El abandono de Juárez: entre baches y apatía.

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En días pasados tuve la necesidad de caminar algunas calles de Ciudad Juárez, ello no es nada significativo sino fuera por el hecho de que lo hice a través de algunos fraccionamientos como la colonia del futuro, san ángel; calles como la Simona Barba, Pedro Rosales de León, entre otras. Seguro fueron más de veinte las cuadras que recorrí.

Y aún cuando estas calles las recorro en automóvil, una depresión me invadió,  de las primeras cosas que observé, que no se logran percibir desde el vehículo, es el gran número de fincas abandonadas, no únicamente de manera literal sino aún cuando están habitadas sufren un abandono por parte de sus dueños:  Las fachadas descoloridas, los matorrales crecidos, la basura acumulada en los barandales o rincones,  por  los caprichos del viento que hace deambular la basura de la ciudad. Cuánta razón y actualidad cobra aquella frase, que no recuerdo de quien es,   de que “una ciudad limpia no es la que se barre más sino la que se ensucia menos”, en clara alusión al civismo de sus habitantes.

Pero el abandono no sólo es del espacio privado de las fincas; desafortunadamente el espacio público también se encuentra en claro abandono, las banquetas, cuando hay, se hallan quebradas, no se diga de las calles, fracturadas, con hoyancos que serían la envidia de cualquier cráter lunar.

En lo personal considero que el factor que detona el abandono privado es una suerte de deterioro de lo público que es competencia directa del gobierno municipal, es decir mantener en buen estado las calles y las banquetas; pero también en su papel de exigir la limpieza de los frentes de las fincas, más de allá de una acción de gobierno con fines recaudatorios. Asimismo las propias condiciones de inseguridad  han propiciado una suerte de “camuflaje social” es decir no lavamos nuestros vehículos porque así no llamamos la atención de  malandros, o lo cambiamos por uno de modelo  más viejo; lo mismo sucede con las casas; “no la arreglamos, así no nos convertimos en blanco de los secuestradores o ladrones” me platicaba una señora con la que tuve oportunidad de charlar después del recorrido.

¿Cómo revertir esta condición? Considero que aún estamos en condiciones de detener este proceso de abandono y degradación de la ciudad y sus ciudadanos. Pienso que es preciso una cruzada por la mejora de la ciudad y las prácticas de sus gobernantes y gobernados. El que las autoridades no hagan su trabajo como es debido, se debe a nuestro propio abandono respecto a su quehacer, pero nuestra exigencia debe ir de la mano de acciones comunitarias donde mostremos también un interés real por la mejoría de nuestro entorno inmediato, “el buen juez por su casa empieza”; se precisa que seamos capaces de mandar-obedeciendo.

Las condiciones de abandono de la ciudad por parte de las autoridades han llevado a situaciones de desgobierno, tanto de los gobernantes como de los gobernados, propiciando una anomia social que acelera y acrecienta el círculo vicioso del deterioro. Cada vez hay más personas que optamos por saltarnos las normas jurídicas y culturales, en pos de ventajas individuales salvajes en una nítida decadencia de la comunidad y esos lazos que la fortalecen como la confianza y la solidaridad. Aún estamos a tiempo de tomar las riendas de nuestra comunidad.

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