¿La novia de “El Lazca”?

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Por Sanjuana Martínez

Silvia Elida Ortiz Solís está deshecha, muy cansada y verdaderamente abrumada con decenas de llamadas desde que se publicó que su hija Silvia Stephany Sánchez Viesca, es la novia de Heribierto Lazcano Lazcano, líder de los Zetas, presuntamente asesinado por la Marina.

“No sé por qué se atrevieron a decir que mi hija es la novia de “El Lazca”. Que me expliquen las autoridades esa versión, que me digan los periodistas con base en qué pruebas han dicho eso. Son puras especulaciones”, dice desconcertada Silvia Elida que lleva ocho años buscando a su hija secuestrada en Torreón, Coahuila, cuando tenía 16 años.

Y es que una joven raptada, jamás podrá ser libremente la “novia” o “esposa” de su secuestrador; mucho menos la pareja sentimental. La menor fue arrancada de su seno familiar, es una víctima más del grave delito de trata de mujeres.

Eran las 16:30 horas de aquel 5 de noviembre de 2004, cuando acompañada de su hermano Michel, Fanny, como le dicen de cariño, salió de su casa. Ambos tomaron un autobús; el chico, se bajó en la Ciudad Deportiva de Torreón para ir a su entrenamiento de futbol, mientras ella se fue a un torneo deportivo en el Colegio América. Al volver a casa, Silvia Stephany esperaba el autobús en la Calle 28 casi esquina con Matamoros.

Ese fue el último lugar donde la vieron testigos de los hechos. Desde entonces sus padres y hermanos la han buscado desesperadamente. La forma en que Fanny desapareció coincide con el modus operandi en que han desaparecido miles de mujeres en México.

En los últimos años, durante la guerra de Felipe Calderón, los grupos del crimen organizado han destinado sus intereses al tráfico de mujeres con fines de explotación sexual, el segundo negocio más redituable, después del tráfico de drogas que incluso ha desplazado al tráfico de armas.

Los delincuentes se han dado cuenta de que una cuerno de chivo la pueden vender una o dos veces; pero a una mujer la venden 100, 300 o 500 veces; sobre todo si las secuestran con tan sólo 14 o 16 años.

La trata de mujeres con fines de explotación sexual ha aumentado de manera alarmante en México, sin que las autoridades pongan un freno a este lacerante delito.

A pesar de las nuevas leyes anunciadas con bombo y platillo, algo no está funcionando en México donde cada día desaparecen más mujeres jóvenes de esta manera. México es el segundo país, después de Tailandia, que provee de mujeres a Estados Unidos.

Según datos del INEGI, cerca de 12 millones de personas son víctimas de trata, de las cuales 79% son utilizadas para explotación sexual, 3% para la extracción de órganos y 18% para la explotación laboral. De acuerdo a estas estadísticas, el 31% de los secuestrados son menores de edad; es decir 3.6 millones con edades entre 5 y 17 años.

La trata de mujeres aumenta en nuestro país ante la atenta mirada de instituciones dedicadas supuestamente a combatirla como la Fiscalía Especial Para los Delitos de Violencia contra las Mujeres y Trata de Personas (Fevimtra), una dependencia cuyos logros desde su creación en 2008 han sido mínimos y vergonzosos con apenas unas cuantas condenas a tratantes y un elevado presupuesto para beneficio de sus funcionarios, mientras está sometida al yugo de la Procuraduría General de la República y carece de independencia para actuar.

La desaparición de mujeres en los últimos años puede dar un escenario de este problema. Sólo durante 2011 aumentó un 600%, según la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH). Los estados con mayor número de desaparecidas son Veracruz, Chihuahua y Nuevo León; lugares donde también es muy alto el índice de feminicidios y no existe el delito de desaparición forzada.

En las redes de trata de mujeres, generalmente existe la connivencia de las autoridades. El “negocio” ha resultado redituable para políticos, empresarios, policías… Por ejemplo, en Apodaca, Nuevo León, una zona controlada por los Zetas, en donde durante los últimos dos años, han desaparecido más de 200 jóvenes, muchas de ellas, fueron secuestradas como Fanny, en la calle cuando esperaban el autobús.

También se las llevaron al salir de sus escuelas o su trabajo; al caminar por una acera; o bien sustraídas incluso de sus casas, luego de haber sido “enganchadas” por otra amiga o conocida previamente secuestrada a quien los captores le exigen domicilios de más “muchachas bonitas”.

En el caso de Fanny sus padres supieron que podía haber sido secuestrada por los Zetas con la complicidad del entonces Grupo Antisecuestros de Coahuila. Hasta allí la información. Luego surgió la tergiversación porque el blog “Mundo Narco” publicó una foto donde aparece supuestamente “El Lazca” junto a una joven que tiene algún parecido con Fanny, pero su madre en ningún momento dijo que el líder de los Zetas haya secuestrado a su hija o fuera su novia.

La única información que tuvieron fue que un “alto líder” del crimen organizado tenía a Fanny en una ciudad de Estados Unidos. Pero lamentablemente, las autoridades no comprobaron esta línea de investigación.

La Coalición contra el Tráfico de Mujeres y Niñas en América Latina y el Caribe (CATWLAC) ha emitido un comunicado para señalar que la familia de Fanny ha recibido a lo largo de estos ocho años de búsqueda, una serie de fotos con mujeres jóvenes parecidas: “Pese a ello, no se ha comprobado a través de un estudio antropológico de comparación que alguna de ellas pueda ser su hija”.

Por tanto, afirmar de manera sensacionalista que Silvia Stephany Sánchez Viesca es la “novia” de “El Lazca” es verdaderamente irresponsable.

La incompetencia de las autoridades de la Procuraduría de Justicia de Coahuila al desvelar dicha posibilidad sin pruebas y solamente con rumores y especulaciones, ha puesto en riesgo la vida de esta familia. La trata de mujeres es un delito muy serio y grave.

Una mujer en cautiverio es obligada a someterse a la autoridad del grupo delictivo. Eso no quiere decir que se convierta en “pareja” de su secuestrador.

En el esperpéntico show del supuesto “abatimiento” de “El Lazca”, no se debe enlodar a más víctimas. Se requiere la sensibilidad de todos para entender que detrás de una red de trata de mujeres con fines de explotación sexual, hay mucho dinero e intereses de por medio; pero también el sufrimiento y el dolor de miles de familias por la desaparición de sus hijas.

Fuente: www.SinEmbargo.mx

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