Poder y mariachis

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Por Alejandro Páez Varela

La cercanía al poder, ¿es corrupción? Esa es una pregunta común de nuestro oficio; y es necesaria en estos días. La respuesta rápida es que la subordinación al poder es corrupción.

A veces parece olvidarse. El poder es materia con la que juega el periodista, siempre. Doblarse ante él, arrastrarse ante él, beneficiarse personalmente de él es, simplemente, corrupción. Pero ninguno de los maestros del periodismo habría retratado el poder –para exhibirlo– sin acercársele. Julio Scherer habría bajado al infierno para entrevistar al diablo; Robert Fisk duró días esperando junto a la tienda de campaña de Osama Bin Laden para poder entrevistarlo. Esa es cercanía al poder. Pero servirlos habría sido corrupción. Y lo digo porque pareciera que hay confusión por todos lados; que estar a los pies del poder y beneficiarse de esa relación (dinero, puestos, concesiones) depende de cuál poder; que hay poder “bueno” y poder “malo”. No. Poder es poder, para un periodista. Y se puede estar cerca; pero servirlo es corrupción.

Los detalles finos de la extraordinaria entrevista de Julio Astillero con Guillermo Ochoa da luz sobre eso. Sucedió la semana pasada.

–El poder de Televisa, como conductor de la opinión pública, centralmente, ¿fue positivo o negativo en esta etapa de la Historia de México? –preguntó Astillero a Guillermo Ochoa.

–Pues mire –respondió el viejo periodista–: yo como conductor nunca traté de hacer daño. Nunca traté de hacer daño.

–¿Pero hubo instrucciones, peticiones…?

–No, señor. Había un país que obedecía al Presidente de México.

–¿También el periodismo?

–El periodismo, desde luego. Desde luego. Si siempre ha sido el principal sostén de los medios. Es el anunciante número uno. A veces en desplegados y a veces sin desplegar.

–¿Cómo se hace sin desplegar?

–Con dinero. Con concesiones, con más concesiones. Usted sabe.

–¿Dinero como el que hoy llaman “el chayote”? –interrumpió Hernández.

–Pero chayotote. Chayotote. Sí, sí, sí.

–¿Chayotote de allá arriba, a empresarios, directivos?

–Pues mire: yo nunca lo vi. Y nunca me gusta hablar de las cosas que yo nunca vi –dijo Ochoa.

“Había un país que obedecía al Presidente de México”. Eso, sin más, es corrupción. Y aplica hoy y aplicó ayer, como aplicará mañana.

La subordinación al poder, sea cual sea, es corrupción en un periodista.

***

Carlos Puig, 21 de enero de 1989. Revista Proceso: “Poco pudo hacer Ochoa. Amigo de Fausto Zapata y por su intermedio de Luis Echeverría, amigo personal del expresidente De la Madrid, amante del golf, Memo se dedicó a divertirse y tomar vacaciones. El 12 de diciembre, como lo consignaron las crónicas periodísticas, fue a celebrar el cumpleaños de De la Madrid: junto con un ‘selecto grupo de amigos íntimos’, Ochoa le llevó al Mariachi Oro y Plata, que él mismo pagó”.

Agrega esa crónica, también para la historia: “En 1982, durante la campaña de Miguel de la Madrid, Ochoa llegó al grado de declararse ‘canal confiable’, por encima de los del PRI, para hacer llegar al candidato priista las inquietudes de la población. Eran tiempos de ‘consulta popular’ y en opinión de Ochoa la información que recibía De la Madrid estaba ‘muy rasurada, por decir lo menos’, ‘muy catalogada, que no molesta, pero tampoco sirve’. Por conducto de Ochoa, Televisa promovió el proyecto “canales confiables” hasta la dirección de RTC, en manos de Margarita López Portillo, quien estuvo de acuerdo en hacer participar también al Canal 13. En menos de una semana el PRI ya había rechazado la oferta de la televisión privada, aclarando que ‘el único organismo responsable para recoger la opinión del pueblo dentro del contexto de la consulta popular es el PRI’”.

***

–Mire: si los reporteros recibían dinero, los directores y los dueños de los periódicos lo sabían. Y le voy a decir por qué: porque les pagaban poco. Decían: “De todas maneras con las fuentes se complementan” –dice Guillermo Ochoa, en esa entrevista de Julio Astillero. Agrega–: Cuando uno tenía fuentes, allí tenía una especie de sueldo. Yo jamás tuve fuentes. A mí me nombraron reportero de asuntos especiales y me dieron un sobresueldo, siendo suplente, en Novedades. Y en Excélsior jamás, jamás recibí lo que se llama chayote. Jamás lo recibí. Yo trabajaba en Excélsior, y yo soy un hombre honrado.

–¿Pero acepta que hubo un estado generalizado de corrupción en ese periodismo?

–No, no, no. No, no, porque yo no voy a decir…

–No su caso personal –acota Astillero.

–…no voy a decir que yo era Cristo entre todos los periodistas.

–Pues es que eso está diciendo.

–Julio, me está diciendo “generalizado”. ¿“Generalizado”? Para mí, generalizado son todos.

–Generalizados son la mayoría, no todos.

–Bueno, una mayoría. Yo de una mayoría, no lo creo.

–Usted defiende ese periodismo.

–Yo creo que hubo decente y honrada. Desde luego. Y que la otra, siguió siendo decente. Y me acuerdo que había un reportero de Excélsior, salvadoreño, cuyo nombre era René Arteaga, que repitió una frase de alguien que decía: “Acepta el soborno de alguien siempre y cuando no te corrompa”.

***

Muchos periodistas matarían por pagarle mariachis a Andrés Manuel López Obrador en su cumpleaños. Otros más preferirían un trato respetuoso. Llevarle mariachis al poder es corrupción. No importa quién asuma la representación del poder. Es bueno dejarlo claro en estos días de tanta confusión. Nosotros, los periodistas, no estamos para servirle sopita a nadie o para pagarle el Mariachi Oro y Plata a nadie.

La gente debe entender que lo mejor que puede pasar es que los periodistas seamos críticos. Pero la crítica de un periodista tiene una condición: que el periodista se haya ganado un lugar para ejercerla. Pero si viene de pagar mariachis o de beneficiarse del “chayo” y del poder, no espere ni medio minuto de aplausos.

Esto debería ser una obviedad. Pero a veces se olvida, convenientemente para algunos.

Fuente: SinEmbargo

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