México, ¿democrático o rehén de unos cuantos?

0

Por Jesús A. Rodríguez

En la democracia se puede ganar o perder,  es parte de la base misma de la competencia. Sin embargo esto parte de que  las condiciones del juego sean equitativas para todos los participantes. El día de ayer 1 de julio las mexicanas y mexicanos  salimos a mostrar que podemos ser democráticas, pero también salieron a relucir las arraigadas prácticas antidemocráticas.  Muchas dudas afloran ante los acontecimientos.

Algunos se preguntan si hubo fraude, algunos otros aún no conciben las acciones de las autoridades electorales y de la propia presidencia de la república. Primeramente considero que las declaraciones  de las autoridades electorales, de Partido Acción Nacional y del Presidente de la República apuntan con toda claridad a la reducción máxima del riesgo de que la opinión pública pudiera maniobrar con la posibilidad de un fraude electoral. Aunque legítimas las declaraciones, haciendo pensar que ya existía un acuerdo previo entre el PRI y el PAN para dejar en el camino al candidato de la izquierda.

Las prácticas de acarreo, compra de votos, coerción, compra de funcionarios electorales, boletas electorales duplicadas, etc.  tendrán que dirimirse en las instancias correspondientes; aunque según se ve, no fueron tan graves como para anular la elección,  pero si son una muestra fehaciente de que dichas prácticas forman parte de la cultura política de los partidos políticos, se han convertido en instituciones informales que son un lastre y limitación para la consolidación democrática.

Un país tan contrastante como México, donde co-existen  condiciones de atraso estructural y   niveles de extrema pobreza; con zonas de alto desarrollo y altos niveles de consumo es un caldo de cultivo para conflictos mayores, el resultado electoral y la manera   como se legitime el mismo, serán factores preponderantes para evitar fricciones sociales,  es decir la izquierda mexicana y los miles de mexicanos que se manifestaron electoralmente por esta opción , deberán contar por parte del PRI, con soluciones reales, integrales, de largo alcance; acciones políticas diferentes, donde el país no continúe siendo rehén de unos cuantos.

Lo anterior es muy complicado para un candidato priísta cuyos principales cuestionamientos apuntan al contubernio con las grandes televisoras. En definitiva la alternativa para el país no es la vía violenta, sin embargo ¿cuáles son las alternativas reales que se le brindan a la clase popular, a la cada vez más reducida clase media? ¿Hasta qué punto este PRI es un nuevo PRI y no una versión recargada de las viejas prácticas de más de 70 años de gobierno (1929-2000)?

Si la decisión del voto favoreció al PRI, debemos continuar nuestro ejercicio democrático, exigir transparencia y rendición de cuentas, hoy la democracia la debemos construir no sólo en la euforia de un proceso electoral sino en el largo andar cotidiano de hacer nación.

Comentarios

Skip to toolbar