitando.

Mientras tanto, la derecha israelí se está volviendo cada vez más poderosa. Es verdad: miente, desvía la atención del público, desinforma y usa la incitación al pánico para ganar poder y apoyo. La prensa deshumaniza de manera efectiva a los palestinos y fomenta nuestro sentido de ser víctimas, y esa prensa está controlada por gente poderosa conectada con altos oficiales militares en Jerusalén, pero la gente sencilla tiene la cabeza sobre sus hombros y un corazón en su pecho: ellos también comparten la responsabilidad. Todos fuimos decepcionados por los israelíes en los pasados días. Una vez más, todos nosotros: el mundo, la izquierda israelí, y especialmente los palestinos.

La izquierda israelí todavía existe, y lucha bravamente contra una creciente des-legitimización, y podría finalmente ser declarada demasiado pequeña para tenerse en cuenta. Ahora que el líder laborista Sheli Iajimovich expresó su total apoyo a las acciones de Netaniahu y Barak, solo el minúsculo partido Meretz (con tres escaños de los 120 del parlamento israelí) y el bi-nacional partido Jadash (que solo una minoría de sus votantes son judíos) permanecen como alternativas. Ambos partidos se han opuesto abiertamente a la ofensiva. (Meretz es un partido de la izquierda moderada judía, sionista. Jadash -Frente Democrático por la Paz- es un remanente binacional del viejo Partido Comunista de Israel. N. del T.).

En la tradición [religiosa]judía, un plato de comida láctea sobre el que cae un pedazo de carne sigue siendo casher (apto para consumo según la religión judía. N. del T.) siempre y cuando ese pedazo de carne es de un tamaño menor que una sesentava parte del tamaño del plato entero. Es, según la religión judía, “batel be shishím”, anulado sesenta veces.

La comunidad de israelíes que procuran la justicia, la vida y los derechos humanos no es aún la sesentava parte de la población de este país, pero ¡vaya!, no nos tomen mucho en cuenta. Yo les aconsejaría a aquellos que están inseguros de cómo sentirse respecto a los eventos corrientes que no decidan su opinión en base a nuestra existencia y nuestras acciones. Israel no merece tenernos como si fuéramos hojas de higuera.

Nosotros, los Israelíes, merecemos la guerra eterna en la que vivimos. Merecemos nuestro gobierno asesino, el cual está ahora navegando hacia el puerto seguro de su re-elección en un río de sangre de Gaza (y algo de sangre israelí).

Nos merecemos esto por decir sí a la muerte, una y otra vez; pero los palestinos que sufren de los mismos caprichos de Bibi [Netanihau] no se lo merecen. Ellos de hecho han buscado la paz, tanto en el plano popular como en los discursos formales. Bueno, tal vez ya no. No en este momento; no incluso si el alto al fuego llega esta noche. Otra oportunidad masacrada.

¿Podremos cambiar? ¿Diremos alguna vez basta?

¿Debo pedirles a vosotros, lectores de todo el mundo, que nos presionen, que nos nieguen comercio y cultura para que nos veamos obligados a evolucionar?

Ya no lo sé. Háganlo, pero sin grandes expectativas.

Es asunto de los líderes mundiales el marcar la diferencia en esto, y ellos deberían tratarnos con enorme rudeza, la que no aparentan mostrar.

Así que la cosa queda igual: no hay salida. La había, pero ya no la hay.

Buenas noches a todos desde Tel Aviv. Bendita sea la memoria de las víctimas.

Publicado en http://972mag.com/my-people-who-say-yes-to-death/60380/

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