La corrupción de la democracia

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Por Arturo Balderas Rodríguez

La democracia como posibilidad organizativa de la sociedad ha sido maltratada a niveles inconcebibles en el actual proceso electoral de Estados Unidos. Ese maltrato es resultado, entre otras cosas, del libertinaje con el que los candidatos a ocupar puestos de elección popular y las organizaciones que los apoyan se han comportado en la captación y el empleo de recursos para financiarlos. El resultado es que se ha desnaturalizado el precepto basado en la igualdad que todos los ciudadanos tienen para elegir libremente por quién votar. El proceso electoral ha sido pervertido por la influencia que, sin cortapisas, han desarrollado grupos de poder mediante las millonadas de dólares que canalizan en el proceso electoral, con la finalidad de proteger sus intereses particulares por sobre los de la sociedad. Se confirma aquello de que la decisión de cómo y quién gobierna lo deciden las corporaciones.

Se estima que el costo de las campañas, tan sólo de los candidatos a la presidencia, será aproximadamente de 2 mil millones de dólares. Entre los candidatos de los dos principales partidos políticos que aspiran a un puesto de elección popular, el gasto millonario no será muy diferente. Lo mismo sucede con los recursos que diversas organizaciones han empleado para promover o derrotar propuestas que pudieran afectar sus intereses. Se ha distorsionado y abusado de la idea plebiscitaria que está detrás de ellas. Un ejemplo, son los más de 11 millones de dólares que una organización o persona no identificada envió desde Arizona para derrotar la propuesta en California de aumentar los impuestos con el objeto de apuntalar las finanzas de la educación en el estado.

No es nuevo que esa influencia se cristaliza principalmente en los medios de comunicación masiva. Son los que en primer término se benefician con los millones de dólares que se emplean, principalmente en televisión. El New York Times informa que tan sólo en la semana pasada se transmitieron 80 mil mensajes políticos en el país. Los recursos para comprar información, que debiera ser vehículo para garantizar el voto razonado, han saturado los medios con mentiras y verdades a medias, con la finalidad de comprar el voto de la ignorancia. Cada vez son más elocuentes las protestas por la forma en que los puestos de elección popular son literalmente comprados por quienes tienen los recursos para ello. No sería extraño que esas protestas derivaran en un mayor abstencionismo, alejando cada vez a más votantes de las urnas.

Guardadas las enormes diferencias, uno pudiera anteponer como ejemplo el sistema electoral que los mexicanos nos dimos con muchos esfuerzos y recursos. Desafortunadamente, en nuestro país los medios, y entre ellos principalmente la televisión, también han hecho su labor para desnaturalizar el sentido de la democracia. Por ello, no estaría mal que nos viéramos en el espejo de nuestros vecinos, cuyo sistema electoral hace agua por doquier.

Fuente: La Jornada

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