¡Pobres niños ricos!

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Por Susan Crowley

A todos ellos los unió un común denominador, son ricos sin límite en sus tarjetas de crédito, y muy atractivos. La sonrisa cordial, se comportan como lo que son, unos triunfadores de nacimiento. Además, son muy “cagados” como ellos mismos lo dicen. Fiesteros, les gusta bailar y cantar con DJ contratados para sus eventos que hoy pueden ser en Tulum, mañana en Ibiza. No saben conjugar ni escribir una frase en español sin anteponer una palabra en inglés. No importa, hablan y se expresan en ese idioma que les ha abierto las puertas a los circuitos internacionales del lujo y el glamur. Cuando escuchan la palabra México, se ponen de pie, sus ojitos llorosos (Remy), lo dicen todo, aman a su país y se ponen “la verde” en los estadios del mundo cuando la selección juega. Consideran que ser mexicano los coloca delante de una enorme oportunidad: salvar a México.

Herederos de las grandes fortunas de este país, construidas dentro de un sistema corrupto que lo permitió con outsourcings, evasión de impuestos, contratos leoninos, viven como millonarios de sus rentas. Nunca han trabajado, aunque ya llevan varios bussines en su haber, viajan a lugares exóticos, suben sus vidas a Face e Instagram. Sabedores de un talento único, se empeñan en sus ilusorias empresas patrocinadas por sus mentores que vienen de generaciones culposas. Ante una queja mínima sus papis corren detrás suyo a pagar las cuentas de sus caprichos y antojos igual que sus errores y fallas.

Pero ni el amor de sus progenitores puede llenar la vacuidad que los afecta. Por lo general sufren depresión, son ansiosos, se estresan con facilidad. Sus excesos no curan la angustia que los aqueja. Como se diría vulgarmente: su malestar no tiene llenadera. Con todo lo que poseen, no son felices. En el fondo son inseguros. Padecen sin poder remediarlo la culpa ancestral de la injusticia social. Algo en la recóndita conciencia de cada uno les recuerda que hay un bien superior y se encuentra más allá del despilfarro de sus fortunas. En ciertos momentos de lucidez, acuden a terapia. El diagnóstico: Narcisismo. Como Narciso, terminan por ahogarse al intentar besar su propia imagen. La combinación de fragilidad y bonanza económica perfectas para convertirse en víctimas de cualquier charlatán. Como en el flautista de Hamelin se vuelven ratones sin voluntad. En esta ocasión, que no impide que haya otras, el flautista seductor es Keith Raniere, conocido como Vanguard.

Estos ratoncitos buscan desesperadamente pertenecer y tratan de entender las injusticias del mundo. ESP es una empresa fundada por Raniere que garantiza, mediante costosos cursos, el crecimiento personal y la superación. Es ahí donde depositan su confianza e invierten alrededor de diez mil dólares dos o tres veces al año. Después de intensas sesiones literalmente sadomasoquistas en las que lloran, sufren, se humillan, ¡bravo, cobran conciencia! Ellos son los nuevos héroes que con su posición económica deben cambiar al mundo. Ilusos, los pobres niños ricos se disponen a convertirse en redentores. Pero para ello deberán pagara cifras absurdas y atraer a más ratoncitos. En una pirámide de multiniveles, se convierten en los nuevos flautistas al servicio de Raniere. Lo más grave de todo es que creen que tienen una misión, salvarán a México de la amenaza comunista que se cierne sobre América Latina.

Hablan de la pobreza como una entelequia, no la entienden y la desprecian, pero creen que pueden cambiar al país desde sus trincheras de oro. En esas trincheras donde los lugares están reservados para los millonarios, hay un tema en común, el desprecio absoluto a Andrés Manuel López Obrador, un pobre diablo que ni inglés habla.

Amparados por las extraordinarias enseñanzas de su maestro, acometen la hazaña. Están dispuestos a formar una república NXIVM y transformar al mundo gracias a la riqueza inaudita que poseen. Nada de lo que antes hayan hecho, ninguna terapia, ningún retiro, viaje, curso, libro de autoayuda, les genera el poder que Keith Raniere les insufla. Por fin han encontrado una razón de vida. Por ella están dispuestos y dispuestas incluso a dejarse marcar. Y ahí está lo escalofriante de la historia.

Mártires de una nueva cruzada, salvan sus almas perdidas, las entregan a un redentor que se fascina con el poder que ejerce. Rasputín del siglo XXI, Keith Raniere sabe usar las palabras necesarias y les imprime fuerza y vehemencia. La pobreza de sus ideas embona perfecto con la frivolidad elemental de los peregrinos de Albany. Conversos de una “Buena Nueva” aceptan y se bautizan en las mediocres aguas de un montón de metáforas redentoras.

Vanguard los usa y los humilla hasta hacerlos pagar la culpa de ser millonarios vaciando sus cuentas de banco. En un país donde el 40 por ciento de la gente apenas tiene lo mínimo indispensable para salvar el mes y en el que la pobreza cada vez es más dolorosa, estos chicos y chicas pagan su ascenso en ESP a billetazos verdes. Privilegiados sin remedio no ven la realidad, pero sí quieren salvar al país, qué paradoja. Sus fortunas se pusieron en manos de un estafador; prefieren eso que entender dónde esta el problema de la injusticia social de la que también son herederos.

El narciso gigante que tienen en común les otorga la fuerza de sentirse redentores de nuestra sociedad. Después de todo ser de la élite conlleva responsabilidades. Firmes creyentes de que, con su color de piel, sus apellidos y su frivolidad lo pueden todo. Se atreven a proclamar la mediocridad de AMLO a quien ven como un pobre sirviente que vive en Palacio, cuando no son más que unos pobres mediocres sirvientes de un ser siniestro.

En ningún momento todos estos penitentes de ESP han pensado en los millones de seres que se levantan a trabajar antes del amanecer y terminan sus jornadas con largas travesías en el transporte público expuestos a ser asaltados. Ciudadanos de a pie que llegan a sus casas a compartir los pocos frutos que sus mal pagados trabajos les permiten, la enfermedad y la desesperanza en las puertas de sus casas. Pero lo que tampoco saben es que esos que consideran pobres jamás serán víctimas de un explotador como Vanguard.

La inconmensurable bondad que los caracteriza fue puesta a prueba delante de su gurú en Albany, NY. A ellos les desnudaron el alma y a ellas las encueraron y las marcaron como ganado propiedad de un megalómano que se creía dios. Llenas de culpas por ser quienes son, fueron obligadas a inventar y confesar realidades espeluznantes, a ser grabadas en situaciones embarazosas y a dejar sus vidas en manos de “amas” que las manipulaban. Pobres niñas ricas, hijas de potentados que se sometieron a la violencia física a manos de un depredador. Ellos, los hijos de presidentes, de empresarios, entregaron sus pobres mentes creyendo que salvaban al mundo. El alma pecadora de cada uno se proclamó parte del grupo de los elegidos. Todo lo que sea con tal de saciar el vacío que no subsana tener una cuenta en Suiza.

¿Qué van a hacer sin su Vanguard?, ¿van a seguir buscando otras formas de compensar la deplorable y vergonzosa realidad de ser ricos por las razones que lo son?, ¿el vacío de no ser nada más que dinero? Lo más probable es que sigan siendo víctimas de oportunistas que les venderán la oferta de la felicidad que tanto anhelan. Tan sólo de imaginar que ellos creían que su misión era salvar a México. Nunca se percataron de que son ellos y sus familias quienes han asfixiado a este país de sus oportunidades. Que han usado sus influencias para todo, hasta para censurar la noticia en el periódico Reforma o para hacer oídos sordos de las acusaciones de las que son responsables. Emiliano Salinas, futuro presidente de la República NXIVM e irremediable cómplice de este carnaval de la mediocridad, debería ya dar alguna explicación más convincente que lo que ha expresado acompañado de todos los demás miembros de la secta. No basta un simple “no sabía de qué se trataba”, cuando era uno de los más altos miembros de la organización.

Keith Raniere pasará el resto de su vida en la cárcel, fue condenado a cadena perpetua. Los ex ESP continuarán sus vidas en espera de la siguiente causa que los redima de la terrible tragedia de ser ellos. Sí, también arrastran su cadena perpetua sin límite de crédito.

Fuente: SinEmbargo

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