Cambiando el estigma de Juárez

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Por José Pérez-Espino
@perezespino

En los años recientes, las autoridades juarenses, empresarios y algunas organizaciones de la sociedad civil han dedicado esfuerzos y mucho dinero (como los 97 millones de pesos del fracasado proyecto “Juárez Competitiva”) en cambiar la imagen de Ciudad Juárez.

La intención es loable, pero el discurso no se ha traducido en inversiones para superar un rezago de décadas. Existe un estigma sobre la ciudad, pero no todo es una percepción. Juárez carece de una infraestructura cultural, deportiva y de espacios de esparcimiento que permitan la convivencia y la proyección de la frontera.

Parte de la respuesta se encuentra en el análisis y la comprensión de un problema de imagen negativa, no sólo de la que existe en la actualidad, sino la que se comenzó a construir desde inicios del siglo XX.

“¿Por qué Ciudad Juárez tiene mala fama?”, se pregunta el doctor Rutilio García Pereyra. Pero, sobre todo, “¿quién o quiénes tendrían el interés por construir una imagen negativa de Ciudad Juárez?”

El libro Ciudad Juárez la fea. Tradición de una ciudad estigmatizada representa un punto de partida para la comprensión del discurso actual de Estados Unidos sobre su frontera con México, particularmente el relacionado con el tráfico ilegal de drogas y de personas, así como las políticas públicas derivadas del mismo.

De igual forma, en el estudio se advierten las profundas diferencias económicas sociales entre las comunidades vecinas, así como el “fiel reflejo del uso y abuso del poder económico” de las ciudades de la frontera estadounidense.

Después de revisar hemerotecas, archivos y las obras que se han escrito para establecer la existencia de una leyenda negra, el investigador concluye que la información de la prensa escrita relacionada con la vida social de Ciudad Juárez “moldeó el desprestigio social que la caracteriza desde principios del siglo XX, para destacarlo con mayor énfasis durante la década de los veinte por efectos de fenómenos sociales como la prohibición del alcohol en Estados Unidos”.

La situación influyó en la apertura de espacios para consumo de alcohol y drogas en las ciudades fronterizas a lo largo de un siglo.

García Pereyra lee con atención el tratamiento informativo y editorial de la prensa estadounidense sobre Ciudad Juárez, pero también el de los medios impresos locales, como La Patria (1919-1925), dirigido por Silvestre Terrazas, en el que se daba un gran peso a la opinión de la iglesia católica.

En El Paso Times y El Paso Herald se privilegiaban opiniones por parte de estadounidenses connotados con opiniones racistas y discriminatorias, tanto hacia las autoridades como a la población en general. De igual forma, las críticas que de la autoridad pública paseña vertían tanto reformistas como protestantes, a la que culpaban de la situación imperante.

Como advierte el investigador Carlos González Herrera en el prólogo, la obra no se detiene en ofrecer un catálogo “de las diversiones y los vicios que se enseñoreaban en Ciudad Juárez para el solaz y liberación de los paseños, que se preciaban de vivir en una ciudad limpia de libertinajes”.

El trabajo aporta como logro principal el análisis de un escenario doble, “el de una ciudad estrujada y succionada por la economía de mercado capitalista y, en el otro extremo, siendo estigmatizada por la remodelación moral, social, racial y de clase que en El Paso había emprendido el influyente sector anglo. Así, Juárez quedaba ubicada como proveedora tanto de mano de obra como de vicio y diversión”.

El libro está dividido en cuatro capítulos: “Construcción de imágenes en la prensa”; Representaciones de Ciudad Juárez en la prensa en español”; “Imágenes de Ciudad Juárez en la prensa en inglés de El Paso, Texas”; y, “Representaciones de El Paso en la prensa en inglés”.

Desde luego, aclara el autor, el título no tiene fines peyorativos, sino que se utiliza como un anclaje, en términos de Roland Barthes, para atraer el interés de los lectores.

García Pereyra es doctor por El Colegio de Michoacán. Tiene dos maestrías, una en Ciencias Humanas y otra en Artes Visuales, con especialidad en Comunicación y Diseño Gráfico, por la UNAM. También es autor del libro Católico, apostólico y exiliado (UACJ, 2010).

(Rutilio García Pereyra. Ciudad Juárez la fea. Tradición de una ciudad estigmatizada. Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, Chihuahua, 2010. 324 p.)

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Texto anterior de José Pérez-Espino en Hilo Directo: Diputados indolentes

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