Macedonio y los motivos de AMLO

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Por Jorge Zepeda Patterson

El Presidente está atrapado en una tormenta de las llamadas perfectas con el polémico tema de la candidatura de Félix Salgado Macedonio a la gubernatura de Guerrero. Un atrabancado personaje quien ya era un candidato impresentable aun si no se hubiesen exhibido sus abusos en contra de las mujeres. Con este ingrediente adicional se ha convertido en la pluma de vomitar para la opinión pública y buena parte del resto del universo salvo para López Obrador y para muchos guerrerenses, a juzgar por los sondeos de popularidad.

Pese a la indignación generalizada, y convenientemente atizada y difundida por la oposición, AMLO parece estar decidido a concretar esta candidatura y por ende también lo hará su partido, por encima de la resistencia de muchas de las militantes y legisladoras de Morena.

Las razones para esto, que muchos ven como un empecinamiento, solo pueden especularse. En mi opinión obedecen a la mezcla de varios factores, como suele suceder con las tormentas perfectas.

Por un lado, y quizá el principal, la profunda molestia que tiene el mandatario con el rival de Salgado Macedonio, el ex súper delegado en Guerrero Pablo Amílcar Sandoval, posición desde la cual preparó su lanzamiento. Impulsado por esta poderosa plataforma, exhibir su rostro en cientos de espectaculares en la región y ser hermano de Irma Sandoval, titular de la Secretaría de la Función Pública, llevó a muchos a dar por sentado que se trataba de una candidatura asegurada. Sin embargo, en Palacio Nacional venían creciendo reservas sobre este grupo político desde hace algunos meses por razones acumulativas: los videos auto promocionales de la Secretaria, las polémicas protagonizadas por su esposo el académico y mediático John Ackerman, la puja de esta fracción por colocar a sus propios simpatizantes y aliados en comisiones y espacios políticos destacados y desencadenar rencillas dentro de Morena cuando no lo conseguían, además de la precampaña de Almícar considerada excesiva y onerosa desde la perspectiva del mandatario.

Sin embargo hubo dos elementos adicionales que desencadenaron la animadversión presidencial. Uno, la investigación de la SFP en contra de Manuel Bartlett; y no tanto la investigación en sí misma sino el hecho de que este grupo quisiera convertir a la cabeza del director de la CFE en un trofeo de guerra para impulsar su propia popularidad, de allí la saña con la que se habría esculcado a familiares y cercanos del exgobernador de Puebla; un ímpetu convertido en acoso, a juicio de Palacio. El inmenso costo político que habría tenido la caída de su gran alfil en materia energética y que tal caída fuese por ambiciones de una facción política dispuesta a dañar al conjunto en aras de su propio proyecto, colmó la paciencia de AMLO.

La puntilla final fue el torpedeo de la candidatura de Salgado Macedonio, que antes del escándalo el centro había comenzado a promover para evitar que este grupo se hiciera del control de Guerrero. En realidad no se trata de un lopezobradorista de cuño, pero es alguien con quien el Presidente nunca había tenido mayores desencuentros; su celebridad local podía no obedecer a los motivos más encomiables, pero era obvio que se trataba de un personaje popular entre sus paisanos; eso y su lealtad eran razón suficiente para convertirlo en una opción útil para detener el ascenso de Pablo Almícar Sandoval.

Pero se desencadenó el escándalo del tenebroso pasado de Macedonio y el asunto se convirtió en una pesadilla. Una y otra vez el Presidente ha hecho público que los misiles en contra de Macedonio se originaron desde el cuarto de guerra de su rival, es decir “fuego amigo”. Una traición imperdonable de una facción interna en contra del interés del conjunto, a ojos presidenciales, porque el torpedeo a Salgado Macedonio se ha convertido en la gran bandera de la oposición. Aun menos gracia debe causarle el hecho de que se quiera mancharlo con la descabellada versión de que la elección de Salgado obedece a un supuesto pacto con los cárteles locales de la droga.

A estas alturas la defensa que hace AMLO del candidato abusador no obedece a una especial devoción por Salgado, sino al hecho de que deponerlo de la candidatura constituiría un premio a la deslealtad de una fracción interna y una derrota ante la oposición. Animal político como es, no se trata de que el Presidente ignore la legitimidad de las protestas de las mujeres y la comunidad en su conjunto, pero el uso que la oposición ha realizado de este escándalo y el hecho de que se origina en una traición interna, le llevan a priorizar la naturaleza instrumental y el oportunismo de sus enemigos y a no dimensionar la indignación de la opinión pública, ajena a estos intríngulis.

Desde luego, habrá una factura política por esta tormenta. A juzgar por el impacto de escándalos anteriores (suspensión del Aeropuerto de Texcoco, videos de su hermano Pío, liberación de “El Chapito” en Culiacán, negativa a usar tapabocas, por no hablar del desgaste que ocasiona una pandemia en marcha y su consiguiente infierno económico), tendríamos que concluir que no pasará de convertirse en tan solo una abolladura en la hasta ahora impenetrable armadura de su popularidad. El núcleo duro de sus simpatizantes se mantendrá incólume, aun cuando la suma de estas abolladuras comience a debilitar los contornos.

El problema es que entre los no simpatizantes, los no politizados y sobre todo, entre los otros actores y factores de poder, estas percepciones sí provocan un sensible daño. Parecerían confirmar, a ojos de la opinión pública, los peores adjetivos sobre López Obrador que desde siempre han propalado sus adversarios. En esa medida se traduce en un ambiente hostil para muchos de los proyectos de la 4T y entorpecen las posibilidades de que haga alianzas con otros actores sociales imprescindibles para llevar a buen puerto muchas de sus banderas.

Los motivos de AMLO pueden ser razonables y congruentes con sus objetivos y no tengo duda de la buena intención de todos ellos. Pero cada vez enfrenta más dificultades para convencer a muchos mexicanos de las bondades de la transformación que tanto anhela y ciertamente lo de Macedonio no ayuda.

@jorgezepedap

Fuente: SinEmbargo

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