Chupacabras, pejevirus y la sopa

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Por Ángel Otero Calderón

La jugada resulta burda por evidente, pero tiene un potencial perturbador, al más puro estilo de don Felipe Calderón.

Desde hace rato en las redes sociales se cruzaban apuestas acerca de cuál sería el movimiento de las élites políticas y económicas para desviar la atención sobre las protestas callejeras contra el así llamado fraude electoral del domingo 1 de julio, en vista de que el cerco informativo no ha dado resultados.

El gran distractor sería una epidemia de la gripe del pollo. Una cepa mutante del virus de la influenza H7N3 que ha provocado un holocausto de 2.5 millones de pollos, gallos y gallinas en las granjas de Jalisco. Ya se había incluso anunciado la vacunación masiva de un millón de aves. Sólo faltaba alegar una repentina mutación para sembrar el pánico colectivo con la amenaza de una pandemia.

Algo así como que un pejevirus altamente contagioso, como el que le pegó al presidente Calderón con eso de andar reclamando la compra de votos, según ha diagnosticado este semana don Enrique Peña Nieto.

Lo malo es que la Secretaría de Salud ya se había adelantado diciendo que el H7N3 no se contagia a los humanos. Si alguien hubiera leído lo que dice el Centro de Control y Prevención de Enfermedades de EU en su página de Internet, se habrían enterado que sí se han dado casos y que su peligrosidad es de media a alta y hasta mortal.

Falta de visión política, supongo. Se le privó así a don Felipe el privilegio de volver a salvar al mundo, como lo hizo en 2010 con la gripe cerda, mejor conocida como el H1N1 que la maestra Elba Esther Gordillo nunca aprendió a pronunciar correctamente.

En la red había quien le apostaba por el regreso del temible chupacabras de don Carlos Salinas de Gortari, una bestia infernal con brutales instintos depredadores. Me refiero al animal, o sea a ese chaparro engendro del demonio que todavía anda suelto y es un peligro para el mundo todo. Que quede claro: me refiero al cuadrúpedo. Quizá no hubiera funcionado como en los 90, porque don Jaime Maussan ya no sorprende y carece de credibilidad, como todo lo que sale en Televisa.

Otra posibilidad, harto siniestra, habría sido desatar una embestida de alguna organización criminal de confianza con matazones, atentados, descuartizamientos y demás cosas cruentas. Pero ello tendría el inconveniente de dificultar aún más la transición y además míster Calderón ya tiene una denuncia en la Corte Penal Internacional por las más de 60 mil muertes provocadas por su guerra contra el crimen organizado.

Alguien listillo e inescrupuloso debe haber en las alturas para decidirse por darles una sopa de su propio chocolate a quienes hasta ahora han protagonizado las más ruidosas protestas desde el 2006 para acá, y en su propio terreno: los jóvenes, los estudiantes que han echado mano de las redes sociales y la libre comunicación en la Internet para encausar sus protestas contra lo que llaman la imposición de Peña Nieto.

La maniobra distractora ha sido obvia, pero en el momento preciso. La víspera de que Andrés Manuel López Obrador interpusiera su recurso de invalidez de la elección presidencial, al embajador en Japón, Claude Heller, vaya apelativos tan mexicanísimos, le dio por firmar el Acuerdo Comercial contra la Falsificación con ese país, mejor conocido como ACTA, el mismo que hace apenas una semana fue rechazado de manera abrumadora por el Parlamento Europeo. “Hola democracia, adiós ACTA, decían los carteles de los legisladores que parecían miembros del #YoSoy132, aunque entacuchados.

Y el anuncio formal, pese a que se trata de un acuerdo comercial de alto nivel, no lo ha hecho el presidente Calderón sino el Instituto Mexicano de la Propiedad Intelectual, mediante un simple comunicado de prensa.

Desde el año pasado, el grupo plural del Senado de la República había instado al presidente Calderón a no firmar ese pacto que constituye la más grave amenaza sobre la libre circulación de información en la Internet y resulta abiertamente violatorio de garantías constitucionales relativas a la libertad de expresión y la presunción de inocencia, entre otros no menos relevantes agravios.

Habrá que recordar que hasta el Congreso de los Estados Unidos prefirió retirar proyectos similares, conocidos allá como SOPA y PIPA, antes de correr el riesgo de perder las elecciones legislativas de este año, en medio de una batalla pública que enfrentó los intereses de Silicon Valley con los de Hollywood.

Hasta ahora, vale decir, es un mero acuerdo protocolario que en su caso debería ser convalidado por el Senado de la República, por el cual el gobierno del presidente Calderón se compromete a sacar adelante la legislación secundaria que posibilite el cumplimiento cabal de lo estipulado en el ACTA.

Las redes sociales hervían anoche con la noticia. Y de inmediato se alertó que se trata de una cortina de humo para desviar la atención de las marchas y protestas postelectorales. Es previsible, sin embargo, que se vayan entremezclando los reclamos por el fraude con las exigencias de mantener el Internet libre, una causa que puede resultar atractiva por igual a perredistas, panistas y hasta jóvenes priistas que eventualmente podrían ser movilizados para defender la Web, a cambio de unos vales por laptops de Soriana.

Veremos si la muchedumbre de chavos cae en el garlito.

Y habrá que ver hasta dónde estiran la cuerda quienes andan apurados por sentar ya en la silla presidencial a don Enrique. Ya nomás falta que el Senado le entre a la jugada. Y a ver que dicen Televisa y Milenio, capaz que salen en defensa de la Internet. A ver si les sale la apuesta.

Yo le había apostado a lo del pejevirus.

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