Gobierno supranacional y manipulación

0

Por Luis Javier Valero Flores

Pocas cosas pueden superar, en naturalidad, la conducta de un grupo humano si se encuentra con un balón en medio. Todos sus integrantes, con frenesí, intentarán superar a los otros, conservarlo y, en la era moderna, meter un gol.

Prácticamente no hay cultura antigua que tenga entre sus aportaciones y costumbres haber gozado de la práctica de un juego de pelota. Ahí se encuentra la base del éxito moderno del fútbol, que alcanza en las fechas de la celebración del campeonato mundial, cifras de espanto y seguimiento a través de todos los medios de comunicación actuales.

Además, como ninguna otra actividad económica del espectáculo y de la globalidad, evidencia palmariamente el grado de concentración de la riqueza en el planeta; del control en la vida de los humanos, modelando formas de vida, concepciones, hábitos, aspiraciones personales y colectivas y, especialmente, del modo en que se advierte la existencia de los poderes supranacionales.

Y como es un eficiente medio de control de las masas, las clases políticas –por supuesto, también las más poderosas económicamente, existentes casi de manera simbiótica– y la mayoría de las élites religiosas usan el fútbol para manipularlas.

No por casualidad las élites políticas preparan absolutamente todo para que sus imágenes circulen profusamente mostrándolas como las más fervientes seguidoras del equipo nacional y, en una absurda paradoja (como si hubiera de otro tipo), enaltecer el “espíritu” nacional, el nacionalismo más primitivo.

Así, en tanto se postran ante el poder supranacional del organismo rector del fútbol, intentan incitar el patriotismo a través de los futbolistas integrantes de los equipos nacionales.

Eso lo hacen todas las élites gobernantes, con diferentes modalidades y una más que evidente gradación, por supuesto –otra vez– dependiendo del desarrollo democrático de cada país.

México, en esta materia, como en muchas otras de carácter negativo, es de los líderes mundiales.

Por ejemplo, la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA) establece que ninguna persona física o moral puede detentar la propiedad de dos equipos en la misma categoría en la liga local. Eso no priva para México, Televisa y Carlos Slim cuentan, en la máxima categoría, con dos equipos cada uno, como antes la empresa Modelo ¿Y las regulaciones del organismo futbolero? No po’s ceden ante los intereses del principal oligopolio de la televisión latinoamericana y del segundo hombre más rico del planeta, amén de que la principal marca refresquera del mundo comparte la propiedad de Televisa y es una de las principales animadoras y beneficiarias del evento futbolero.

Más. Ningún directivo, jugador, instancia o dependencia pública, ni ciudadano alguno pueden recurrir a los tribunales locales (es decir, los nacionales) para dirimir alguna querella en materia de fútbol, so pena de que la agrupación nacional (les llaman federaciones nacionales) quede, automáticamente, fuera de la organización internacional, temporal o permanentemente.

Así, los jugadores no pueden acudir a los tribunales nacionales para resolver algún asunto laboral con sus equipos. Estos, la federación nacional y el jugador (éste último de manera más drástica aún, y en la mayor parte de los casos, casi siempre y de modo definitivo) quedarán fuera de la FIFA, el organismo regulador del fútbol que actúa como una verdadera mafia o grupo del crimen organizado.

A nadie responde, ninguna ley ni sistema jurídico la alcanza.

Y si puede lo más, ¿por qué no lo menos?

Así, a las peculiares condiciones político-económicas de Brasil –de un recrudecimiento de los conflictos sociales, del rechazo de amplias capas de la población a las elevadas inversiones públicas para celebrar el torneo de fútbol, del pronto relevo presidencial, de las inexplicables decisiones para la construcción de estadios y del crecimiento de la inflación, y un largo etcétera– se sumó la intolerable monopolización de los boletos y el hospedaje por empresarios ligados económicamente al hijo del presidente de la FIFA, el alemán Joseph Blatter, y que convirtieron al presente campeonato mundial en el más caro de los celebrados hasta ahora.

Más allá de la discusión sobre si la imagen del país sede saldrá fortalecida por el éxito o el fracaso en la organización y celebración del evento, lo importante, para los brasileños, serán sus remanentes y en qué tanto influirán en el futuro próximo, no el político electoral, sino el económico y en el impacto sobre la mayoría de la población.

Algo atenuará los impactos negativos si, como sostienen la mayoría de los especialistas deportivos, Brasil obtiene el campeonato, tendencias que se fortalecieron parcialmente con la derrota del campeón, España, pero que al mismo tiempo, ante la contundencia de Holanda hacen que se le vea, desde ya, como uno de los contendientes más fuertes.

Pero en Holanda, más allá de que celebrarían alegremente el título, no pasará nada sustancial políticamente. En Brasil sí, y esas son las diferencias en el desarrollo democrático de las naciones que ahora acuden al torneo.

De ahí la importancia de las maniobras, por ejemplo, de la dupla PRI-PAN en el Congreso de la Unión que, precisamente ahora, en las fechas de celebración del torneo mundialista, hayan resuelto discutir las leyes secundarias de la reforma energética y de telecomunicaciones.

¡N’ombre, dicen los senadores priistas, el pueblo de México está capacitado para estar pendiente de los juegos del Mundial y de la discusión de tales iniciativas de ley, por eso las programamos así!

¡Ah, pero el presidente Peña Nieto le regaló una camiseta del equipo mexicano al Papa Francisco, en lugar de, por ejemplo, un sol azteca, una réplica del Chac Mool o de las pirámides de Teotihuacán, o cualquier otro objeto representativo de la cultura mexicana!

Bueno, a lo mejor un libro de cualquiera de los grandes escritores mexicanos, de alguno que haya leído el mandatario mexicano ¡Ya me imagino a la reina de Inglaterra regalándole al Papa una camiseta del equipo de fútbol, o a Obama una camiseta de los Yankees de Nueva York o de los 49’s de San Francisco!

Pero están tan cerca del pueblo de México que deberíamos ver la cara de angustia del Secretario de Gobernación, Miguel Osorio Chong, cuando el equipo mexicano sufría para contener los embates de Camerún, con paradojas tan inexplicables como las de las pantallas de televisión prendidas a todo tren en las oficinas municipales de Juárez, en tanto el alcalde trabajaba como si fuera una jornada normal. O la de la orden de la Oficialía Mayor del Ayuntamiento de Chihuahua de suspender el servicio de internet –para que nadie pudiera seguir por esta vía la transmisión del partido–, en tanto el alcalde Javier Garfio se ponía la camiseta verde frente a las cámaras fotográficas y televisivas.

Pero si tales manifestaciones son tan solo eso, intentos de aparentar (más allá de que sí pueden ser reales, en virtud de ser legítimamente aficionados a este deporte) cercanía e identificación con el público mayor, lo realizado por los senadores del PRI y del PAN, en aras de ganar literalmente tiempo para no enfrentar un supuesto  (y quizá débil) rechazo popular a las reformas energéticas, han acelerado las discusiones en las comisiones y han aprobado verdaderos esperpentos legales, de entrega total de los recursos energéticos al capital privado, cualquiera que sea su origen y que, como todo mundo sabe, la absoluta mayoría será extranjero, de los más poderosos consorcios que, por pura casualidad, también intervienen de manera fundamental en la conducción de las principales empresas beneficiarias de la parafernalia mercadotécnica que gira alrededor del máximo evento futbolístico.

Es de tal magnitud la expoliación que en lo aprobado en los últimos días de la semana figura, por ejemplo, la creación de la expropiación en favor de extranjeros o nacionales, no sólo en materia de explotación petrolífera sino también en el sector de electricidad, de tal manera que “el gobierno decretará, en un plazo de 10 días, la expropiación de terrenos y propiedades requeridos por las empresas nacionales y extranjeras que tengan contrato para generar y comercializar electricidad, en caso de que no hayan llegado a un acuerdo (empresas y dueños de los predios) sobre la indemnización respectiva”, cuyo precio ni siquiera será fijado por los propietarios –como en cualquier otra transacción comercial–, sino por un organismo oficial.

“El Instituto de Administración y Avalúos de Bienes Nacionales (Indaabin) mediará entre el afectado y la empresa contratista, y podrá ‘sugerir’ la forma de adquisición o uso de los terrenos o propiedades donde se habrá de construir estructura eléctrica. Además, en caso de que el propietario no acepte los avalúos particulares, este instituto será el encargado de fijarlos”. (Nota de Andrea Becerril, La Jornada, 14/VI/14).

O sea, el cumplimiento de la vieja orden de los petroleros de inicios del siglo XX a los propietarios de las tierras con petróleo en sus entrañas: –O me vendes o me vendes.

Peor que antes, ahora, en fast track se expedirá una orden de expropiación ¡En 10 días!

Ante tan descomunal entrega, la única oposición ha sido la presentada por los legisladores de PRD, PT y MC sin la respuesta popular que debería concitar ¡Ah, pero la atención de todos, debidamente conducida por los medios de comunicación electrónicos –cuyos propietarios son, en un porcentaje superior al 80%, Televisa y Tv Azteca– está centrada en el mundial de fútbol!

Y los senadores del PRD ya nos mostraron en donde van a negociar. La senadora Dolores Padierna afirmó que se opondrán a tales mecanismos de expropiación y a buscar “que se señale expresamente que tales disposiciones no se aplicarán a superficies ocupadas por pueblos y comunidades indígenas”. (Ibídem).

¿A ésas no y a las otras sí?

En tanto, la mayoría del planeta nos la pasamos pendientes del desarrollo del campeonato.

¿Se puede ser aficionado, sin que ello implique el abandono de la categoría de ciudadano?

Por supuesto, sí, pero a partir de que, como lo hicieron nuestros antepasados de todo el planeta, era y es, por excelencia, una actividad lúdica.

 

Comments are closed.