Videgaray ¿visionario o cómplice de Trump?

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Por Jorge Zepeda Patterson

Ahora resulta que Luis Videgaray, el defenestrado Secretario de Hacienda, es un visionario. El único que pudo anticipar que Donald Trump llegaría al poder; el único capaz no sólo de prever el desenlace sino también de pavimentar el camino para una futura relación favorable con la Casa Blanca.

En los círculos de Los Pinos, buena parte de los cuales le deben el puesto al poderoso ex ministro, se habla de su regreso al primer plano de la escena pública, sea con carácter formal en un cargo institucional o solo en la sombra pero con la fuerza de antes. Se afirma que es el hombre clave para conducir las relaciones con el gobierno de Donald Trump durante los dos años que quedan del sexenio de Peña Nieto. Eso sin abandonar la estratégica tarea de asegurar el triunfo del PRI en el Estado de México el próximo año, bastión indispensable para que el tricolor esté en condiciones de competir en la campaña presidencial de 2018.

A los aduladores de Videgaray se les olvida algo sustancial: se hicieron públicas las razones para invitarlo. Enrique Peña Nieto se cansó de justificarse los siguientes días, que quisieron platicar con el candidato republicano para convencerlo de matizar su severa visión de México, convencidos de que carecía de la información correcta. Deseaban mostrarle con argumentos, dijo el Presidente, que ni la migración ni el Tratado de Libre Comercio eran dañinos para la economía y la sociedad estadounidense.

Bueno, si ese fue el motivo de la invitación, constituyó un fracaso estrepitoso, porque obviamente no lo convencieron. Como todos sabemos, esa misma noche, a su regreso a un acto de campaña, Trump reanudó sus amenazas contra México con el mismo ahínco que antes de la visita.

Este viernes, ya como Presidente electo, prácticamente en su primera alusión a lo que hará cuando llegue a la Casa Blanca, reiteró que impondrá tarifas a los productos de compañías estadounidenses que inviertan en otros países, como México. Entre las otras prioridades señaladas, insistió en que aseguraría la frontera contra las drogas y la inmigración ilegal.

En resumen, la visita de Trump a Los Pinos sirvió un carajo para atenuar su belicosidad en contra de México o para atenuar las medidas que podrían ser un misil contra la estabilidad del país: expulsión de migrantes y destrucción del modelo de exportación industrial a Estados Unidos, sobre el que hemos construido la economía los últimos años.

En cambio siempre quedará latente la terrible pregunta que nadie en el círculo de Peña Nieto quiere abordar: ¿Cuál habrá sido el efecto en votos de la visita de Trump a Los Pinos? ¿Cuántos de esos electores decisivos de Florida, Ohio y Michigan, decidieron que el empresario tenía madera para llegar a la Casa Blanca después de verlo como figura presidencial en la escena que le montó Peña Nieto?

Desde luego es una pregunta hipotética. Pero es un hecho que una de las varias remontadas de Trump a lo largo de su campaña tuvo lugar tras esa visita. Los sondeos de los siguientes días mostraron un repunte de hasta dos puntos en la intención de votos. Las quejas amargas por parte del cuarto de guerra de Hillary Clinton, dan cuenta de que la penosa rueda de prensa que Trump condujo frente a los reporteros ante un tímido mandatario mexicano, realmente había perjudicado a los demócratas.

Así que no, Videgaray no me parece un visionario, ni mucho menos. Peor aún, pudo haber sido, de manera involuntaria, un cómplice en el triunfo de Trump. Se trajo al republicano por las razones equivocadas y con resultados contraproducentes. En ese sentido, nunca podremos quitarnos la sombra de la duda: el magnate ganó por una suma de varios factores que hoy se analizan, pero hay uno que no es deleznable: ¿cuánto pesa en esa suma una exhibición que le hizo lucir “presidenciable” frente a los votantes indecisos?

@jorgezepedap

www.jorgezepeda.net

Fuente: SinEmbargo

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