La pandemia también impacta en la salud mental: Óscar Esparza

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El estrés y la ansiedad son los padecimientos que más afectan a fronterizos, advierte el doctor en Psicología Óscar Esparza del Villar, catedrático de la UACJ

Vinculan a la sociedad en temas que perjudican al adulto mayor |  COMUNICACIÓN UNIVERSITARIA

Por Hérika Martínez Prado/ El Diario

Tras siete meses de pandemia por el nuevo coronavirus (Covid-19), los chihuahuenses sufren altos niveles de estrés y ansiedad. Y en especial a las mujeres les afecta más en el sueño, informó el doctor Óscar Armando Esparza del Villar, profesor investigador de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ).

Los primeros problemas que trajo el nuevo coronavirus fueron el confinamiento, el haber perdido a alguien cercano debido al Covid, el tener que salir a trabajar con la preocupación de poderse enfermar y el desempleo, destacó al presentar el tema “El Covid y su relación con indicadores de salud mental”, durante la quinta sesión del seminario Sociedad y Territorio del Estado de Chihuahua, en el módulo “Salud Mental en Tiempos de Pandemia”, organizado por El Colegio de Chihuahua (El Colech).

Los indicadores presentados por el miembro del Sistema Nacional de Investigadores del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) formaron parte de un trabajo realizado en coordinación con los doctores Alejandro Domínguez Rodríguez y Sarah Margarita Chávez Valdés, cuyas encuestas fueron contestadas por habitantes de 28 estados del país, la mayoría de las personas en Chihuahua.

“Como secuela, el coronavirus le llega al cerebro y tiene cierto tipo de alteraciones que le provocan dificultades mentales o gente que está tardando mucho en recuperarse de los síntomas, y eso también le está generando algún tipo de malestar psicológico. Entonces mientras no se encuentre una vacuna, un medicamento efectivo para tratar el coronavirus, el riesgo va a estar presente, y las preocupaciones seguirán afectando a las personas”, informó el profesor investigador.

El 30.9 por ciento de los encuestados manifestó niveles de ansiedad severa, 22 por ciento moderada, 31.3 por ciento leve y 15.8 por ciento normal; mientras que el 32.3 manifestó tener niveles severos de depresión, 20 por ciento moderados, 17.2 leves y 30.6 mínimos. Además, el 92.5 por ciento dijo tener problemas de sueño.

En la comparación entre hombres y mujeres, en la escala de ansiedad y depresión no se encontró ninguna diferencia significativa, “sin embargo en calidad de sueño sí encontramos una diferencia, y las mujeres tenían menor calidad de sueño que los hombres. La diferencia era entre pequeña y moderada”, señaló.

En el caso de las personas desempleadas, tenían más depresión y mayor ansiedad generalizada.

La calidad de sueño no se relacionó con el nivel educativo; sin embargo “encontramos que la gente que tenía maestría, en comparación a los que tenían preparatoria, reportaban menores niveles de ansiedad”.

“También encontramos que la gente que tenía licenciatura reportaba más ansiedad que los de maestría. Encontramos que entre menos nivel académico, por lo general preparatoria, reportaban más ansiedad que otros grados más avanzados… y en depresión encontramos lo mismo”, apuntó Esparza del Villar.

Además, la gente joven reportó más depresión y más ansiedad, señaló al concluir que debido a la pandemia existen altos niveles de ansiedad, depresión y menor calidad de sueño.

“En un principio las personas se veían afectadas por la ansiedad, la ansiedad es preocupación excesiva, porque me enferme, porque se enferme alguien cercano a mí, porque se muera alguien cercano a mí o porque me quede sin trabajo. Se entienden estas preocupaciones y pueden llegar a ser tan extremas que desarrollen una enfermedad de un trastorno de ansiedad”, comentó.

La depresión se puede dar al perder el trabajo, gente cercana o la libertad al no poder salir.

“Sin embargo, también es probable que encontremos el otro problema; gente que ya no se preocupe y no se ponga triste y que sienta que el coronavirus ya no es tan peligroso, y es lo que estamos viviendo aquí en Ciudad Juárez, ahora que pasamos al semáforo amarillo la gente empezó a salir de más, de tal manera que ahora vemos cómo los hospitales están saturados. La falta de miedo también puede ser un problema personal, llevando a la enfermedad física, y problema social, contagiando a otras personas, concluyó.

Fuente: El Diario

 

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