La telenovela sexenal

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Por Ángel Otero Calderón

El guión se estaba cumpliendo con una precisión sorprendente. Apenas doce años después, Enrique Peña Nieto traía de regreso el PRI a Los Pinos: El PAN había descarrilado el proceso democrático mexicano, dejando un saldo histórico de miseria y dolor nacionales. La izquierda, enfrentada en luchas intestinas, volvía a quedar relegada en la disputa presidencial. Tan sólo quedaba escenificar el libreto y administrar los 20 puntos de ventaja de cara a las urnas.

Hasta que se les atravesó el “Yo Soy” en el camino… Y puso en riesgo la gran simulación sexenal. Y es que, a querer y no, la consumación enfrenta complicaciones inesperadas, merced a una turbamulta de universitarios que de pronto irrumpieron en la escena sacudiendo no sólo a los poderes fácticos sino también al propio sistema político, puesto al servicio de las élites que con anticipación habían cruzado su apuesta a favor de la restauración del Revolucionario Institucional.

Ahora, la oferta de una República Amorosa parece colocarse en la oportunidad de desafiar con seriedad al designio de los dueños de la República mediática y, habría que decirlo, no necesariamente en virtud de los méritos de Andrés Manuel López Obrador, despojado de lo que pareció una apretada victoria seis años atrás, bajo la impronta artificial de ser un peligro para México. El drama de unos 60 mil muertos y desaparecidos mostró en toda su crudeza dónde residía el peligro.

Con todo, no se trata de un escenario inédito, por más que se nos presente como una repentina toma de conciencia colectiva. Ya ha ocurrido antes. Y lo que ya fue está destinado a volver a ser, en este extraño mundo de los ciclos que suelen repetirse de modo inatajable, a veces con una velocidad que asombra por su falta de originalidad. Otros son los factores, distintos los protagonistas, ciertamente, pero volvemos a presenciar una vez más la polarización final entre dos fuerzas pretensamente antagónicas, como ha ocurrido en cada elección presidencial, a partir de que la política nacional fue puesta en manos de la tecnocracia que nos ha conducido a cumplir el rol de esclavos de una globalización antinatural.

Lo decíamos la semana pasada en Hilo Directo Radio, pero vale la pena volver a discutirlo: Desde 1988, todas las elecciones presidenciales se han definido en la recta final de las campañas como una confrontación entre sólo dos opciones irreconciliables, enfrentadas con proyectos de nación divergentes, aunque no haya sido necesariamente el caso: Salinas contra Cárdenas, Fernández de Cevallos frente a Zedillo, Labastida ante Fox, López Obrador versus Calderón y hoy por hoy Peña Niego contra Andrés Manuel.

Ya lo sé, bien lo entiendo, no es lo mismo pero cuánto se parece…

¿Es México un país para sólo dos partidos fuertes? No se trata de eso, aquí. Cierto es que hay tres fuerzas visibles actuando en la arena nacional, aunque un solo poder verdadero. El caso mexicano es harto curioso, en comparación con democracias históricamente consolidadas que operan sin disimulos con un sistema bipartidista funcional. Pero visto bien y despacio, resulta inocultable que en los hechos una de esas fuerzas suele aliarse con dominante, un poco antes de las urnas pero sobre todo a la hora de gobernar.

¿Se acuerda usted del término oposición leal? O ¿aquel de oposición responsable? La primera excusa permitió al PAN cogobernar con Salinas de Gortari y el segundo pretexto facilitó la toma de posesión de Calderón gracias a la caballerosidad del PRI que le abrió la puerta trasera de San Lázaro. Tales episodios tienen un resorte común: la imposición por la vía de la estafa electoral de un presidente que habría de garantizar la supervivencia de las élites ante una izquierda que amenazaba el interés nacional, o sea el sistema de vasallaje económico y social instalado acá en el sexenio de Miguel de la Madrid Hurtado que permanece intocado a la fecha, a pesar de la transición democrática o la alternancia política del 2000, como se guste llamarlo.

La cosa es que las elecciones mexicanas, a final de cuentas, se han constituido desde hace 24 años en una confrontación entre dos fuerzas en juego, invariablemente con dos candidatos con posibilidades reales de triunfo, en un escenario ya establecido de elecciones comprometidas en las que emerge como ganador, haiga sido como haiga sido, el bienamado de quienes dirigen los destinos patrios con la mente puesta en el dinero, el verdadero poder tras las cortinas. O ¿de veras cree usted que la victoria de Vicente Fox fue un triunfo de los jodidos que sacaron de Los Pinos a patadas al Priato agonizante que ahora se aprestar a resucitar, al tercer intento?

Hay cosas que por sabidas se callan y por calladas se olvidan, solía decir un cura de mi pueblo. Y por eso mismo vale mantenerlo presente en la memoria. Ya en 1988 hubo un despertar de la conciencia nacional, según fue evidente, que acabó sepultando las aspiraciones de Cuauhtémoc Cárdenas bajo una montaña de boletas amañadas. Cuatro años después, el PRI retuvo la presidencia sobre la sangre de su candidato eliminado en Lomas Taurinas, luego de una insólita campaña de miedo que alcanzó al propio Diego Fernández de Cevallos, quien iba al frente de las encuestas y se vio obligado a ceder su lugar a Ernesto Zedillo Ponce de León.  Al final del siglo pasado, viniendo desde atrás Vicente Fox se impondría a Francisco Labastida Ochoa, dejado de plano del favor presidencial. Pero Fox, que no era Zedillo ni estaba dispuesto a serlo, metió hasta los codos en el proceso comicial junto a sus patrones, para evitar el triunfo de López Obrador, permitiendo la entronización del quién era el auténtico peligro que se cernía sobre el territorio nacional…

Entonces, ¿por qué tanta extrañeza de que cierre la contienda en este 2012, si en cada elección presidencial ha ocurrido lo mismo? Cierto es que el ingrediente imprevisto del movimiento universitario ha venido a prodigarle un mayor interés a la recta final de las campañas, con un PAN que merecidamente se va a pique como resultado de la ambición sin límites de un presidente que legitimó su mandato mediante la fuerza del terror colectivo montado sobre un cementerio nacional.

Hasta resulta un tanto divertido como las televisoras se han metido en aprietos para quitarse del rostro la suciedad de su abierta complicidad con los poderes que determinaron hace ya rato quién debía ser el próximo presidente. Su codicia extrema ha sido puesta al desnudo por el admirable valor de un puñado de estudiantes, a los que tanto se ha despreciado a lo largo de la historia reciente, asumiendo que seguirían permanentemente dormidos bajo el influjo de las redes sociales en la magna ilusión de la Internet.

Pero hay que decir que el presente despertar de las masas anunciando el advenimiento de nuevos tiempos para la patria, oponiéndose al juego resuelto de los poderes que son, parece ser hasta ahora más una construcción mental alternativa en el revuelto amasijo de la contienda partidista sexenal, una suerte de apuesta a la esperanza, que un movimiento colectivo con alcances de largo aliento.

Sin dejar de reconocer que un viento fresco e incierto sopla sobra la aridez nacional y ello constituye una novedad que ha sorprendido a los actores del drama sucesorio, habrá que recordar que también de esos despertares súbitos hemos tenido en los procesos electorales recientes: En el 88, el enojo colectivo en las calles y plazas. En el 94, el alzamiento de los indígenas zapatistas de Chiapas. En el 2000, la revancha social del voto útil contra el PRI. En el 2006, el mayor reto masivo al bipartidismo cómplice.

Ahora son los jóvenes universitarios. Pero antes lo fueron los damnificados económicos, después los indígenas del suroeste, más tarde los clasemedieros del voto de castigo y recientemente el clamor de los de abajo. Los dueños del país, habrá que reconocerlo, nos guste o no, han sabido resistir y mantener por todo lo alto la alta rentabilidad de su negocio: Estados Unidos Mexicanos of América, ya sea por la vía del PRI o por la ruta del PAN, que para efectos prácticos ha sido más lo mismo: el mismo patrón y el mismo modelo económico que nos ha dejado un país con cada vez más ricos y lamentablemente cada vez más pobres.

Enfrentados otra vez a una toma de conciencia colectiva sobre la naturaleza del juego sucesorio y los engaños que entraña la más cara simulación democrática del planeta, los poderes reales que sobrepasan a los partidos y los candidatos y están por encima del sistema político e institucional, han puesto en marcha ya su estrategia de control de daños. Y, dónde no, se empieza a dar un realineamiento hacia el candidato destinado a ser presidente. Irónicamente, por aquellos que tanto combatieron a su partido: Manuel Espino Barrientos y Vicente Fox Quesada, por ejemplo. ¡Vaya descaro!

Y así, con todo y su despertar de conciencia aparejado, los ciclos se repiten incansablemente de manera tan poco creativa con guiones ayunos de imaginación y talento, que terminan por resultar mortalmente aburridos. Como una telenovela de Televisa, más propiamente dicho. Sólo queda que se lleve a escena la consumación del guión… A menos, desde luego, que este despertar sea real y de largo aliento y no mero producto de la calentura electoral que sólo contribuye a hacer más entretenido el mismo juego de siempre y con el mismo fin.

2 Comments

  1. Buenas Tardes. escribo esto para destacar que los tres comentaristas de su programa de radio tienen una tendencia PRIISTA hasta las cachas y se afanan y ufanan en decir que por el PAN en la presidencia el pais hay ahora tantas casas en luto, como si aceptaran que no debieron hacerse la guerra contra la delincuencia , como si el PRI no gobernara tanto estado y no tuvieran tanto diputado que detienen el progreso del pais. Ustedes creen que es por el PAN que el pais esta asi? Lo beuno es que el pri no llego a Los Pinos y ojala no llegue esta vez tampoco. Pueden decirme que presidente no ha robado y se ha llevado por delante la economia de este pais? Quien ha dejado las reservas internacionales sanas? Cuando el dolar no ha subido durante la sucesion presidencial?
    Quiza su miopia no les permita ver mas alla de lo quieren ver,. Seria muy bueno que ofrecieran ademas de criticas sin ton sin son , alguna vez , ( cuando la inteligencia aflore ) una que otra propuesta seria para mejorar nuestro municipio, estado y pais. porque el enfoque de su programa radial parace mucho la oreja politica o ventaneando al grillo.
    No a Pena Nieto y su banda de ladrones. No te olvides de Diaz Ordaz, Echeverria, Lopez Porpillo , y SALINAS .

    • Evidentemente usted no ha seguido ni escuchado Hilo Directo en la radio. Por cierto, no hay alli ningun priista…

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