Assange, ¿jaque mate?

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Carles Pérez-Desoy i Fages*

Graham Greene o Alfred Hitchcock pueden ayudarnos a comprender la peripecia judicial de Julian Assange, que el pasado 19 de junio cobró una nueva dimensión cuando tras agotar las vías legales en el Reino Unido, se refugió en la Embajada de Ecuador en Londres y solicitó asilo político. Intentando escapar de la telaraña formada por la conjunción de las leyes suecas y británicas (y con la incógnita de lo que pueda pasar con EEUU donde aún no ha sido imputado) el fundador de Wikileaks queda ahora atrapado en los hilos del derecho diplomático. Tal vez sea su última jugada.

Asilo político y asilo diplomático son cosas distintas. El asilo político –si se estima la persecución que invoca Assange– le permitiría vivir en Ecuador. Cuando alguien se refugia en una embajada para sustraerse a la jurisdicción de las autoridades locales hablamos de asilo diplomático. Pero para que sea reconocido debe existir un tratado internacional que lo avale. Y eso sólo sucede en algunos países de América Latina. Aún así, el asilo diplomático es más frecuente de lo que pueda parecer.

Porque el principio de realidad tiene bastante peso en el ámbito del derecho diplomático donde raramente existe una instancia judicial que pueda resolver rápida y eficazmente un conflicto. Entonces acostumbra a aparecer la negociación diplomática, aunque a veces puede prolongarse mucho tiempo. En 1956, después de la intervención soviética en Hungría, el cardenal Mindszenty se refugió en la Embajada de EEUU en Budapest, donde permaneció hasta 1971, cuando por un acuerdo con el Vaticano, se le expidió salvoconducto para viajar a Austria. El caso de Assange evoca la novela de Graham Greene “los comediantes” (interpretada en el cine por Richard Burton y Elizabeth Taylor), donde un extranjero (británico por cierto) se asila en una embajada en el Haití de “Papa Doc”, lo que acaba provocando la expulsión del Embajador.

Durante la Guerra Civil española cientos de personas se refugiaron en distintas embajadas de Madrid. Igual que en La Habana después del triunfo de la Revolución cubana.

Más recientemente el disidente chino Zhu Wanzheng se asiló en la Embajada de EEUU en Pekín solicitando, como Assange, asilo político. La crisis se resolvió acordando que el activista ciego viajase a EEUU como estudiante, y no como refugiado político, lo que hubiese exigido un salvoconducto que China no quería dar. Hace unas semanas el senador boliviano Roger Pinto, se asiló en la Embajada de Brasil en La Paz. Brasil ha concedido ya el asilo político. Falta saber si Bolivia expedirá el salvoconducto. En caso contrario Pinto deberá optar entre permanecer indefinidamente en la Embajada, o abandonarla y afrontar las consecuencias. Es el mismo dilema que afronta Assange (que ya ha ignorado una citación de Scotland Yard) si el Reino Unido se niega a reconocer el asilo diplomático por falta de base legal.

¿Qué opciones tiene Assange? Mientras permanezca en la Embajada está fuera del alcance de los británicos, porque la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas de 1961 establece la inviolabilidad de las misiones diplomáticas. ¿Hay alguna forma de que pueda viajar a Ecuador? ¿Y si abandonase la Embajada en un coche con matrícula diplomática? La inmunidad de los vehículos diplomáticos, aunque reconocida por la Convención de Viena, no es absoluta. Excepcionalmente pueden ser registrados por lo que Assange podría ser detenido.

En “Cortina rasgada”, de Alfred Hitchkock, Paul Newman huye del Telón de Acero escondido en el equipaje de un grupo de teatro. ¿Y si Assange se escondiese en una valija diplomática ecuatoriana?. No es posible abrir una valija, pero sí rechazada en frontera y devolverla a la Embajada. ¿Demasiado novelesco? Tal vez no tanto. En 1984 el gobierno golpista de Nigeria intentó secuestrar al ex-ministro Umaru Dikko, refugiado precisamente en Londres. El plan -abortado por errores en la identificación de la carga- consistía en exfiltrarlo en un cajón etiquetado como “valija diplomática”.

Incluso provisto de pasaporte diplomático ecuatoriano Assange tampoco podría salir del Reino Unido, puesto que la inmunidad diplomática se concede a los diplomáticos acreditados ante un determinado estado, y no parece que el Reino Unido esté dispuesto a acreditar a Assange como miembro de la Embajada ecuatoriana en Londres. Aunque quizá podría haber una excepción -opinable- si Assange fuese acreditado como diplomático de Ecuador ante Naciones Unidas. En ese caso, el gobierno británico podría verse obligado a permitirle viajar a Ginebra o, incluso, a Nueva York pues la Convención de Viena establece la inmunidad para los diplomáticos en tránsito.

Al margen de esta chocante hipótesis, tan sólo la aparentemente remota posibilidad de un acuerdo entre Ecuador y el Reino Unido podría ofrecer una salida para Assange ¿o no es tan remota? En una reciente entrevista, Assange reclamaba garantías a Gran Bretaña, Suecia y EEUU de que caso de ser extraditado a Suecia, no será procesado en EEUU por la publicación de documentos secretos. ¿podría ser la vía para un pacto? Sin él deberá optar entre entregarse o prepararse para afrontar una larga temporada en el bonito edificio de ladrillo rojo de Belgravia. Al menos no podrán quitarle la conexión a Internet, pues las comunicaciones de la Embajada están garantizadas por la Convención de Viena. 

*Carles Pérez-Desoy i Fages. Diplomático y profesor universitario.

Artículo publicado originalmente en La Vanguardia

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