Los prietos, el racismo y el clasismo en México

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Por Sanjuana Martínez

En México no hay racismo; mucho menos discriminación por el color de la piel. Tampoco existe el clasismo. Nuestra sociedad es tan avanzada, que todos los mexicanos tienen las mismas oportunidades.

Este es el razonamiento de quienes justifican las palabras del dirigente del PRI, Enrique Ochoa Reza quien dijo se refirió a los simpatizantes de Morena como “prietos que ya no aprietan”.

El señor Ochoa Reza no solo dijo esto en un discurso que pronunció en Tabasco, sino también lo escribió en su cuenta de Twitter: “A los prietos de #Morena les vamos a demostrar que son prietos pero ya no aprietan”.

La expresión racista de Ochoa Reza coincide con la imagen de su candidato. José Antonio Meade Kuribreña, es blanco, de ascendencia irlandesa, con apellidos extranjeros, egresado de una universidad privada, el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) y doctorado en la Universidad de Yale. Hijo del priista Dionisio Meade y nieto del escultor José Kuribreña. Obviamente, Ochoa Reza insultó a los “prietos” porque su candidato es blanco y rico.

Y la pregunta surge inmediatamente: ¿Cuánto importa el color de la piel en México frente a las oportunidades que se le presentan a cada persona? Mucho, según el informe del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) ¿Hay racismo en México? en donde señala que cuanto más oscura sea la piel de una persona, más difícil será alcanzar un buen nivel de vida, de estudios y oportunidades laborales y salariales.

Peor aún, uno de cada cuatro mexicanos reconoce sentirse discriminado por su apariencia física, según la Encuesta Nacional sobre Discriminación en México (Enadis) que señala además, que un 55 por ciento de los mexicanos reconoce que en México se insulta a las personas por su color de piel.

Los informes sobre el racismo en México abundan. Sólo hay que consultar cuáles son las prácticas de exclusión, desprecio y discriminación hacia ciertos grupos. Y solo hay que preguntarle a los indigenas mexicanos sobre el racismo. Es uno de las grandes grupos vulnerables.

Los indígenas mexicanos, el 12 por ciento de nuestra población, siguen siendo invisibles. No están representados en el Congreso, mucho menos en el Senado, ni tampoco en el gabinete. Por supuesto, tampoco aparecen dirigiendo alguna secretaria o presentes en las instituciones, en las grandes empresas, multinacionales o sindicatos. Sencillamente no existen para el Estado que carece de políticas públicas para su atención debida. Tampoco existen para una elite que controla y gobierna el país.

Cuando le preguntaron a los indígenas entrevistados, para la Encuesta Nacional de Indígenas realizada en 2016 por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), cuál era la mayor desventaja de ser indígena en México, un 43 por ciento consideró en primer lugar la discriminación, seguido de la marginación, la pobreza, la exclusión y el analfabetismo.

Pues bien, la nueva encuesta del INEGI ratifica lo que ya sabíamos: México es un país racista donde las personas con color de piel más clara tienden a ocupar puestos directivos y los de piel oscura a realizar actividades tésnicas, a ser artesanos, operadores, obreros o trabajadores de apoyo.

Para su estudio, utilizaron una escala cromática que clasifica la piel en 11 tonalidades. El resultado fue contundente: las tonalidades de piel más claras están vinculadas a mayores niveles de escolaridad y las de piel más oscura, presentan menores oportunidades escolares y laborales.

Tal vez por eso, Ochoa Reza se atreve a llamar “prietos” a los simpatizantes de Morena. Tal vez, por eso expuso su racismo, porque sabe que entre los votantes de Andrés Manuel López Obrador hay una gran cantidad de pobres, de trabajadores, de gente del pueblo, cuya piel es más oscura y por tanto con menos oportunidades en la vida, pero con la suficiente dignidad para decir basta y desear un cambio.

Ochoa Reza debe recordar que en México hay 70 millones de pobres, producto de los últimos gobiernos neoliberales de su partido y del PAN, o mejor dicho, del PRIAN, esa nueva unión mimetizada de los dos partidos que, ha devastado México.

Debe recordar que la gran mayoría de sus votantes son también “prietos”, gente con piel más oscura y menos oportunidades. Gente empobrecida por sus gobiernos neoliberales, gente utilizada como carne de cañón electoral a la que se le compran sus votos con dádivas de los programas sociales combate a la pobreza de Sedesol o con tarjetas Monex o Soriana.

La gran masa de ciudadanos manipulados y ultrajados por el PRI, son también “prietos”, gente de color más oscura y con menos oportunidades a consecuencia de votar por los candidatos del PRI.

El PRI de Peña Nieto, de Meade y de Ochoa Reza, es un PRI racista que se mete “autogoles”, un PRI discriminador, un PRI clasista. Un PRI en donde la mayoría de sus candidatos siguen perteneciendo a las elites del poder político y económico; pero sus votantes son “prietos”, esos mismos “prietos” que el líder priista discrimina e insulta.

Si el PRI excluye a los “prietos”, está excluyendo al 90 por ciento de la población mexicana. Y nos regresa al régimen de castas que durante tres siglos dejó profundas heridas que perduran en el racismo existente, en la exclusión y la discriminación, en las palabras “naco”, “indio”, “mestizo”, “negro”, “prieto”…

En fin, solo me resta felicitar al dirigente priista. Si la candidatura de José Antonio Meade no levanta, Ochoa Reza lo lleva por muy buen camino, pero para hundirlo. Sigan así, México, necesita que sigan así, quitándose las máscaras y mostrando sus propias miserias para que finalmente la gran mayoría de esos “prietos” no vuelvan a votar por el PRI.

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Fuente: SinEmbargo

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