Un peligro para México, 2021

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Por Alejandro Páez Varela

Si México fuera lo que vemos en Twitter y Facebook, seríamos un país organizándose para tomar las armas y derrocar al dictador. No hay libertad de expresión, ni medicinas, ni alimentos. Y ya no hay agua o energía eléctrica. La hiperinflación, el endeudamiento y la corrupción nos ahogan. En las calles, heroínas y héroes protestan día y noche en sus autos o a pie a pesar de las amenazas de los militares, mientras el dictador un día camina sobre cadáveres y sobre cadáveres construye una refinería, un aeropuerto, un tren (y el resto de los días, dicen, se esconde en un palacio alumbrado por las fiestas, adonde la élite va para atascarse de pasteles y comerse uno que otro niño en salmuera). Ese es el México que veo en Twitter y Facebook.

Claro que la movilización contra este Gobierno se parece mucho a 2006, quince años después. Sabe igual porque son los mismos: una parte de los patrones, una porción de las grandes empresas y los partidos políticos con mayor membresía, salvo uno; una ala de la iglesia católica, expresidentes, exlíderes de partidos, personalidades de la política; viejos, activos intelectuales; exfuncionarios de poca y mucha monta; empresas de medios, grupos de extrema derecha y, según las denuncias, incluso una parte de la autoridad electoral. Y el discurso es el mismo de 2006: el dictador destruye instituciones, la democracia se ha vulnerado, es socialismo trasnochado, es el chavismo, es Venezuela del norte. Es un peligro para México y para el continente: que intervenga Washington.

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No es que las cosas estén bien fuera de esas dos redes sociales. Se pasa por una crisis de enormes dimensiones, hay una pandemia, el crecimiento está estancado, se sufre con el empleo y con el ingreso. Pero es en México y es en el mundo. Lo que ven como una “intromisión del dictador” en otros poderes es en realidad un enfrentamiento que antes no se veía porque esos poderes, como el Judicial o las mismas autoridades electorales, estaban al servicio del Presidente en turno. No había necesidad de confrontarlos. A diferencia de cualquiera otro de los mandatarios (¿quieren ejemplos?), el Jefe del Ejecutivo ahora debe litigar con cartas y con señalamientos (a un juez, por ejemplo) desde su única tribuna, las mañaneras, porque además tiene a casi toda la prensa volcada en su contra.

Y es más, me atrevo a decir que si puede haber un golpe en la prensa puede ser del otro lado: los medios que no están al servicio de los enemigos del Presidente podrían ser doblegados por el dinero y/o por las presiones de distintos actores contrarios al Gobierno. Espacios que se han abierto o que no se arrastraron a ver todo mal podrían cerrarse, advierto, porque Palacio Nacional, a diferencia de las décadas pasadas, no tiene control sobre ellos. En cambio el poder económico y/o los poderes fácticos (que se mantienen de pie), sí.

El Presidente no está loco cuando dice que gran parte de los medios está en su contra. Es cosa de hacer un corte cierto día, el que sea: abrir diarios, escuchar la radio, ver la televisión, leer las columnas. No está bien que se haga en Palacio Nacional porque se interpreta como acoso, pero usted véalo, pálpelo, mídalo y verá. Es una tunda diaria al Presidente. No voy a decir aquí de quién es la culpa y sin duda la estrategia de medios de López Obrador es torpe o lo que le sigue, porque atropella y maltrata a todos sin distingos (y provoca oleadas de acosadores hacia todos los periodistas). Pero de que es una batalla sin cuartel contra el mandatario, lo es. Por las razones que mande y guste pero una muy importante es el dinero, y en parte tiene la culpa: la publicidad oficial no se reparte con reglas y con transparencia sino al antojo de él. Incluso lo ha dicho.

No es que fuera de esas redes estén las cosas de maravilla, pero una cosa es una cosa es una cosa y otra, la otra. La movilización contra este Gobierno se parece mucho a la que se dio en 2006, quince años después. Pero hay diferencias.

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Primero, algunas consideraciones: este año se pone en juego el proyecto de López Obrador. La siguiente elección ya veremos, pero en esta sí se juega el todo por el todo, porque un cambio en el Congreso frena su movimiento de golpe. Ya veremos dentro de tres años qué, pero si en esta intermedia le va mal al lopezobradorismo, se pondrá freno a la ola de cambios que se inició en 2018. De allí su importancia. Y de allí que patrones, grandes empresas, partidos con la mayor membresía menos uno y todos los que guste y mande se han unido para echar toda la carne en el asador. Es ahora o después será muy difícil. Por eso digo que incluso espacios en medios que no están en la crítica férrea contra AMLO se pueden cerrar, porque los poderes de facto que siguen de pie harán su trabajo. Curioso que sea al revés de lo que se plantea en Twitter y en Facebook, ¿no?

Segundo, una pequeña consideración: que México no es Twitter ni Facebook, o afuera de esas redes no se siente el México que allí se plantea. El único ponderado de encuestas que existe es el que hace Oraculus, que no lo hacen simpatizantes de López Obrador. Allí se plantea que si las elecciones fueran hoy, Morena tendría 42 por ciento de los votos, el PRI 18 por ciento y el PAN, 16 por ciento. Juntos tendrían un 34 por ciento; se quedan cortos. Y luego los niveles de satisfacción respecto al Presidente (misma fuente): 63 por ciento a favor. Es el segundo mejor evaluado; el primero es Felipe Calderón a 27 meses en el cargo. ¿Entonces? ¿Y el Apocalipsis que se ve en las redes? A nadie le extrañe, pues, que la carne que echan al asador saque tanto humo: quizás no sea solo carne, sino una mezcla de carne y cebo.

Por último: no puedo decir que México está en un lecho de rosas, pero díganme quién sí. ¿Europa? Ni en crecimiento, y eso que la mayoría de los países agarró deuda como si no hubiera mañana. Es más, ni en vacunación. Le doy datos de ayer de la Universidad de Harvard: dosis suministradas por cada 100 habitantes, 15.51. En México, 5.22 sin ser de los que acumulan. Y arriba de Europa están Estados Unidos e Israel, que son las estrellas en este momento. Es más: arriba de Europa está Chile. Y abajo de todos está India que, fíjese nada más, tiene la mayor fábrica de vacunas del planeta.

Y ya con esta me despido: claro que la movilización contra este Gobierno se parece mucho a la que hubo en 2006 contra López Obrador. Pero no parece tener el mismo fuelle. Faltan unos meses para las elecciones, y hoy (y enfatizo hoy), con todos los poderes reunidos, no les da para hacer lo que hicieron hace 15 años. Les falta, creo yo, considerar a alguien que no consideraron entonces y no consideran todavía hoy. Ese alguien son los votantes. Y ésos están viendo otra cosa, a juzgar por los números. Quizás porque enfrentan el día a día y allí, este país no es distinto al que tuvieron con Calderón, Fox o Peña, a pesar de que entonces no hubo esta emergencia. O quizás porque los votantes están demasiado atareados en lo que importa y no tienen tiempo para Twitter y Facebook.

Fuente: SinEmbargo

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