Sexenio de Hidalgo

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Por Alejandro Páez Varela

Un funcionario me contó, no hace mucho tiempo, que en círculos cercanos a Enrique Peña Nieto se decía que el efectivo manejado antes y durante la campaña del PRI en 2012 vinieron de Juan Armando Hinojosa.

“Hinojosa y él eran muy, muy cercanos. No sé si conserven intacta la relación. Pero parte del dinero en efectivo que tuvo su campaña [para burlar el sistema electoral]venía de él, de Hinojosa. No puedo asegurarlo, pero hay dos o tres personajes, uno de ellos Diputado federal hoy en día, que iban a las oficinas del empresario a recoger lo necesario cuando fuera necesario –me dijo.

Esa versión está muy extendida desde hace años.

En enero de 2012, dos empleados del gobierno de Veracruz cayeron en el aeropuerto de Toluca, Estado de México, con dos maletas cargadas de 25 millones de pesos en efectivo. Miguel Morales Robles trabajaba en la administración de Javier Duarte cuando fue arrestado, el 27 de enero, en una aeronave del gobierno de Veracruz (matrícula XC-CTL); luego, Saíd Sandoval Zepeda, “miembro del equipo de seguridad del Gobernador”, llegó a la escena a exigir el dinero (PGR/MEX/TOL-VI/310A/2012) y también quedó detenido.

En distintos círculos, unos más enterados que otros, se dijo entonces que ese dinero era para pagar prensa. En efectivo. Prensa palera del PRI y del entonces candidato Peña; prensa que hizo campaña.

Justo un año después leí que “en medio de cálidos saludos e innumerables gestos de simpatía Miguel Morales Robles fue recibido por ciudadanos de esta bonita comunidad [Plan de la Flor], para llevar a cabo el corte de listón inaugural de la clínica de salud rural, encomienda que le dio el Diputado federal, Alejandro Montano Guzmán”.

Montano Guzmán, titular de Seguridad Pública con Miguel Alemán, dirigente local de la CNOP, ex precandidato a la gubernatura y amigo de Duarte, dio cobijo al funcionario, pues. Todos en paz.

En junio de 2015 circuló un audio que señalaba al entonces Gobernador de Chihuahua, César Duarte, en una supuesta operación electoral ilegal con el ex Gobernador de Baja California, Narciso Agúndez Montaño, candidato del PRD a la Alcaldía de Los Cabos.

Agúndez Montaño presumía “apoyos económicos para el día de la elección” que le llegan desde Chihuahua.

–Muy bien. Me subí con el uno de Chihuahua. Uno es el grande. El Gober –dice el perredista a una mujer.

–Y lo del recurso, ¿bien?

–Sí, sí.

–Qué bueno.

–La mitad.

–Qué bueno. Lo que habías dicho.

–Sí.

Desde hace tiempo se señala a Duarte como un gran aliado de Luis Videgaray. Es acusado del desvío de cientos de millones de pesos de la hacienda de Chihuahua para un banco formado con un fideicomiso del que forma parte. Agúndez, por su parte, fue encarcelado por la PGJ de Baja California Sur en 2012 por el delito de peculado. Salió de prisión y se unió a la campaña de… sí, de Peña Nieto.

Puras fichas lindas, pues. El hilo que los une: aquella campaña de 2012.

En esa cascada de hermosuras, Humberto y Rubén Moreira. Pocos personajes tan documentados. Desde la deuda de Coahuila hasta los presuntos nexos con los criminales más sanguinarios de todos los tiempos: Los Zetas. Sólo hay que recordar que, también ellos, pasaron por la campaña de Enrique Peña Nieto. A Humberto, que fue presidente del PRI, le subió el agua hasta el cuello y renunció a “tan alta distinción” pero no fue abandonado por el Estado mexicano… en manos de Peña. Básicamente lo rescataron de España. Usted recuerda todo eso.

Juan Armando Hinojosa, Luis Videgaray, Javier Duarte, César Duarte, Humberto y Rubén Moreira. Todos tienen ese pasado de hermandad con el Presidente. O este presente, muy presente.

Todos impunes y operando. Aún Javier Duarte, el que, se suponía, pagaría por todos los demás.

Durante años se ha dicho que César Duarte pudo abrirse su propio banco por las omisiones de Luis Videgaray, cuando estuvo en la Secretaría de Hacienda. Videgaray, el hombre más cercano a Peña por casi una década, fue además el coordinador de la campaña presidencial del PRI en 2012. Fue el autor de la operación Monex.

Por supuesto que estos son apenas algunos de los muchos nombres emblemáticos del México de la impunidad. Nombres que tienen en común haber ayudado a Peña a llegar a la Presidencia. Eso, para mí, explica todo.

Y faltan Roberto Borge, los funcionarios y ex funcionarios de OHL o Apolinar Mena, refugiado en el gobierno de Eruviel Ávila.

Y si agregamos que mucha de la deuda pública que acumularon estas finísimas personas pasó por la omisión de la Hacienda de Videgaray, y que elrefinanciador profesional del sexenio fue y sigue siendo Pedro Aspe, y que mucha prensa guardó silencio de estos personajes durante todo este tiempo –aunque ahora, con los ojos llenos de lágrimas, se preguntan: “¿cómo pasó todo esto?”–, entonces pareciera que hubo un llamado a robar, a robar, que el mundo se va a acabar. Todos, todos a robar.

Los tentáculos de la corrupción en México se han extendido de manera impresionante y descarada por todo el país. Pero sigo pensando que mucho de esto se habría detenido si hubiera una prensa responsable. Habrían robado poquito –como diría el filósofo nayarita conocido como “Layín”–, no esta barbaridad.

Suponiendo que es una barbaridad. Porque datos hay pocos y, claro, nadie investiga.

Lo que parece que pasó y pasa en la administración Peña Nieto es que adelantaron el Año de Hidalgo. Fue, me huele, un Sexenio de Hidalgo; un descarado “chingue su madre el que deje algo” desde el principio. Y perdonen mifrancés, que yo no invento los dichos populares.

Fuente: SinEmbargo

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