¿Efecto burbuja o manipulación?

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Por Jorge Zepeda Patterson

Si usted hace una búsqueda en Google sobre la palabra “banana” es muy probable que le aparezca una página sobre los valores nutritivos del plátano. Pero a su vecino, quien es diseñador gráfico, la misma pregunta puede arrojar resultados sobre Banana Republic, la tienda de ropa o diseños basados en la figura y el color de la fruta. A su tía le pueden aparecer recetas de banana cake o pan de plátano, y a su sobrino en plena pubertad referencias sexuales en alusión a la figura.

La diversidad de respuestas puede parecer trivial, pero se ha convertido en uno de los temas más preocupantes sobre el futuro del mundo digital. Las respuestas de Google, o cualquier otro buscador, son relativamente personalizadas y parten del historial de búsquedas que se ha realizado desde su computadora. De entrada, parecería una buena noticia. Los filtros de Google o Yahoo! nos ahorran tiempo porque recuerdan nuestros temas de interés y arrojan resultados acordes a ellos, lo cual descarta una gran cantidad de temas anodinos.

El problema, dice Eli Pariser autor del libro The Filter Bubble, es que el usuario termina encerrado en su propia burbuja, excluido de información opuesta a la que usualmente frecuenta. El efecto puede ser más que pernicioso. En todo caso, el cernido de información para ajustarse a los gustos de quien navega en Internet no es muy bueno para el ciudadano y la opinión pública. Los usuarios tienen mucho menos exposición a puntos de vista distintos a los que profesa. El riesgo es que los ciudadanos terminen alimentándose exclusivamente de materiales que confirman sus puntos de vista, lo cual a la larga profundizaría la intolerancia de las perspectivas políticas e ideológicas dentro de una sociedad.

Sitios como The New York Times y The Washington Post están creando algoritmos para personalizar la información que solicita el lector, de acuerdo a su perfil de intereses: zona geográfica, edad y sexo, tipo de deporte, noticias duras o noticias de entretenimiento, etcétera.

Periser afirma que Google aplica más de 50 criterios en los algoritmos que filtran las búsquedas, constituyéndose en poco menos que un Big Brother cibernético.

Otros investigadores son menos contundentes al respecto. Reconocen que las búsquedas filtradas son más útiles para el consumidor que para el ciudadano. Nos informan donde está el restaurante de sushi del barrio donde vivimos, y no de Nueva York o Tokyo, lo cual evidentemente se agradece. Pero ayuda poco a la democracia que los de derecha reciban mayormente información de Milenio y de Beteta, y los de izquierda exclusivamente de Carmen Aristegui y la revista Proceso. No es el caso todavía, pero podría ser el futuro que nos espera.

El tema de la burbuja digital es paradójico porque Internet ha sido asumido como una ventana a la libertad. La sensación de independencia que experimentamos cuando navegamos en la red es liberadora. Hacemos una búsqueda, entramos a una liga y nos perdemos en páginas de cuya existencia no teníamos idea. Sabemos dónde comenzamos pero nunca en dónde terminamos.

Resulta un poco decepcionante que esta navegación aparentemente libre y hasta cierto punto arbitraria, tenga condicionamientos y rutas predefinidas por algoritmos matemáticos que intentan interpretar quiénes somos y qué queremos. El consumo de noticias por Internet fue recibido como una novedad liberadora por usuarios que sintieron que por fin podían sacudirse los criterios de los periodistas. La Web, los blogs, Twitter, y Facebook se convirtieron para muchos en la fuente de información cotidiana: caótica y excesiva, pero libre –aparentemente– de condicionamientos.

Y en efecto, los periodistas, reporteros y editores, son curadores de información que deben decidir qué colocar en el espacio constreñido de una portada de periódico o en los minutos de un noticiario en radio o televisión. Durante años, los periodistas hemos decidido qué es pertinente para la comunidad y qué es prescindible. En teoría, por vez primera, sería el usuario quien estaría en condiciones de decidirlo por sí mismo a partir de la sobreabundancia de información directa y en tiempo real que surge en la red.

Sería materia de otro artículo analizar si esta información libre cumple criterios profesionales. Por lo pronto, lo que revela el análisis de estas burbujas es que podríamos pasar de curadores humanos de la información a curadores robóticos. La Web puede ser liberadora o enajenante, da la misma manera en que el Twitter puede ser una fuente de difusión del pensamiento crítico o recurso de manipulación. La tecnología nunca es neutra. Harán faltas batallas para asegurar que siga siendo a favor de la libertad y la independencia.

Por lo pronto, cuide sus preguntas, porque eso definirá las respuestas que obtenga. O como afirma un maestro zen: “la respuesta está en la pregunta”.

Fuente: SinEmbargo.mx

@jorgezepedap

www.jorgezepeda.net

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