Diputados indolentes

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Por José Pérez-Espino
@perezespino 

A la sesión constitutiva de la Cámara de Diputados, el miércoles 29 de agosto, faltaron 16 legisladores electos. ¿Qué podía ser más importante que ir a rendir protesta como integrantes del Poder Legislativo?

Dos días después, 84 diputados federales no asistieron a la sesión de apertura del Congreso General, el 1 de septiembre. Tampoco se presentaron 16 senadores.

El martes 4 de septiembre, a la primera sesión de trabajo formal en la Cámara de Diputados faltaron 87 legisladores. Casi la quinta parte. No hay pretextos. Quizá alguno se enfermó o sufrió un accidente, ¿pero todos?

La sesión del martes, programada para iniciar a las 11:00 horas, comenzó 23 minutos tarde. Al Palacio Legislativo de San Lázaro llegaron 413 de 500 diputados.

El jueves 6 de septiembre, faltaron 124 diputados. Más de la quinta parte.

Y, el martes 11 de septiembre, el quórum en San Lázaro se completó de milagro: faltaron 221 de 500 legisladores.

En realidad no tienen justificación. Son indolentes. Ni siquiera se han designado a los integrantes de las comisiones legislativas y nadie puede alegar que se le había pedido una encomienda especial.

La inasistencia de legisladores a las sesiones ordinarias es un tema que debería estar en la agenda pública y de los medios.

La situación es delicada porque exhibe la abulia de los representantes populares. El desinterés que muestran es una falta de respeto a los ciudadanos y a los electores.

El tema, sin embargo, no se encuentra en las portadas de los diarios de la Ciudad de México ni en los titulares principales de los noticiarios de radio y televisión. Por lo tanto, tampoco tiene eco en el resto del país.

La cobertura del Poder Legislativo, en la mayoría de los medios, no es equiparable a la que se hace del Poder Ejecutivo. A pesar de que es en el Congreso de la Unión donde realmente se definen las políticas públicas del país.

Excepto en periodos como el de la aprobación del Presupuesto de Egresos de la Federación o de reformas polémicas, el resto del año abundan las declaraciones de los políticos, pero no se profundiza en el trabajo legislativo ni en el impacto de su tarea en la sociedad.

La Cámara de Diputados ejerce este año, aún con la renovación de sus integrantes, un presupuesto de 5 mil 944 millones 198 mil 699 pesos.

En promedio, cada diputado federal nos cuesta al año 11.9 millones de pesos (entre dietas, prestaciones, celulares, vehículos, personal, gastos de operación). Al menos, de ese tamaño debería ser el interés por dar seguimiento a su trabajo legislativo.

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