Elecciones bajo la dictadura del algoritmo

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Por Alejandro Calvillo

El algoritmo de Facebook es más efectivo para identificar la personalidad de los sujetos y sus gustos de lo que podrían hacer sus amigos, familiares y cónyuges. En base a un cuestionario, el algoritmo de Facebook con sólo 10 “me gustas” (likes) logró predecir mejor las decisiones de un usuario que sus propios compañeros de trabajo. Con 70 “me gusta” el algoritmo de Facebook superó en predicción las realizadas por los amigos del usuario, con 150 “me gusta” superó las predicciones de los familiares y con 300 “me gusta” superó las predicciones de las propias parejas de los usuarios. El ejercicio llegó incluso a demostrar que el algoritmo de Facebook era más eficiente en predicciones que las que realizaba el propio individuo sobre sí mismo (www.pnas.org/content/112/4/1036).

Los algoritmos, con la información del individuo a través de lo que le gusta, lo que comparte, lo que busca e, incluso, lo que comunica, permite realizar perfiles muy detallados sobre su personalidad y sus preferencias. El algoritmo, en el caso de las elecciones, puede indicar si al individuo lo determina más el miedo o las esperanzas en sus elecciones políticas. También, se puede identificar si la persona tiene bien definido su voto y no lo va a cambiar. Si se identifica como indeciso y con esperanzas o como indeciso con miedos. Si se accede a esa información, entonces los electores recibirán mensajes dirigidos a manipular muy efectivamente ese sentimiento en beneficio de quien pague la campaña.

¿Cómo puede utilizarse esta información en beneficio de intereses económicos y políticos? ¿qué tanto sabemos sobre la información que puede obtenerse y la eficiencia de los algoritmos para encauzar, direccionar, nuestras elecciones? ¿cómo puede manipularse a una sociedad a través de esta información?

El caso de Cambridge Analytica (CA) y su intervención en diversas campañas electorales alrededor del mundo, es sólo la punta del iceberg del control que los grandes imperios de las redes sociales pueden ejercer sobre los individuos y el secuestro de la propia democracia al mejor postor. No se trata de si Facebook va a mantener en secrecía toda esta información que tiene bien almacenada, si se filtró y se vendió de manera indebida. el tema es que posee esa información que en muy diversos escenarios puede ser usada: “si algo puede pasar, pasará”. De hecho, una parte minúscula de esa información la utiliza Facebook ya de manera comercial a través de la “microfocalización”, es decir la publicidad que se le compra para dirigir una publicidad a sectores muy específicos. La campaña de Meade que aparece en los buscadores cuando se busca información de López Obrador o de Anaya, es un ejemplo de ese uso. Esa campaña, a través de Facebook, por ejemplo, puede ir segmentada a personas interesadas en política, entre 25 y 45 años de edad, con ingresos medios y estudios profesionales, que vivan en la Ciudad de México y tengan hijos. Usted segmenta y paga.

CA compró la base de información a un investigador, Aleksandr Kogan, que negoció con Faceobok la aplicación de un test a 265 mil personas. A través de esta aplicación obtuvo acceso a las amistades de estas personas llegando a obtener la información de entre 50 a 60 millones de personas. Kogan vendería la información a Alexander Nix, CEO de CA. Esta información sería la que utilizó Cambridge Analytica para realizar su campaña a favor de Trump, y en especial en contra de Hillary Clinton.

El estudio sobre la mayor predicción que logra el algoritmo de Facebook sobre las predicciones de compañeros de trabajo, amigos, familiares y parejas llevo a los autores a concluir: “La gente podría abandonar sus propios juicios psicológicos y fiarse de los ordenadores en la toma de decisiones importantes en la vida, como elegir actividades, carreras o incluso parejas. El estudio señala que en las elecciones presidenciales Facebook podría conocer no sólo la inclinación de los votantes sino también cuáles son aquellos que podrían cambiar su voto y en qué sentido lo harían.

Como señala Yuval Noah Harrari en “Homo Deus”: “En el siglo XXI nuestros datos personales son probablemente el recurso más valioso que la mayoría de los humanos aún pueden ofrecer, y los estanos cediendo a los gigantes tecnológicos a cambio de servicios de correo electrónico y divertidos juegos de gatitos”.

El tema de la intervención del algoritmo, como la pieza fundamental del desarrollo de la inteligencia artificial, lleva a escenarios futuros que pueden trastornar la vida humana en una manera sin precedentes, encaminados a esquemas de dominio totalitario y de una mayor concentración del poder, de un poder mayor, en una casta, una minoría reducida, como lo expone Nick Bostrom que dirige el Instituto para el Futuro de la Humanidad y el centro de Investigación de Estrategia de Inteligencia Artificial de la Universidad de Oxford.

El uso de algoritmos en nuestra vida cotidiana como para dirigirnos de un punto de la ciudad a otro a través de las rutas con menos tráfico gracias a la información que proporcionan los usuarios del propio sistema, nos puede ir dando una idea de su alcance. Microsoft está desarrollando Cortana que es un asistente personal de Inteligencia Artificial que espera incluir en futuras versiones de Windows. Cortana pedirá a los usuarios acceder a sus archivos, correos electrónicos y aplicaciones para tener el conocimiento suficiente para ofrecerle consejos de todo tipo en su vida diaria. Cortana nos recordaría nuestros compromisos, la hora a la que debemos tomar un medicamento, las horas de sueño que deberíamos tener, la cantidad de ejercicio que debemos hacer. Esto se puede extender a la información que podría obtener a través de una simple pulsera en nuestra muñeca sobre nuestra presión arterial, temperatura, etcétera. Por un lado, se podría decir que nos volvería la vida más fácil, por otro, que tendría toda nuestra información para influirnos y direccionar nuestra vida.

Se configura el peor de los escenarios posibles. Dos antiutopias marcaron el siglo XX, la descrita por Georges Orwell en su novela “1984” en la que los individuos estaban sometidos al Gran Hermano que todo lo vigila y controla, y la antiutopia de Aldos Huxley en su novela “Un Mundo Felíz” en que la tecnología diseña a la sociedad, en ambas la libertad de elección desaparece, reduciéndose a un margen mínimo establecido por la casta que diseña y somete a la sociedad.

La conjunción de la antiutopia orweliana con la huxleyana, el control y sometimiento del individuo a la vigilancia del Gran Hermano y, por otro lado, el sometimiento del individuo al desarrollo tecnológico que tiene la capacidad de dominar sus sentimientos, ideas y aspiraciones, se pueden realizar con el imperio del algoritmo y la inteligencia artificial.

Los procesos electorales en el mundo, bajo la cada vez mayor intervención de un puñado de corporaciones mundiales de la informática, ponen en riesgo la escasa democracia que vivimos ya sometida, por diferentes vías, a otros poderes corporativos.

Fuente: SinEmbargo

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