Entre mitos y mentiras, “el gran prócer de la Patria es Juárez”

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Por Mónica Maristain

Aunque al historiador Alejandro Rosas (Ciudad de México, 1965) no le gusta dividir la historia entre héroes y villanos, tiene bien claro que cuando se trata de elegir al prócer por antonomasia de México, la elección recae en Benito Juárez (1806-1872).

En estas fechas patrias, cuando los vendedores de souvenires se quejan porque en nuestro país las ceremonias no dan para adornar balcones y ya poca gente se para en los puestos para adquirir un sombrero o una banderita de plástico, el autor de 365 días para conocer la historia de México (Planeta) tiene menos claro por qué gran parte de la ciudadanía no ve a Porfirio Díaz (1830-1915) como lo que fue, un dictador que traicionó su propio principio de no reelección y gobernó la Nación con un profundo sentido de autocracia.

Para Rosas, la historia mexicana no es como la cuentan y en sus intersticios se levantan hombres comunes, con pasiones humanas, que alejados del bronce y los clichés hicieron de esta Nación lo que hoy somos.

Como ese cura Miguel Hidalgo (1753-1811), que antes de salir a pelear por la Independencia, pidió tomar un chocolate al agua en su casa cural de Atotonilco.

O como el malo malísimo de Victoriano Huerta (1850-1916), el asesino de Francisco I. Madero (1873-1913) y de tantos otros políticos opositores.

O como Gustavo Díaz Ordaz, atrapado en los hechos de Tlatelolco, sin poder salir de ahí.

“Corrió mucha sangre durante su mandato y eso la historia se lo tiene que cobrar, pero no creo que haya sido por ejemplo un Augusto Pinochet. No supo qué hacer con las ideas democráticas de la juventud, pero no había esa idea de echarlos desde un avión al río como hizo la dictadura argentina”, afirma el también autor de 99 pasiones en la historia de México.

Entre mitos y mentiras, para el intelectual México se caracteriza por “añorar la paz porfiriana, a pesar de haberse conseguido mediante un gran derramamiento de sangre”.

“De Francisco I. Madero hay que rescatar cómo él llegó a pensar que los mexicanos podíamos ser moralmente mejores, no que era un mártir o un espiritista. El ’68 también levanta mucha ámpula, pero a pesar de ello no hemos podido contabilizar muertos. En el mausoleo de la Plaza de las Tres Culturas hay mención de 43 muertos, pero se habla del 2 de octubre como de un genocidio, ¿quiénes, cuántos, son los muertos? Para mí las matanzas de la Guerra del Narco, con fosas que contenían más de 50 cadáveres, fueron mucho más que las del 2 de octubre. Pero no lo sé, nadie lo sabe. Nadie se ha tomado el trabajo de decirnos: A ver, estos son los desaparecidos, estas son las madres, estos los muertos”, asegura.

Un autor prolífico de la historia mexicana. Foto. Facebook

–¿Quién es el héroe más importante de la historia de México?

–Va a parecer un cliché, pero después de haber estudiado mucho los hechos fundamentales de la historia de México, yo seguiría apostando por Benito Juárez, quien fue un político que tuvo desde luego errores, pero también mucho olfato político para resolver las cosas. De él rescataría la igualdad ante la ley, un principio básico que no hemos podido cumplir y que él, siendo además un indio, defendía a carta cabal. Ese concepto lo pone por encima de cualquier otro personaje en la historia de nuestro país. Además, el hecho de haber dicho –o parafrasear– que el respeto al derecho ajeno es la paz, es algo que tiene vigencia.

–¿Y el más villano de la historia?

–Bueno, no me gusta hablar de héroes o villanos, para mí los héroes serían el Capitán América o Ironman y los villanos serían el Hombre Lagarto o Electro. El único que no tendría perdón y no tanto por sus crímenes sino por la traición es Victoriano Huerta. Sus crímenes fueron hechos con alevosía y ventaja. Huerta se pasó de lanza, con él me quedaría como el villano de México. No con Hernán Cortés, no con Agustín Iturbide (1783-1824), ni siquiera con Maximiliano. Huerta actuó con alevosía y ventaja cuando decidió la muerte de Madero en Pino Suárez.

–Más cerca en el tiempo, ¿no pensarías que Gustavo Díaz (1911-1979) no ha pasado bien a la historia?

–Es muy interesante su caso, porque su error fue Tlatelolco. Siendo Presidente, a él se le cargan los santos, los milagritos, pero él hubiera terminado muy bien su sexenio, hablando en términos económicos. A él le tocaron las últimas ondas de lo que se llamó el milagro mexicano, pero con el 2 de octubre y toda la represión del ’68 se le rompió el esquema. Más que Díaz Ordaz, pondría en la lista de los villanos a Luis Echeverría (1922-1970), con quien se desató la Guerra Sucia y hablando en términos que hoy manejamos, ahí sí eran crímenes de Estado. Lo de Ayotzinapa hoy es la infiltración del crimen organizado en el Gobierno, pero no es el Estado el que destruye o desaparece o erradicando a los estudiantes sí. En la Guerra Sucia sí, era el Estado con su Secretaría de Gobernación, con sus espacios para la tortura, con sus campañas de eliminación del enemigo o de la oposición política. El problema de ahora es que en sitios como Guerreros, el crimen rebasó a las autoridades y se las comió. La autoridad y el crimen organizado se convirtieron en lo mismo allí.

–¿A quién crees que quiere más el pueblo mexicano?

–Me alarma que haya mucha gente que añora y que ama a Porfirio Díaz (1830-1915). Es cierto que defendió a la patria, es cierto que luchó contra el imperio, pero al final fue un dictador y los grandes logros económicos fueron porque era una dictadura. No puedes permanecer 31 años en el Gobierno sin corromper las estructuras políticas. Lo que me aterra es que la gente hoy añore a un Porfirio Díaz y con ello añore la dictadura. Parece ser que hay muchas personas que preferirían vivir en un régimen autoritario, represor, pero que te permitiera salir a la calle sin temor o que no hubiera descabezados, asesinatos o fosas comunes. Sí es muy peculiar el momento actual de nuestro país, en el que nadie habla de Benito Juárez y su igualdad ante la ley o de José María Morelos (1765-1815) y sus tres poderes bien delimitados y la erradicación de la tortura. Hay gente que cree que a Porfirio Díaz hay que ponerle un monumento y eso es añorar la dictadura.

–¿Qué cosas podrías decir de los próceres que no sepamos?

–Al final, aunque parezca una verdad de Perogrullo, es que eran humanos. Me gusta mucho por ejemplo de Ignacio Allende (1769-1811) que era el sex symbol de su época. Era un hombre de buena posición económica, con una fortuna lograda por méritos propios. Me gusta saber de Miguel Hidalgo que antes de ir a la guerra y de saber que iba a cambiar la historia de México, quiso tomar un chocolate caliente. Josefa Ortiz de Domínguez, La Corregidora (1768-1829), era una mujer despampanante. Tenía 41 años, era una dama muy atractiva y sin embargo la historia oficial la convirtió en una viejita. Benito Juárez jamás tocó una flauta de carrizo como nos contaron ni pidió que lo trataran especialmente por su condición de indio zapoteca. Creo que la parte humana la perdimos merced a una historia oficial que desde hace ya muchos años venimos tratando de rescatar para mostrar otros puntos de vista.

–¿Y cuando muestras esos otros puntos de vista cómo reacciona la gente?

–Hay a quienes les encantas, pero hay otros que me han tratado de asesino de las juventudes mexicanas, al hablar de un Juárez que no se creyó a sí mismo como un indio que llegó a ser Presidente, sino como la persona que pensó que todos debíamos ser iguales. O como cuando hablo de los Niños Héroes. Nunca he negado que existieron, pero lo de Juan Escutia (1827-1847) jamás sucedió, fueron mucho más heroicos sus actos al defender Chapultepec que lo que nos cuenta la historia. Creo que nos adoctrinaron tanto durante la última parte del siglo XX que hoy mucha gente se ofende cuando dices que quizás Hidalgo se desquició luego de lograda la Independencia, que Morelos delató a sus compañeros o que tendríamos que reivindicar a Iturbide por su rol en la Independencia. Hay mucha gente que te trata de traidor o vendepatrias, como me han dicho. Pero esos son los hechos. Hay una cosa que se llama “verdad histórica”, a la que apeló el ex Procurador Jesús Murillo Karam cuando relató los casos de Ayotzinapa y sucede que nosotros estamos tratando de salir de la “verdad histórica” que no es otra cosa que la historia oficial que nos quieren contar. En la historia, valga la redundancia, no existe la verdad histórica, lo que haces es reconstruir, reinterpretar, para tratar de llegar a la verdad.

–¿Por quién levantarás una copa en estas fechas?

–Por la Patria. Ahorita hay un movimiento que exhorta a la gente a no ir a las plazas ni salir a festejar la fecha, pero soy de la idea de que hay que celebrar. No a los partidos políticos, no al Gobierno, no al Presidente municipal o al de la República. La celebración de la Independencia en México es hacia una sociedad que nos pertenece. Yo sé que en el Zócalo hay acarreados, pero la mayor parte de la gente que va es porque quiere seguir con la tradición de los que se juntan desde 1896 a gritar Viva México. La patria para mí representa la memoria que me guarda mis antepasados, mis abuelos, mis padres, lo que hice aquí, la comida, las olores, los paisajes, toda esa parte que es cultural y psicológica y que no tiene nada que ver con la clase política ni con la mezquindad que vemos hoy en nuestros gobernantes. Patria es la tierra de los padres y es aquí donde estamos.

Benito Juárez y la igualdad ante la ley. Foto: Especial

–¿Tiene remedio este país?

–¡Claro! Lo que pasa es que estamos muy agitados por todo lo que ha pasado recientemente, que es terrible, sin duda, es dramático y es una tragedia. Pero no había manera de pasar por este sendero de otro modo. Un régimen de 70 años tuvo que haber hecho mil amarres ilegítimos, pactar con la delincuencia, con los grupos del crimen organizado; lo que estamos viviendo es algo que tenemos que transitar a fuerza, porque el Gobierno priísta negoció así desde hace años. Quienes creen que la violencia es un fenómeno reciente viven en un mundo irreal. El narcotráfico existe desde hace 50 años y si antes hubo paz y ahora no la hay quiere decir que antes negociaste. Hay esperanza, pero hay que pasar este trance.

–¿México sigue preso de su pasado?

–Claro, tenemos que pagar y pedir cuentas al PRI y a todos los partidos políticos que fueron sus cómplices durante 70 años de nuestra historia. Vivimos en un México que trata de transitar hacia una modernidad política, donde nuevas generaciones concreten el relevo, pero no terminamos de ajustar cuentas con el pasado. Al PRI actual lo que lo mató fue la soberbia, vinieron a gobernar pensando que la gente no reaccionaría, que nadie diría nada, pero está visto que no fue ni será así.

Fuente: SinEmbargo

 

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