Lo que no declaró Zebadúa: él negoció con rectores La Estafa Maestra

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De acuerdo con testimonios obtenidos por Animal Político e investigaciones realizadas por la Auditoría Superior de la Federación, Emilio Zebadúa inició la negociación y sus subalternos servían de enlace en la operación y autorizaban la salida de recursos.

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Para obtener el perdón legal, el exoficial mayor de la Sedesol y la Sedatu, Emilio Zebadúa declaró ante la FGR el modus operandi de La Estafa Maestra deslindándose de cualquier responsabilidad y, en cambio, acusó a cercanos de Rosario Robles como los artífices del mecanismo. Sin embargo, implicados en la trama confirman que él y su equipo fueron los negociadores y ejecutores del desvío en ambas dependencias.

De acuerdo con testimonios obtenidos por Animal Político e investigaciones realizadas por la Auditoría Superior de la Federación, exfuncionarios de universidades y organismos públicos que hicieron convenios con las dependencias aseguran que Zebadúa inició la negociación y sus subalternos servían de enlace en la operación y autorizaban la salida de recursos.

El esquema consistió en que dependencias de gobierno firmaban convenios con universidades públicas para hacer supuestos servicios, pero estas subcontrataban a empresas fantasma o ilegales, como reveló el reportaje periodístico La Estafa Maestra. Según Zebadúa, él “nunca” participó, pero los testimonios lo desmienten.

Zebadúa, el encargado de los recursos 

Quienes conocen a Emilio Zebadúa González lo describen como un hombre arrogante, listo y muy culto. Solo consultaba la prensa internacional y acostumbraba a leer The New York Times con los pies sobre el escritorio de su oficina.

Comenzó a despachar en Polanco, una de las zonas más exclusivas de la Ciudad de México, desde 2006 cuando se integró al equipo cercano de Elba Esther Gordillo, la líder del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), dirigiendo la Fundación para la Cultura del Maestro SNTE, cuya sede estaba en esa colonia.

Tiempo después instaló su propia oficina en Tennyson 125, y la mantuvo aún como funcionario público. Los visitantes cuentan que debían pasar por los arcos detectores de metales puestos en la entrada y dejar los teléfonos celulares, relojes, y hasta las plumas, en el lobby.

Las reuniones se realizaban generalmente en la sala de juntas, cuya entrada era flanqueada por un jaguar gigante tallado en madera, técnica típica de Chiapas, de donde es originaria la familia Zebadúa; al interior, una ostentosa mesa de madera oscura para 12 personas y en las paredes una extensa biblioteca y obras de arte finas. “La oficina era la ostentación por la ostentación”, dice una de las fuentes entrevistadas y que conoció el lugar.

En esa oficina, poco después de iniciar el sexenio de Enrique Peña Nieto, ocurrieron las primeras reuniones con el rector de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, Alejandro Vera, quien ahora enfrenta una orden de aprehensión por su presunta participación en delincuencia organizada y lavado de dinero.

Esas reuniones eran encabezadas por Rosario Robles, entonces titular de Sedesol, y su oficial mayor, Emilio Zebadúa, afirman fuentes consultadas por este medio que pidieron anonimato por temor a represalias. Aunque al principio hubo reticencia por parte del rector, ambos funcionarios (Rosario y Emilio) insistían en que “no pasaría nada”.

Para muestra, el mismo Zebadúa firmaría el primer convenio de colaboración, como efectivamente ocurrió el 6 de mayo de 2013, según consta en el documento obtenido por este medio.

También influyó la intermediación de Enrique Fitch, a cargo de la dirección de Desarrollo Tecnológico de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM) y Hugo Manuel del Pozzo Rodríguez, entonces apoderado legal de esta universidad que había firmado convenios incluso desde 2012 con el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), bajo el mismo esquema de contratación de supuestos servicios.

“Ellos vinieron, literal, a hacer campaña. Nos decían: ‘miren qué bien nos va con estos convenios con Sedesol. Tenemos dinero y una situación financiera sólida”, explica un exfuncionario de la Universidad de Morelos, que subraya que, en realidad, Fitch y Del Pozzo “fueron los primeros vendedores del modelo de La Estafa Maestra” entre funcionarios de otras universidades.

No va a pasar nada”

Exfuncionarios de la Universidad Autónoma de Morelos narran varios encuentros con Emilio Zebadúa, en los que se da detalle de cómo eran las presiones a las universidades para que accediesen a participar en el esquema de La Estafa Maestra.

“Zebadúa nos repetía constantemente: ‘podemos ayudarlos con su problema financiero. Ayúdennos y nosotros los ayudaremos ”.

Una de esas reuniones tuvo lugar en marzo de 2015, en un restaurante cercano a la sede de Sedesol, en el Paseo de la Reforma, donde “los meseros le hablaban por su nombre” a Emilio Zebadúa.

Dos meses antes, en enero, la Auditoría Superior de la Federación (ASF) había emitido un primer informe sobre irregularidades en el gasto de la UAEMOR en la cuenta pública de 2013, cuando firmaron el convenio con Sedesol.

Zebadúa iba acompañado ese día de dos abogadas. “Nos dijo: ‘Esto se va a complicar, pero ustedes no van a hacer nada’. Y para tranquilizarnos nos decía: ‘Esto es un tema de medios, no de fondo. Así que tranquilos, no va a pasar nada’”.

No fue hasta finales de octubre de 2015, ya con Zebadúa como oficial mayor en la Sedatu de Rosario Robles, cuando los exfuncionarios aseguran que lo vieron “muy preocupado” por las denuncias penales que la Auditoría interpuso por desvíos en Sedesol en la cuenta pública de 2013.

Fuente: Animal Político

 

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