AMLO, Ebrard y el 1 de diciembre

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Por Alejandro Páez Varela

Este 1 de diciembre será muy importante para Andrés Manuel López Obrador y sus simpatizantes. La convocatoria a reunirse en todas las capitales del país y en el Distrito Federal para expresar el rechazo a Enrique Peña Nieto no sólo cumple ese propósito: además medirá las fuerzas que ha logrado el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena).

Tan simple como esto: si realmente hay una movilización nacional, la candidatura de López Obrador para 2018 por Morena está garantizada. Si no es así, entonces está en riesgo que su Movimiento se convierta en partido político este enero 2013, que es cuando, dice la Ley, debe ser registrado. De no ser así, Morena se queda con las ganas de abanderar a AMLO en la siguiente elección presidencial. Él puede competir por PT y Convergencia, por supuesto; pero Morena no tendrá la figura que él y sus seguidores más cercanos quisieran y, claro, las prerrogativas (el dinero) que se requieren para enaceitar la maquinaria.

Dicen que no ha sido sencillo para López Obrador formar los comités estatales. Algunos lopezobradoristas se quejan en corto de que la estructura que se está formando no los toma en cuenta, aunque en lo personal sigan creyendo en su líder. Hay señalamientos de intolerancia dentro de esas filas, ruido de machucones de dedos, y algunos que han seguido a AMLO durante años se sienten desplazados. Ojo: no hablo de los bejaranos; me refiero a líderes estatales con peso moral que siguieron al tabasqueño y que ahora están dudando si brincan o no a Morena.

Por eso es tan importante el acto del 1 de diciembre. Es una primera prueba a la capacidad de convocatoria de Morena.

Nadie duda que, con tiempo, Morena se vuelva una fuerza política importante en México. El asunto es justamente el tiempo: es ahora cuando debe demostrar que tiene músculo en todo país; así podrá registrar el Movimiento como partido político nacional en los términos de la Ley: el primer enero después de una elección presidencial.

Sería una tontería no creer que, a la par, las fuerzas aglutinadas en el Partido de la Revolución Democrática (PRD) no se están moviendo. Claro que están peleando sus parcelas. Sería una tontería además que el poder que conserva Felipe Calderón Hinojosa y el mismo Partido Acción Nacional (PAN) no se esté movilizando: el calderonismo simplemente odia a AMLO. Y sería tonto no decir que lo mismo sucede con el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y con sus satélites corruptores (Elba Esther Gordillo y el PANAL, el Partido Verde…).

Hoy, como nunca, al PRD, al PAN, al PRI, al PANAL, al PVEM y demás fuerzas nacionales les conviene que Morena sufra y se detenga, porque en dos meses, si lo logran, le habrán quitado un brazo a su enemigo común: López Obrador. Si en febrero el Movimiento crece, pues ya verán qué hacen. Pero es ahora cuando deben frenarlo para que no alcance el registro.

Marcelo Ebrard ha tomado casi el control del PRD. Pero eso no le da una certeza en 2018: sólo si reúne a toda la izquierda y escarba en otras fuerzas logrará una candidatura efectiva. Si frena ahora el Partido Morena (durante noviembre y diciembre) habrá ganado una partida importante.

Por eso hay una movilización real, estado por estado, para que muchos duden si se van con Morena o se quedan. Que decidan en febrero; estaría mejor, digamos, para Ebrard. Si dudan hoy, sirven a las causas del todavía jefe de Gobierno del Distrito Federal. Por eso el 1 de diciembre es previsible una movilización con toda la mano. No sólo de Morena, sino de los contrarios a Morena, que son muchos. Los bots del PRI (ya los vimos operar en la presidencial) saldrán a las redes sociales. Pelearán izquierdistas contra izquierdistas y los panistas meterán la mano.

Es un día importante para muchos, señoras y señores. Independientemente de que signifique el regreso del PRI al poder, y el fin de uno de los sexenios más cuestionados y cuestionables en muchas, muchas décadas.

Fuente: www.SinEmbargo.mx

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