Lectura de Tatiana

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Por Ernesto Hernández Norzagaray

Cuando supe que Tatiana Clouthier presentaría su libro Juntos hicimos historia en la cancelada Feria del Libro y las Artes (Feliart) le escribí a su hermano Manuel pidiéndole su apoyo para que intercediera y se me permitiera estar como presentador de su obra en Mazatlán.

Y así fue, a la primera hora de la mañana siguiente me llamó Luis Alonso Enamorado, coordinador de la feria, para confirmar mi participación y me pidió que me pusiera en contacto con Alejandro Páez, quien estaba contemplado cómo único presentador.

No estaba en el horizonte que el alcalde Luis Guillermo Benítez en un acto insensato cancelaría de último momento la feria, negando el permiso de uso del suelo y el apoyo económico que había prometido para “hacer de la Feliart la más importante de México, después de la FIL de Guadalajara”.

No tenía el libro y lo compre en la librería La Casa del Caracol. Lo leí de un tirón y fue una revelación por la frescura con qué Tatiana expone con todo detalle su experiencia como coordinadora de la tercera campaña presidencial de Andrés Manuel. No hay en ella ningún tipo de impostura sino por el contrario, va al grano con una sencillez que inmediatamente cautiva al lector. Es la marca de alguien que está hoy en la política con una motivación ciudadana. Su paso por el PAN y luego por distintas organizaciones de la sociedad civil rompe con el prototipo del político hecho en los partidos y lejos de las luchas que todos los días se dan en muchos rincones del país.

Juntos hicimos Historia es un libro escrito desde la acción y la ética política, desde el mejor deber ser ciudadano, es un guiño a la historia de estas gestas frecuentemente anónimas que han marcado profundamente el México contemporáneo.

Es un texto construido además con la arcilla de los protagonistas de la trama electoral, con un profundo sentido humanista tan escaso en nuestro medio político y académico. Uno, porque frecuentemente no termina se despojarse de las formas y modos bizarros y el otro por la búsqueda de la “objetividad” a través de fórmulas complejas y un lenguaje para especialistas.

Vamos, si hubiera que encasillar el libro, más que reconocerlo como un texto testimonial, qué sin duda lo es, es algo más sutil, su narrativa busca construir una didáctica para la acción de hombres y mujeres libres. Y para ello se monta en ese sentimiento de triunfo que alcanzó a decenas de millones de mexicanos y que siguen acompañando a AMLO, aun con las andanadas cotidianas en su contra, teniendo como fin último la recuperación de la confianza en la política.

O sea, leído con perspectiva Juntos hicimos Historia es una obra intemporal, va más allá de un triunfo electoral con sus episodios, estética y personajes, para convertirse en una referencia de lo que debe y no debe hacerse en una campaña por los votos.

Busca, recordar, qué la política puede ser de otra forma y que aun con sus estilos y modos, ya es de otra forma. En el centro está la responsabilidad del ciudadano con su entorno y el compromiso con las grandes tareas nacionales. El texto en ningún momento sucumbe ante la simplicidad o las fórmulas reductivas de una realidad en extremo compleja. Al contrario, problematiza con agudeza y en algunos pasajes hasta con humor, poniendo en el centro el debate público el que se origina en la calle, continúa en las tertulias y termina en los platós de los grandes medios de comunicación.

Y es que una obra como está tenía que escribirse luego del triunfo de Andrés Manuel. La espera había sido larga y estaba sembrada de los fraudes electorales que habían provocado un malestar generalizado. Más aun, cuando la corrupción que caracterizó el gobierno de Peña Nieto sólo tiene parangón en el tamaño de su propia impunidad. En las fortunas enormes que se crearon al amparo de la función pública y qué hoy están en la mira pública.

En esa plataforma viciada se levanta enorme la candidatura de Andrés Manuel y no hubo manera de que los candidatos de la competencia pudieran detenerla. Todos los intentos por hacerlo fueron inútiles. Las campañas en los grandes medios de comunicación, las noticias falsas que se vertieron descaradamente en los debates públicos incluso la atmósfera de violencia que domino el imaginario colectivo no pudieron restarle votos sino tuvo un efecto contrario. El sentimiento de esperanza estaba inoculado y sería impermeable a cualquier tipo de señalamiento.

En este saldo positivo el papel de Tatiana es fundamental, actúo frecuentemente como un muro de contención en el debate público. Su desempeño en las llamadas mesas de análisis donde participaban los otros coordinadores de campaña provocó reacciones positivas en segmentos del electorado tradicionalmente conservador. Su rostro sereno y discurso inciso fue imbatible ante quienes buscaban socavarla mediáticamente y ella se dio el espacio para poner en evidencia a personajes duros como Javier Lozano o el mismo Jorge Castañeda.

Entonces, el libro no es uno más, tampoco otro más que se va a las bodegas por la ausencia de compradores, es un éxito editorial, porque sirve para muchas cosas, pero especialmente cómo experiencia de una campaña presidencial exitosa que demuestra que la comunicación política no es magia. Que no hay receta mágica para garantizar el triunfo a cualquier político de ocasión o sobradamente corrupto pues se necesita una figura pública ante todo creíble. Qué este país lo encontró en AMLO y surgió en medio del ruido del jingle una luz de esperanza.

Y esa luz de esperanza que irradió todo, hizo visible a muchos personajes anónimos que llegaron a cargos públicos sin mayor esfuerzo, sin oficio político, sin entender el sentido profundo de la exigencia del cambio político y que hoy desde posiciones de poder, se han encargado de dilapidar y minar el capital político de esa gran campaña, cómo lo vemos, con el alcalde mazatleco, que por sus pantalones y mentiras decidió cancelar una feria de los libros, cerrar una ventana al conocimiento y a la imaginación, a la esperanza que registran libros cómo el de Tatiana.

Fuente: SinEmbargo

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