Jugar bonito

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Por Alejandro Páez Varela

En política es claro que ese odio se alimenta de frustración y envidia porque una condición para que él llegara a la Presidencia es que otros fueron derrotados.

Saúl Álvarez soñaba con ser el mejor libra por libra de su tiempo. Los jueces, sin embargo, le dieron la victoria al ruso Dmitry Bivol en lo que fue la séptima defensa exitosa del supercampeonato de la AMB. “Canelo” escribió en su cuenta: “El boxeo es así, a veces se gana y a veces se pierde, pero siempre con la frente en alto. Me quedo con la gran pelea que ofrecimos a la gente. Volveremos a pelear y volveremos a ganar”. Pero sus odiadores se le lanzaron todo el domingo a niveles vergonzosos, acusándolo con medias verdades y mentiras de forma poco generosa. Odiadores que “Canelo” derrotaría, libra por libra, si se los encontrara en un bar.

Enrique Bermúdez, quien, entiendo, es una celebridad nacional (aunque yo sólo lo ubico por su voz chistosa), dijo: “La neta no entiendo la felicidad de algunos por la derrota del ‘Canelo’, lo mismo sucedía con Hugo Sánchez. ¿Será frustración y envidia lo que los lleva a eso?”. Luego me puse a leer comentarios y respuestas y una cantidad impresionante decía que Álvarez no tenía derecho a estar donde está, y que su vanidad lo hacía merecedor de la derrota. En pocas palabras: el tema no es que sea bueno o malo en boxeo; se merecía perder por vanidoso, según estos argumentos.

El odio suele ser, en México, un deporte más socorrido que el box. Odio en la política, odio contra cualquiera, odio para argumentar y para concluir. En lo personal no creo que “Canelo” sea Julio César Cávez, pero es un deportista preparado y talentoso. Y compite a sabiendas de que puede ganar o perder. El reclamo que le hicieron a Bermúdez agregaba este dato: que él y otros comentaristas suelen inflar figuras deportivas y les hacen daño. Pero eso está fuera del ring, es decir: no es parte de lo que sucede en el encordado. Y en el ring lo que sucedió es que, a criterio de los jueces, no fue suficientemente bueno. Que le faltó. Reclamarle a un deportista por un desempeño insuficiente es parte del espectáculo, pero desearle lo peor porque no les cae bien es parte del odio. Y no está bien.

Eso en los deportes. En lo político se dan escenarios muy similares. Un sector de la población odia al Presidente por lo que es y por lo que representa; les parece vanidoso y no importa cómo sea su desempeño: no tenía derecho a estar donde está y es merecedor de la derrota. Es “López”, y ya. Suficiente para que no merezca siquiera darle la oportunidad. Subió al ring derrotado –para ellos– y no importa lo que haga o lo que deje de hacer. Han creado entre todos una imagen de él que lo hace intolerable y no importa usar medias verdades o mentiras completas contra él: como a Hugo Sánchez o como al “Canelo”, se le odia y ya. ¿Tiene logros por encima del promedio? Sí, o no; no importa: se le odia y entonces se le castiga con el desprecio. En política es claro que ese odio se alimenta de frustración y envidia porque una condición para que él llegara a la Presidencia es que otros fueron derrotados. No justifico la frustración y la envidia. Sólo la escribo porque allí está. Y todos los días un Vicente Fox está para confirmarlo y alguno otro se convierte en el ejemplo de la semana.

El viernes pasado, el equipo de verificación de la agencia Associated Press marcó como fake news o “noticia falsa” un cartón amañado y difundido por la cuenta de Claudio X. González, padre de la alianza Va por México. En el cartón falso se intenta humillar al Presidente haciéndolo pasar por un mono al servicio del cilindrero identificado como Donald Trump. En el original aparece justamente éste último como primate al servicio de Vladímir Putin. La agencia verificó que el cartón fue publicado en Canadá y nunca se refirió a López Obrador. Cita directamente el comentario dentro del tuit que publicó el hijo del magnate del mismo nombre: “Qué lástima… Me puede mucho”, escribió. Claro que no le duele. Como con el ejemplo de “Canelo”, su regocijo habría sido que ese cartón falso fuera realidad.

Nunca sabremos si el señor Equis González manipuló el cartón para sobajar al Presidente, pero un análisis rápido de su cuenta de Twitter indica que desde tiempos de Peña, cuando empieza a ser activo en esa red, lo volvió su objetivo. Tiene preferencia por los cartones del monero Calderón, del diario Reforma, que es un abierto opositor de López Obrador desde tiempo atrás. No hay, en la cuenta del fundador de la alianza opositora, señalamientos así a otro Presidente mexicano del pasado pero sí una clara inclinación por denostar a AMLO, desde antes incluso de que fuera candidato presidencial en 2017. Dicho de otra forma: su histórico permite advertir que no es una sorpresa que desde su cuenta trate de humillar al líder de izquierda. Incluso –como demuestra la mayor agencia noticiosa del mundo– con información falsificada.

Por supuesto que es totalmente válido que el hijo de un magnate, líder del sector empresarial durante décadas, sea un opositor de López Obrador. Y que ese grupo económico que él representa también lo sea. Faltaba más. México es una democracia y todos tenemos la obligación de garantizar la libertad de Claudio Equis para decir lo que se le pegue en gana. El tema son las noticias falsas. Los empresarios detrás de él han usado por años la mentira como una herramienta de manipulación y allí está como ejemplo la guerra sucia de 2005-2006. La campaña “es un peligro para México” se basó en mentiras y el tiempo se ha encargado de hacerlo evidente. Contra lo que hubieran querido, el actual Gobierno federal se ha conducido con total ortodoxia (más incluso de lo que muchos esperaban) y el resultado es la estabilidad del peso o la confianza del consumidor y del empresariado (según los indicadores de Inegi) en medio de una crisis que el mundo no había visto en cien años.

Sin embargo, en política sí existe un problema serio con el uso de información falsa o con el ocultamiento de información. Cuando Claudio Equis operaba para que su alianza PRI-PAN-PRD-MC dijera NO a la Reforma Eléctrica, en realidad defendía los intereses de su familia: Kimberly Clark, que dirige su hermano, es beneficiario de las falsas sociedades empresariales que permitió la Reforma Energética de Enrique Peña Nieto para evadir pagos al erario. Kimberly es parte de una sociedad falsa con Iberdrola. Y ese es sólo un ejemplo menor, porque la histórica formación opositora no sólo defiende a un sector que se beneficia con la evasión de pagos a la CFE, sino en general: se beneficiaba con concesiones para explotar bienes nacionales (entre ellos el agua) o con la exención de impuestos. Claudio Equis no es un simple odiador de redes que sale a reñir a un boxeador al que no quiere, sino uno que en el pasado era beneficiario de los anuncios de la función de box; que controlaba el ring y a los jueces y que se hacía pasar como un anónimo entre la multitud, un fanático más; un comentador ocasional e inocente cuando en realidad arreglaba las funciones de box desde antes y con un puro en la mano.

“El boxeo es así, a veces se gana y a veces se pierde”, dijo Saúl Álvarez después de la pelea. Gran lección para todos los que se venden como demócratas.

Bien harían Claudio Equis y todos los que van con él a la retoma del poder en 2024 en ser honestos y transparentes; en poner todas las fichas sobre la mesa y decir exactamente qué les mueve. Y si alguien, con toda la información en la mano, quiere votar por defender los intereses de esa élite, bienvenido: de eso se trata una democracia. Pero el hecho de que hayan manipulado información en el pasado no les da derecho para seguir manipulándola hoy. Que abran sus cartas (y ahora voy a sorprender a todos los que saben que no sé una pizca de deportes): que jueguen bonito, como invita ese término popularizado por Pelé desde 1977 y que fue lema de la Copa del Mundo 2010.

Fuente: SinEmbargo

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