“Lorencillo” Córdova llora por los presupuestos perdidos

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Por Francisco Rodríguez/ Índice Político

Esto sólo pasa en México: uno de los últimos juniors perfumados de la casta salinista – atracomulquista acaba de soltar su coletazo y su estertor. Es un supuesto inteletual –por cual–, de esos que se dedicaron a conseguir el apoyo de los plumíferos y locutores orgánicos para asaltar los organismos constitucionales autónomos y desde ahí favorecer los intereses de la cúpula de políticos convertidos en empresarios consentidos.

Se trata de Lorenzo Córdova Vianello, impuesto como presidente consejero del Instituto Nacional Electoral,‎ utilizado como punta de lanza para crear las fallidas Oples, organizaciones electorales en los estados bajo la dependencia del INE, sometidas a los dictados del peñismo, torcer los resultados y generar pingües negocios en beneficio de los ganones de siempre.

El mismo que, como Presidente Consejero, se hizo el occiso en la pasada campaña electoral para permitir que el Partido Revolucionario Institucional, hoy en franca extinción, se abalanzara sobre los ciudadanos del campo y de las regiones apartadas para comprarles diez millones de credenciales y facilitar el triunfo del telonero de Alejandra Guzmán, José Antonio Meade.

Permitió que la estructura priísta barriera literalmente los padrones para fincar de manera espuria el objetivo y dejar una estela de traición y desconfianza que sólo a ellos se le podía ocurrir. Estaban tan desesperados que era la única forma, aseguraban en altos cenáculos, de lograr la continuidad del sistema neoliberal.

Córdova Vianello, el petimetre a modo que encontraron en la cúpula

Córdova Vianello, el hijín de Arnaldo del mismo apellido, es el traumado presidente consejero que se mofaba de los grupos indígenas que se atrevían a visitar el INE para pedir su protección electoral y la salvaguarda de sus derechos humanos. Arnaldo fue aquél rabanito que se brincó a la grilla a través de la representación proporcional.

Córdova Vianello, el que se cansaba de repetir en entrevistas pagadas: “yo me crié en las manifestaciones… la conciencia cívica se hacía en el interior de mi casa… estudié en Turín,….transito frecuentemente frente a la Bolsa de Valores y eso no me convierte en accionista… y mil zarandajas más que profirió para ir construyendo…

… una imagen de padre de la patria que superara la de José Woldenberg, un artificio del sistema zedillista, sin llegar a percatarse de que sus entrevistadores bien pagados y colmilludos hasta lo llegaron a agarrar de patiño. Siempre fue el hazmerreir de la bombardeada democracia del rancho grande.

‎Córdova Vianello, el petimetre a modo que encontraron en la cúpula para tapar la falta de alma del aparato electoral priísta: finalmente no era un grupo de dirigentes de masas, no tenían un sistema de instituciones sociales, sólo era una pandilla de rateros y oportunistas desorganizados.

Ojos cerrados y oídos sordos ante la compra priísta de credenciales

Ante el panorama, donde nadie ofrecía una solución que tuviera pies o cabeza, porque sencillamente no tenían de donde sacar los votos para Meade, diez millones de electores que separaban al puntero López Obrador del resto de la manada, se preguntaban, ¿qué hacer, si los recursos no han bajado?

‎No tardó en llegar la respuesta: los cien mil millones de pesos que formaban el cochinito electoral de Los Pinos, extraído a las malas de Pemex y CFE, fueron definidos en el cuarto de guerra de la conspiración, una sala privada en Santa Teresa, domicilio de Carlos Salinas de Gortari donde se ordenó el golpe de Estado técnico.

Los 14 gobernadores del PRI, los 12 del PAN y los que se sumaran como el michoacano Silvano Aureoles del PRD, obtuvieron la encomienda: la única manera de brincar la vara y salvar el pellejo era comprar las credenciales, por encima de la voluntad popular.

La gente le volteó la espalda al PRI. Pero Lorencillo, no. Él cumplió

Los cien mil millones fueron destinados a una sola operación, le llamaron el tiro de precisión, que consistía en cubrir la diferencia de los veinte puntos electorales con un golpe maestro a la medida de un pueblo hambriento, pues coincidieron con quien se dice oriundo de Agualeguas en que “contra la necesidad nadie puede”.

‎Y manos a la obra: el PRI soltó a una jauría de operadores electorales, mapaches y encantadores de serpientes a la compra del preciado material para fabricar el estropicio y darle de comer a los ratones locos. Desgraciadamente, por cansancio, llegaron a la conclusión de que no contaban con ellos. Ya se habían ido del partido tricolor. Ya no creían en nadie.

Los pocos que salieron a trabajo de campo recibieron los portazos en la nariz. Y como el quiebre de los militantes empezó por el desánimo mental, ya no tuvieron para dónde hacerse. Un alud de reclamaciones ciudadanas, demandas, quejas y encabronamientos les cayó encima. La gente les volteó la espalda. Pero Lorencillo, no. Él cumplía el pacto.

Los pripanistas, mayoría en la Cámara de Diputados, única autorizada para aprobar el Presupuesto de Egresos, le concedieron más de veinte mil millones al INE para “preparar las elecciones”, dominar a las Oples, a los comités distritales y a los tribunales locales y federales para consumar el atraco… ¡aunque no tuvieran votos! Eso sólo pasa en México.

Sin falsas modestias, cuatro meses antes de la elección, esta columna fue la primera que públicamente denunció la artimaña, que estuvo a punto de destruir toda Institución y toda esperanza. Los pripanistas de entonces, no lo hicieron porque no pudieron, siempre quisieron.‎ Y nunca tuvieron el número de mapaches para lograrlo. Una vergüenza monumental.

A Lorencillo nunca se le ha cobrado esa traición. Ni siquiera amonestado

Lorencillo, aplaudido por los comentócratas que interesadamente lo empoderaron, se cubrió el rostro con la capa del bandolero y defendió la estrategia fallida en todos los foros de TV y frente a todos los micrófonos y plumas pagadas con exagerados costos para el presupuesto público. Era el feroz defensor de El Golpe.

Como nunca fue nada, esta rara mezcla de júnior, borderline y cara de farsante, a la caza de oportunidades de lo nice y de lo trendy, apareció cariacontecido pontificando como inteletual –por cual– para afianzar sus negocios de proveedurías, asesorías de sultanato para sus ciento cincuenta favoritos‎ y todo lo que de ello derivara.

A Lorencillo nunca se le ha cobrado esa traición. Nadie sabe que haya sido molestado con el roce de un pétalo, menos amonestado por la Secretaría de Gobernación, Olga Sánchez Dávila –no Cordero–, ocupada en defender los privilegios de los ministros de la Corta, donde dejó atrapada su larga cola, ya que era una de las beneficiadas principales en sus embutes.

Llora suplicando no le quiten presupuesto, ni el manejo de las Oples

Por eso, el hijín de Arnaldo, sabiéndose inmune, llora lágrimas de cocodrilo, suplicando no le quiten presupuesto, el manejo de las Oples y el control de ‎las elecciones federales y locales, más sus resultados oficiales.

Defiende esos entrambuliques con una rabia desusada, ésa que sólo nace del prevaricato y el fraude maquinado en el que ha sido cómplice y defensor nylon. Afortunadamente, ya nadie cree en sus lances ni en su derrière.

Saben que es el pelele del pripanismo al que busca proteger otra vez. Es uno de los últimos perfumaditos de la clase empoderada. Un huevo de serpiente que ya no se pudo empollar.‎ No porque no quieran, sino porque ya no pueden.

¿No cree usted?

Fuente: Índice Político

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