Jorge Edwards, víctima de un cura

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El afamado escritor Jorge Edwards confesó que fue abusado por un sacerdote. Lo contó en la televisión de Chile. “El cura era un loco sexual”, dijo. Le sucedió cuando tenía 11, hace 70 años.

Jorge Edwards es embajador de Chile en Francia. Fue Premio Cervantes en 1999, fundador en Chile del Comité de Defensa de la Libertad de Expresión durante la dictadura de Pinochet, fue un exiliado en Barcelona y trabajó en Seix Barral, fue amigo de Mario Vargas Llosa, Gabriel García Márquez y Julio Cortázar, fue embajador en Cuba del gobierno de Salvador Allende y tuvo que irse por criticar los aspectos autoritarios del castrismo.

Fue todo eso y antes, mucho antes, fue un nene educado en un colegio católico, jesuita, para chicos ricos. De eso, de su infancia en un colegio religioso, habló ayer por la noche en la televisión chilena: contó que fue abusado, hace 70 años, cuando tenía 11, por un cura. “La pedofilia de los curas es un tema que ha salido en Estados Unidos, en Austria, en todos lados. Ha salido lo de Karadima (el sacerdote chileno Fernando Karadima, condenado por el Vaticano –y no por la justicia– a “llevar una vida retirada” por abusos sexuales) acá y me dije ¿por qué no voy a contar esta historia?”, confesó.

“El cura estaba loco, era un loco sexual”, añadió Edwards sobre el sacerdote que mencionó con el apellido Cadiz.

El autor de Persona non Grata reconoció que en la vida “me han tocado muchas cosas complicadas, lo de Cuba fue complicado y he doblado página, claro que de repente vuelven, vuelven como fantasmas”.

El novelista relató que el capítulo de pedofilia en su vida lo pudo sobrellevar gracias a otro religioso jesuita cuya obra le permitió no perder la fe, el entonces padre Alberto Hurtado, canonizado en 2005.

Recordó que el ahora santo llegó hasta el colegio San Ignacio para cambiar las cosas. “Hizo cosas insólitas porque autorizó a los chicos de cuarto año para arriba a fumar, no en la clase, pero en el recreo”.

“Me enseñó a mirar la injusticia social en Chile. Yo era un niño pituco (de la clase alta), llegaba peinado a la gomina, pero vi los niños debajo de los puentes”, agregó.

En cuanto a sus memorias y esta experiencia que después de 70 años salen a la luz pública señaló que “a lo mejor es un exorcismo, exorcizo las cosas contándolas…” Ese exorcismo, en este caso contenido en el primer volumen de sus memorias, es lo que lo llevó a Chile en estos días: lo está presentando en la Feria Internacional del Libro de Santiago.

Fuente: Clarín

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