“Infames” fue lo máximo

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Por Álvaro Cueva

 

Todavía estoy con el ojo cuadrado ante la potencia, la valentía y la intensidad del final de Infames que se transmitió la noche del domingo pasado por el canal Cadenatres.

Jamás en mi vida había visto tantas escenas tan fuertes en un desenlace telenovelero y cuando le digo escenas fuertes no solo estoy hablando de sexo o de groserías, estoy hablando de contenidos políticos, de crítica mediática, de denuncia social.

Ahora sí que me pongo de pie para ovacionar a Epigmenio Ibarra, a Daniel Camhi, a Ana Celia Urquidi y a los más altos ejecutivos de Cadenatres por haber tenido los pantalones para hacer lo que nunca se había hecho en la historia de la televisión mexicana.

¿Qué? Poner a un Presidente de México dándose un tiro por la boca y manchando de sangre la bandera nacional, poner a dos mujeres a darse un profundísimo beso de lujuria y pasión pero no como señal de amor, como señal de autoridad, como señal de odio, de poder.

¿Y qué me dice de la violación masculina, de ese momento en que le dicen “closetero” al mismísimo representante de nuestro poder ejecutivo y de las frases sobre los medios, la manipulación y las redes sociales?

No, no se asuste, no le estoy vendiendo trama. Infames no acaba en esto y es mucho más que esto porque no es una telenovela que se resuelva platicando un chisme, es un proyecto perfectamente bien estudiado a nivel ideas.

Por eso quiero felicitar a sus escritores. Desde Daniela Gálvez hasta Anaí López pasando por Larissa Andrade, Fernanda Eguiarte, Florencia Castillo, Jaime Alfonso Sandoval, Natassja Ybarra, Jacques Bonnavent y Luis Miguel Martínez.

No me quiero ni imaginar las discusiones, las presiones, los obstáculos y la velocidad con la que tuvieron que construir desde esta historia tan diferente hasta cada uno de esos personajes tan redondos, tan “buenos” y tan “malos”.

No me perdí ni una escena de Infames y le juro que hubo, más de una, no solo del final, donde grité como desesperado.

No le voy a platicar el desenlace pero nada más en el último capítulo hubo una escena con una caja que yo jamás imaginé que se fuera a hacer en la televisión de este país.

¡Como para morirse del dolor! ¡Tremenda! ¿Y qué cree? Real, creíble. Miles de personas se pudieron haber identificado con esa secuencia.

Es aquí donde tengo que hacerle un homenaje a Moisés Ortiz Urquidi y a Raúl Caballero, los directores de escena de esta joya.

Se nota que estudiaron los textos, que se preocuparon por construir un tono y por respetar un ritmo. Se nota que trabajaron con cada uno de los actores.

Vanessa Guzmán estuvo como para mandarle flores todos los días de aquí a fin de año. Entregó el alma. No sé cómo no le dio una embolia de tanto que su personaje de Ana Leguina se desgarró en sus últimas escenas.

Y es que la señora, venía de hacer la mamá de Patito en Atrévete a soñar, de ser la muchacha simpática de Amor mío. Una actriz que es capaz de crear tantos personajes tan diversos y de llevarnos hasta donde nos llevó en Infames es una actriz de verdad. La amo.

Pero no la amo menos que a Luis Roberto Guzmán. ¡Qué creación tan más exquisita! Usted lo veía en Cadenatres haciendo a Porfirio, le cambiaba a Unicable para verlo en La promesa y era como si se tratara de otra persona.

Ahí es donde uno dice: éste señor sí es un actor. Además, qué tino para elegir personajes trascendentales. Desde sus tiempos con Carla Estrada hasta ahora, Luis Roberto ha hecho algunos de los papeles más importantes de nuestra industria.

¿Y qué opina de Lisette Morelos? ¡Señorona! Crecer de Carita de ángel a su personaje de Sol, es saber crecer. ¡Bravo!

Igual Eréndira Ibarra. La chava se pudo haber dormido en sus laureles como hija del productor que es, pero no, dio el 100, el 1000.

Ximena Herrera (Lola) es una Salma Hayek, una diosa internacional. ¡Gracias, Argos, por darte cuenta! Con ella va a pasar algo. Se lo juro.

Carlos Torrestorija (Benavides), qué barbaridad. Hasta miedo me daba porque actuaba en “suavecito” y porque los hombres “suavecitos” son los peores, lo más fríos, los más sucios. ¡Enorme!

Juan Ríos (Cabello) dio cátedra, Bianca Calderón (Claudia) estuvo como para comérsela a besos de tan divina, Ruy Senderos (Ricky) es uno de los chavos con más futuro de nuestra televisión.

Joaquín Garrido (Leopoldo) es un maestro y Francisco Paquei (Junior), ¡Dios!, el señor sólo salió en 12 capítulos y como si hubiera salido en toda la novela. ¡Gigante!

Y me quedo corto porque se me acabó el espacio.

¿Por qué es importante hablar de cada uno de estos actores? Porque no son “una estrella más del Canal de las Estrellas”, son figuras que no tienen acceso a la promoción masiva y yo no quiero que su trabajo se pierda en la inmensidad de la nada.

Conózcalos, adórelos pero, sobre todo, felicítelos. Se lo merecen. Infames fue lo máximo. ¿A poco no?

 

Columna publicada originalmente en Milenio

http://www.milenio.com/cdb/doc/impreso/9155950

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2 Comments

  1. Wooow muy buena tu sinopsis de cada uno de los personajes, quizás solo falto Valery, aunque su perfil fue muy sweet también fue un detonante para mover la malicia y ternura de varios personajes. Yo empecé a ver la serie en Netflix y al parecer la están empezando en Imagen televisión (antiguamente Cadena Tres). Ahora estoy a punto de ver el capítulo final, si es una realidad muy similar a la que vivimos cada sexenio en nuestro país, así como los daños colaterales que ocasionan. A mí lo que no me gusto es que ponen a la izquierda como los súper santos inocentes cuando también ha habido un sin fin de cochinadas entre sus militantes (real life). Qué valentía de Epigmenio Ibarra de darle a su hija Erendira Ibarra el papel de la más golfa, bueno aunque todas son bien zorras, jejeeee bueno muy loca la serie pero muy buena 🙂

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