La Cámara de Representantes de EEUU ha votado este miércoles a favor de una resolución impulsada por los demócratas para rescindir y derogar los aranceles que el presidente Donald Trump impuso unilateralmente a Canadá el año pasado. La medida no pasará de ser simbólica porque será vetada por Trump, pero es una nueva derrota política que muestra la debilidad de la Casa Blanca, que hace unas semanas tuvo que acceder a desclasificar millones de documentos del Caso Epstein. Aquello, como lo ocurrido hoy, ha ido posible porque legisladores republicaron (seis en esta ocasión) han roto filas y desafiado al líder, sabiendo que desataría su ira.
“Cualquier republicano, en la Cámara de Representantes o en el Senado, que vote en contra de los aranceles sufrirá graves consecuencias en las elecciones, ¡incluidas las primarias! Nuestro déficit comercial se ha reducido en un 78%, el Dow Jones acaba de alcanzar los 50.000 puntos y el S&P 5000, cifras que se consideraban imposibles hace apenas un año. Además, los aranceles nos han brindado una gran seguridad nacional, ya que la mera mención de la palabra hace que los países se adhieran a nuestros más firmes deseos. Los aranceles nos han brindado seguridad económica y nacional, y ningún republicano debería ser responsable de destruir este privilegio”, ha reaccionado inmediatamente Trump juntando sus dos instrumentos favoritos: los aranceles y la amenaza a los congresistas y senadores de retirarles su apoyo y dárselo a sus rivales en las primarias. Algo clave dado que la Cámara baja entera, y un tercio de la alta, se renuevan este noviembre.
El speaker de la Cámara, el líder de los republicanos Mike Johnson, llevaba casi un año maniobrando para impedir lo ocurrido hoy, igual que intentó de todas las formas posibles que no hubiera texto pidiendo transparencia en el caso Epstein. Pero no ha sido capaz a pesar de la mayoría de la que disponen. La Constitución le da al Congreso los poderes para establecer una política comercial más proteccionista, pero en las últimas décadas los legisladores, inexplicablemente, han ido cediendo esa competencia en favor de la Casa Blanca. Richard Nixon fue el último en intentar algo así, pero Trump lo ha convertido en el pilar central de su estrategia económica.
El Tribunal Supremo debería haberse pronunciado ya sobre el tema. El caso llegó a sus manos a finales del año pasado, se celebró una vista y se esperaba la sentencia para finales de enero, pero siguen relegándolo.
La resolución aprobada hoy, con 219 votos a favor y 211 en contra, fue lanzada (patrocinada en el argot del Congreso) por Gregory W. Meeks, congresista de Nueva York y el demócrata de mayor rango en el Comité de Asuntos Exteriores. Aunque no se traslade en nada, si Trump la veta, muestra las costuras de la administración, alimenta la narrativa de que por primera vez hay fisuras en el Trumpismo y deja claro que en año electoral hay muchos políticos que empiezan a temer más a sus electores que al líder del partido. Además de exponer a los que han votado a favor de una política arancelaria que está aumentando el precio de mucho productos importados.
El texto aprobado pasa ahora al Senado (que también tiene mayoría conservadora) que debe volver a pronunciarse sobre el tema, a pesar de haber aprobado un texto similar con un estrecho consenso bipartidista el año pasado. Si los senadores reiteran su postura, el documento pasaría a manos de Trump, quien sin duda la vetaría. Y aunque formalmente el Congreso podría saltarse le veto presidencial, necesitaría el acuerdo de tercios de ambas cámaras. Algo impensable ahora mismo.
Lo ocurrido deja muy tocado al speaker Johnson, que ha perdido dos peleas en la misma semana. El martes, no sacó adelante una cuestión de procedimiento desesperada para bloquear las votaciones o postponerlas durante varios meses, argucias que antes sí le habían funcionado. Su tesis es que había que esperar a la decisión del Supremo, que quizás se retrase incluso hasta primavera o verano. Pero la oposición de varios diputados, más liberales o enemigos abiertos del presidente, lo impidió.
El congresista Don Bacon, de Nebraska, ha señalado que las presiones de “todos”, incluida la Casa Blanca, habían sido fortísimas, pero que no había aceptado. “Voté por principios. Estaban tratando de negociar un poco, y lo entiendo, estaban tratando de hacer su trabajo. No lo critico. Intentaban endulzar a Nebraska, pero dije: ‘¿Qué pasa con los otros 49 estados? Esto no se trata de Nebraska'”.
En condiciones normales, los Demócratas, en minoría, no habrían sido capaces de forzar el voto en una resolución de este tipo, pero la vía usada por la Casa Blanca para imponer aranceles ha abierto puertas secundarias. Trump ha apelado a la legislación de emergencias nacionales para declarar la guerra comercial a Canadá y al resto del mundo. Y por eso mismo e ha usado una disposición especial la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional que permite a los legisladores acelerar las votaciones para impugnar las declaraciones de emergencia que justifican decisiones como los aranceles. Y en este caso lo han hecho amparándose en que Trump usó la excusa de la amenaza de entrada de drogas, y en especial fentanilo, por Canadá. Algo que está demostrado que no ocurre. En el caso de México es más complicado, pero no en el del vecino del norte.