¿Es oportuna la impugnación de AMLO?

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Por Gustavo de la Rosa Hickerson*

En 1972, en USA, Nixon se alzó con el triunfo para un segundo periodo apoyado en  aquella famosa e invisible mayoría silenciosa, que lo respaldó contra la gran movilización juvenil  de los 60s. Estaba en la cúspide de su poder político, parecía invencible en las urnas.

Pero tramposo como era, estaba rodeado de similares y algunos cercanos a él decidieron espiar la sede del Partido Demócrata en el hotel Watergate,  y fueron descubiertos en la madrugada del 17 de junio de 1972, cinco meses antes de las elecciones. En noviembre Nixon ganó y todo parecía miel sobre hojuelas.

Pero en un país donde se ha construido un profundo respeto al Estado de Derecho, donde resulta gravísimo obstaculizar la justicia y mentir bajo juramento, la investigación siguió su curso, y pronto hubo filtraciones que subieron el objeto de la pesquisa hasta los círculos cercanos al presidente. Éste mintió, destruyo cintas grabadas, fue descubierto por sus vicios y debilidades y dos años después tuvo que renunciar.

Nadie acusó a los investigadores de desacato a la voluntad popular. Nadie enfrentó a los activistas demócratas como Clinton y Hillary, jóvenes abogados entonces, ni al reverendo Jesse Jackson con advertencias “acepten su derrota porque le hacen daño al país”.

Obviamente que mientras se investigaba y desahogaban las audiencias del debido proceso legal, hubo miles de norteamericanos que participaron en marchas y manifestaciones públicas exigiendo una sola cosa: “que se aplique la ley al presidente como a cualquier otro ciudadano”. Hubo miles de cartas y telegramas exigiendo claridad y transparencia en el espionaje a la sede del Partido Demócrata.

Nixon cayó, presentó su renuncia y a la siguiente elección los republicanos perdieron las elecciones, y no le paso nada al país. Al contrario salió fortalecido de la crisis provocada por la derrota en Vietnam.

Años después otro presidente (Clinton) fue enjuiciado y absuelto y el país no perdió nada, salvo los mojigatos que tuvieron que aceptar que el sexo oral es una práctica común de cuya experiencia ellos no se habían beneficiado.

Tengo para mí que estamos en circunstancias similares a aquéllas y es tiempo de ver el tamaño de nuestros tribunales y políticos que los acompañan, incluso los que rodean a AMLO y a él mismo.

Las diferencias en los votos son tan evidentes que  ni vale la pena batallar por el “voto por voto, casilla por casilla”, salvo en aquellas casillas donde legalmente proceda, como en algún distrito de Chihuahua.

El tema no es el número de votos: el tema es la inducción a esos votos, y creo que tenemos un caso muy claro que debe resolver el Tribunal Federal Electoral. Y los casos Jurídicos se plantean mediante preguntas que deben contestar los jueces:

¿Existió en verdad un contrato de prestación de servicios propagandísticos disfrazados de información “objetiva”  entre la empresa Televisa y el gobierno del Estado de México? De ser cierto ese contrato, ¿es legal o ilegal? y, ¿con que finalidad de segundo alcance se hizo?

¿Fue tendenciosa la información de “Milenio Televisión”, al hacer públicas encuestas supuestamente objetivas donde le mantuvieron una falsa ventaja de 18 a 25 puntos a favor de Peña Nieto”? Y, de ser  cierto esto ¿es legal?

¿Es posible que una empresa encuestadora se equivoque siempre y con los mismos números durante 101 días? O, ¿hubo la intencionalidad de actuar dolosamente a favor de un candidato?

¿Realmente hubo partidos que gratificaron con provisiones o dinero a quienes votaron por ellos?, ¿de qué tamaño es el fenómeno?, ¿cuánto influyo en el resultado? y ¿debe permitirse que esto suceda, consuetudinariamente aún en las elecciones internas de los partidos, PRD incluido?

México necesita un verdadero cambio a profundidad, y esta es una oportunidad de oro para los ministros del Tribunal Federal Electoral.

Por eso es oportuno que AMLO acuda a los Tribunales:

En Gran Bretaña están enjuiciando duramente al hombre más poderoso de los medios en ese país, el 101 en la lista de Forbes, magnate mundial de la televisión en el mundo Rupert Murdoch, porque violo la ley y el derecho a la privacidad de algunos ciudadanos, no interesa que sea el hombre que proporciona mayor diversión a los televidentes de el mundo.

En México, tenemos casos excepcionales, el juicio de Benito Juárez a Maximiliano y la ejecución de la sanción contra toda la opinión del mundo civilizado de entonces. La ejecución de los juicios laborales en contra de las empresas petroleras que habían incurrido en desacato a las resoluciones emitidas a favor de sus trabajadores, ejecución que dio pie a la expropiación petrolera.

A contrapelo, tenemos casos vergonzosos para nuestros tribunales porque han evidenciado la falta de v valor para enfrentarse a poderes reales, influyentes y perversos: Las resoluciones sobre el anatocismo y el fin del litigio electoral del 2006.

De todo hay en la viña del Señor, y con todo ese peso histórico, político, la movilización social que deberán enfrentar, las influencias y amenazas de los poderosos, ahora el caso esta’ en manos de la justicia. Asa se diseño la Ley y así habrá de cumplirse.

Quienes tenemos una vida contemplando resoluciones de los jueces, muchas de ellas contra el sentido de la Ley y otras más allá de la letra buscando hacer justicia, sabemos que finalmente el Derecho no es ni una cosa ni la otra: “El Derecho es el contenido en las resoluciones inapelables de los tribunales”.

Así que esperamos que El Tribunal tenga la suficiente sabiduría para imponer una sana interpretación de la ley sin importar quien se beneficie o quien se perjudique. Si así lo hiciere, y se diera vista a la PGR en aquellos casos que hubo delitos y delincuentes, México avanzaría más que con el cumplimiento de todas las promesas de los cuatro candidatos.

* Gustavo de la Rosa Hickerson, licenciado en Derecho, funge como visitador de la Comisión de los Derechos Humanos en Ciudad Juárez. Es comentarista frecuente en el programa de radio Hilo Directo.

 

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