El EZLN no se había ido

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¿Es posible desarmar las razones de 40 mil corazones zapatistas?

Por Jaime Martínez Veloz

Salieron de sus comunidades, desde una noche anterior; en silencio caminaron; en silencio llegaron desde todos los rincones del sureste mexicano; en silencio, con una elevada moral y en forma disciplinada, regresaron a sus comunidades. La acción fue impecable, limpia y contundente. Dejaron un comunicado que lo va a descifrar el tiempo y el curso de los acontecimientos, el cual no se agota en una primera lectura, tiene la virtud de estar encriptado pero, además de ser claro, encierra oportunidades y advertencia a los gobiernos y al mismo tiempo contiene sorpresas y eventualidades

¿Cuál es la explicación que pueden brindar los aparatos de inteligencia (sic) del Estado mexicano, que afirmaba, que el EZLN estaba prácticamente liquidado? ¿Cuál es la respuesta de aquellos que afirmaban que el tiempo desgastaría las estructuras orgánicas del EZLN? ¿Qué piensan aquellos que apostaron a las acciones de contrainsurgencia y a la minimización del conflicto como fórmulas para desgastar al movimiento zapatista?

La capacidad organizativa y la fuerza orgánica del zapatismo no se han desgastado con el tiempo; por el contrario, se han fortalecido y multiplicado, lo cual significa que quienes apostaron por el desgaste y dejar que el tiempo agotara la voluntad de los insurgentes han fracasado.

Los zapatistas nunca se habían ido; que la clase política no quisiera verlos o no haya querido asumir su responsabilidad frente a ellos es otra cosa, pero ellos siempre han estado donde mismo, construyendo desde abajo, con organización y dignidad, lo que el poder les ha negado, un mejor destino para los suyos, a pesar las limitaciones y carencias materiales que suplen con imaginación y creatividad.

Una muestra del desdén de las fuerzas políticas mexicanas frente a la problemática indígena, sobre todo en su relación con el EZLN, se expresa en que la Comisión de Concordia y Pacificación, que debe existir de acuerdo con lo establecido en la Ley para el Diálogo, la Conciliación y la Paz Digna en Chiapas, no ha sido constituida todavía, lo que habla del desinterés de todas las fuerzas políticas representadas en el Congreso de la Unión. Cabe mencionar que durante años recientes no se ha realizado ninguna reunión de dicha Comisión Legislativa, donde haya habido el quórum reglamentario para poder diseñar una estrategia que permita abordar un conflicto cuya complejidad no es menor.

¿Qué explicación le pueden brindar a la nación aquellos que, acusando al EZLN de querer balcanizar el país, son los mismos que durante 12 años entregaron 52 millones de hectáreas (una cuarta parte del territorio nacional) a compañías mineras extranjeras y nacionales para que, a cambio de nada, estas se dediquen a saquear a la nación? ¿Qué pueden decir aquellos que desde el gobierno acusaban a los zapatistas de estar al servicio de intereses oscuros y que hoy son empleados de los corporativos internacionales que se apropiaron de las empresas o negocios mexicanos privatizados?

¿Existe alguna justificación o explicación, medianamente fundada, de parte de la instituciones del Estado Mexicano que nos exponga porqué los indígenas mexicanos son los más pobres entre los pobres, cuando sus pueblos están asentados en territorios inmensamente ricos, explotados por compañías mineras nacionales y extranjeras?

La multiplicación de las condiciones de pobreza y marginación de los pueblos indígenas de México expresan que es el Estado mexicano el que ha fracasado no sólo en su estrategia para atender los grandes rezagos en materia indígena, sino sobre todo en la construcción de una relación que entienda la problemática indígena, su concepción del mundo, sus necesidades, sus vínculos con la tierra y los recursos naturales de sus territorios, hoy en manos de compañías privadas nacionales y extranjeras.

Es el momento de que el gobierno entienda lo que significa que más de 10 millones de indígenas subsistan en condiciones de desigualdad y miseria. El tema indígena no es un asunto de programas asistenciales, sino de la restitución plena de sus derechos constitucionales.

El EZLN no está de vuelta, nunca se había ido, sólo que su cancha no es la electoral, sino las causas más sentidas del México profundo. La pelota está en la cancha de las instituciones del Estado mexicano, cuya respuesta deberá empezar por construir las condiciones para el cumplimiento a cabalidad de los acuerdos de San Andrés Larráinzar, pactados entre el EZLN y el gobierno federal, que son la base para el establecimiento de una nueva relación entre el Estado mexicano y los pueblos indígenas de nuestro país. Cumplir los Acuerdos de San Andrés es lo único que puede empezar a desarmar las razones de 40 mil corazones zapatistas, que marcharon en forma disciplinada, enarbolando las causas que afectan y agravian a los indígenas mexicanos y a amplios segmentos de la sociedad mexicana.

A quien tenga el deseo de conocer un poco más sobre el tema se le recomienda consultar el siguiente link:es.scribd.com/doc/80284016/Derechos-Indigenas-a-18-anos-del-Levantamiento-Zapatista.

Fuente: La Jornada

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