Presupuesto social de AMLO y el odio de los ricos

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Por Sanjuana Martínez

Ha llegado la hora de la verdad. El inicio del nuevo Gobierno está poniendo a prueba las fortalezas y debilidades de algunos seres humanos, particularmente de funcionarios, políticos, periodistas o intelectuales, que han utilizado la política y el servicio público para enriquecerse.

La nueva política de “austeridad republicana” parece dolerle mucho a unos cuantos, especialmente a todos aquellos que ven perdidos sus privilegios y su minita de oro.

¡Se les acabo la Gallina de los huevos de oro! Al menos, ese es el mensaje que parece mandar el Presidente Andrés Manuel López Obrador, quien con su ejemplo de vida austera, pretende meter al redil a funcionarios en situación de riqueza.

Será difícil que quienes han vivido como reyes, acepten vivir como el resto de los mortales. El ser humano se acostumbra fácilmente a la buena vida y estos políticos, periodistas, funcionarios o intelectuales enriquecidos con los últimos poderes en turno, difícilmente aceptaran resignarse a perder la gran cantidad de privilegios con los que han vivido.

Por eso, asistiremos a todo tipo de opiniones catastrofistas que se niegan a aceptar el cambio que beneficiará a la mayoría, pero les perjudicará a una minoría favorecida que se encuentra seriamente molesta, angustiada, rabiosamente preocupada, por su propio futuro.

A esta minoría obviamente no le interesa el bienestar social de la mayoría. Tal vez, por eso, se han apresurado a criticar con dureza el Paquete Económico para 2019 presentado por AMLO, un presupuesto que por primera vez tiene rostro social, un gasto público que de manera inédita pone énfasis en intentar reducir las abismales desigualdades que padecen ricos y pobres en México.

Por primera vez en la historia democrática reciente, este país contara con un presupuesto enfocado a los programas sociales, la infraestructura, la sanidad y la energía.

Un presupuesto que de manera escrupulosa apuesta por el principio de austeridad, esa austeridad que no le gusta a los funcionarios con sueldos millonarios, a los políticos acostumbrados al saqueo de la nación; esa austeridad que disgusta a los intelectuales orgánicos acostumbrados a servirse con cuchara grande a través de jugosos contratos publicitarios, contratos para editar libros que no se venden, pero que dejan millonarias ganancias a sus autores cercanos al poder en turno.

Por supuesto que para esta minoría enriquecida, el presupuesto social presentado por AMLO es un golpe, un gancho al hígado que les perjudica directamente. La pérdida de esos privilegios los trae coléricos, furiosos, iracundos… No es para menos.

Pero repito, ha llegado la hora de la verdad. La hora de los verdaderos cambios. Y uno fundamental, es el presupuesto que durante los próximos 15 días estudiarán los diputados. Un gasto de 5.8 billones de pesos destinados a atender especialmente las secretarías del Trabajo, Educación, Defensa, Turismo, Bienestar o la de Energía.

Para empezar, el presupuesto mete tijera a 100 programas sociales, algunos sospechosos de no estar beneficiando a los que menos tienen y de estar duplicados para configurar más saqueos a la nación. En definitiva, habrá 56 programas sociales federales.

Este nuevo presupuesto tiene una partida de 6 mil millones de pesos para iniciar la construcción del Tren Maya, tren al que se oponen todos esos que se vieron afectados con la cancelación del nuevo aeropuerto rodeado de tranzas multimillonarias que finalmente íbamos a pagar todos los mexicanos.

La gran novedad de este presupuesto social, es el dinero que el nuevo Gobierno destinará a atender las promesas hechas por López Obrador. Por ejemplo, se darán 44 mil 300 millones de pesos para las becas a jóvenes sin empleo, los mal llamados “ninis”. Un segmento de la población olvidado por los anteriores gobiernos del PAN y del PRI.

Otro aspecto a destacar del nuevo paquete económico del Gobierno, son los 100 mil millones de pesos para la pensión universal de los adultos mayores. Otro segmento de población lastimado, ignorado, mancillado por los anteriores gobiernos. Recordemos que fue AMLO quien creó la pensión universal cuando fue Jefe del Gobierno del entonces Distrito Federal.

El nuevo presupuesto es un fiel reflejo de lo que será el Gobierno obradorista. Para empezar, destinará recursos a la reconstrucción de las viviendas dañadas por el terremoto de 2017, luego de que la Administración peñista no ofreciera cuentas claras sobre los miles de millones de pesos donados por decenas de personalidades, organizaciones y gobiernos del mundo. A López Obrador no se le olvidan los más necesitados.

Por si esto no fuera poco, lo coléricos afectados por la pérdida de sus privilegios, se pondrán más rabiosos cuando sepan que uno de los objetivos principales de este Gobierno será recuperar la producción petrolera a 1.8 millones de barriles diarios en los próximos meses.

Si quieren ver más verdes a los iracundos antipejistas, mándeles el Plan Nacional para la Producción de Hidrocarburos, un plan que pretende bajar los precios de las gasolinas en un futuro, un plan que busca producir en lugar de comprar esas gasolinas. AMLO apela a que Pemex con un aumento del 14 por ciento en su presupuesto, vuelva a tener la fuerza suprema que esta paraestatal vivió con Lázaro Cárdenas.

Y si les da placer observar el enojo de los intelectuales orgánicos beneficiados con millones durante los últimos gobiernos, envíenles el próximo catálogo de edición del Fondo de Cultura Económica, dirigido por el escritor Paco Ignacio Taibo II, un catálogo que no incluye a los mismos de siempre, a los rancios textos que no se venden de intelectuales beneficiados con contratos y becas permanentes. A este segmento minoritario de la población también se le acabó su minita de oro, su modus vivendi. Seguramente saber que tendrán que trabajar y reducir sus ostentosos estilos de vida, los tendrá enojados seis años más.

En fin, el nuevo presupuesto exige sacrificios en cultura y en otros rubros que lamentamos, pero que esperamos sean beneficiados en el futuro. Si para que la mayoría vivíamos mejor, se requiere aceptar recortes, bienvenido sea este nuevo proceso de equidad. Es urgente acabar con las desigualdades.

Por lo pronto, disfrutemos de este espectáculo de hombres y mujeres coléricos que se ponen verdes ante el fin del saqueo del erario. Son patéticos Grinchs de Navidad, muy acordes con la temporada. Ojalá este sea el anuncio de que pronto vivirán como el resto de los mortales. Ya era hora.

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Fuente: SinEmbargo

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