Las “previas”

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Por Luis Javier Valero Flores

 

El lamentable incidente, en el cual la mayoría de los regidores del Ayuntamiento de Juárez (PRI, PRD, PT, Verde y Panal) decidió expulsar a los integrantes de la agrupación civil “Regidor 19” de la reunión “previa” del Cabildo, retrata nítidamente cuán alejada se encuentra la clase política de la sociedad.

De varios años atrás se ha impuesto esta práctica de realizar reuniones de los cabildos de manera previa a la “oficial”. En ello han estado de acuerdo los miembros de todos los partidos que cuentan con representación en los órganos de gobierno municipales.

“Los regidores argumentaron, para que fueran retirados dos representantes de Regidor 19, el cumplimiento al Reglamento Interior del Cabildo que determina quiénes pueden ingresar a estas sesiones previas, a puertas cerradas, porque no son públicas”. (Nota de Antonio Rebolledo, El Diario de Juárez, 2/IV/14).

Desde hace varios meses, esta organización “acompañaba” al “presidente de la Asociación Civil Plan Estratégico de Juárez, Miguel Fernández Iturriza, poseedor de un amparo desde el año pasado para ingresar a las sesiones previas de Ayuntamiento” y que había obtenido la “anuencia” del alcalde, Enrique Serrano, para que lo acompañaran los de la agrupación. (Ibídem).

Pero esa decisión no se puede desligar del hecho que apenas unos días antes, esta agrupación denunció a varios regidores por ser ausentes crónicos de las sesiones “oficiales” del Cabildo juarense.

Parece represalia por semejante acto de audacia y de atrevimiento frente a los sacrosantos representantes de la comuna local.

Más de uno de nuestros lectores podrían llegar a la conclusión que les podía asistir la razón a los regidores, pues al fin y al cabo que para eso son funcionarios públicos. Hasta ahí todo bien, si nos basamos en la vieja noción que teníamos del quehacer público. Podríamos pensar que los regidores, el secretario, el síndico y el presidente municipal tienen derecho a celebrar estas reuniones en las que pretenden ponerse de acuerdo en las cosas que determinarán en la sesión del Cabildo que se realiza, generalmente, al día siguiente.

El problema estriba en que esas sesiones se realizan para discutir los asuntos del Municipio (y el caso abordado hoy es sólo el ejemplo porque en casi la totalidad de los cabildos se mantiene esta práctica), los que son públicos, lo que, por tanto, obligaría a la autoridad a respetar lo establecido en el Código Municipal:

“ARTÍCULO 22. El Ayuntamiento como órgano deliberante, deberá resolver los asuntos de su competencia colegiadamente y al efecto, celebrará sesiones públicas ordinarias o extraordinarias; previo acuerdo de la mayoría de sus integrantes, las sesiones podrán ser privadas cuando así se justifique.

Se celebrarán sesiones extraordinarias cuando sean necesarias a juicio del presidente municipal o a petición de la mayoría de los integrantes del Ayuntamiento, debiéndose citar para ello a sus integrantes, ajustándose en cada caso al Reglamento Interior”.

El acuerdo de los regidores se tomó en contra del previo del alcalde Enrique Serrano que le había permitido a la agrupación “Regidor 19” presenciar las reuniones “previas” del cabildo. Su argumento fue el de que ellos pueden resolver cuáles sesiones son públicas o no. Y sí, tienen razón, pero en el caso de las sesiones del cabildo que justifiquen la realización de una sesión privada, no en una como la que ahora comentamos, las que buscan ocultarle a la sociedad los diferendos que puedan presentarse en el curso de la toma de decisiones que finalmente afectan al total de la población del municipio en que se realice tal práctica.

Lo más preocupante, en el caso que nos ocupa, es que ante la negativa de los integrantes de la agrupación civil, el secretario del ayuntamiento, Jorge Quintana, decidió suspender la reunión ¿Por qué? ¿Por un principio de “autoridad”? ¿O porque se discutirían asuntos que no deben saber los ciudadanos del municipio de Juárez?

Para argumentar la resolución de los regidores, Quintana adujo que el reglamento interior del Cabildo así lo señala pues, dijo “no pueden ingresar a las sesiones previas personas ajenas a las que (no) autoricen los regidores en pleno”. Y agregó que Fernández Iturriza puede asistir a las sesiones previas, más no sus acompañantes, y si éstos deseaban acceder, deberían tramitar sus propios amparos “o que esperen las modificaciones al reglamento que los regidores deben solicitar”.

El problema está en que el reglamento del Cabildo no puede estar en contradicción con lo establecido en el Código Municipal. Y no sólo porque así está regulado, sino porque tales determinaciones van en sentido contrario a lo buscado en el funcionamiento de los cabildos, que estén en mayor contacto las autoridades y sus gobernados; no por razones sentimentales, sino porque este nivel de gobierno resuelve varios de los aspectos más directamente involucrados en la vida diaria de la sociedad.

Entonces ¿Para qué ocultarse, ya sea en las reuniones “oficiales”, o en las “previas”?

¿Cuánto tardarán nuestros políticos en asimilar que los asuntos públicos son eso, públicos?

 

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