El misterio del tapado

0

Por Dolia Estevez

Durante los 71 años que el PRI monopolizó la presidencia, el único secreto que la CIA no pudo decodificar fue la identidad del tapado. David Phillip, quien fuera director para América Latina de la agencia en los sesenta, escribió que con la excepción de quién sería el sucesor, no había nada inescrutable que la CIA no pudiera averiguar. Era tal el misterio en torno al dedazo que rara vez la CIA le atinó al bizantino juego. En 1957, por ejemplo, la estación a cargo de Winston Scott, el súper espía que reclutó a tres presidentes mexicanos y a una decena de sus colaboradores, aseguró que el tapado era el director de Pemex, Antonio Bermúdez. Gran sorpresa se llevó cuando Adolfo Ruiz Cortines destapó a su tocayo Adolfo López Mateos.

En un intento por entender el tapadismo, la Embajada de Estados Unidos en México inventó la “formula del tapado”. Un despacho confidencial dirigido al Departamento de Estado en 1957, identificaba cuatro ingredientes en la receta del tapado: ser propuesto por el presidente en turno, no ser vetado por los ex presidentes o por la alta jerarquía partidista, ser popularmente atractivo y no ser objetado por Washington. El despacho firmado por el embajador de la época, informaba que la “formula” estaba siendo aplicada a un pool de aspirantes, pero que sólo tres reunían las cuatro condiciones, entre ellos López Mateos.

A finales de los ochenta, el cisma en el PRI, encabezado por Porfirio Muños Ledo y Cuauhtémoc Cárdenas, y la creciente fuerza de la insurgencia, complicaron más la predicción de los diplomáticos. En lugar de formulas, elaboraron tres listas de posibles tapados. De acuerdo a un despacho confidencial de mediados de 1987, en la lista “A” estaban, en ese orden: Manuel Bartlett, Alfredo del Mazo y Carlos Salinas; en la “B”: Manuel González Avelar, Ramón Aguirre y Jorge de la Vega Domínguez, y en la “C”: Sergio García Ramírez y Gustavo Petricioli. “Bartlett y del Mazo llevan la delantera”, reportó el embajador, “aunque Salinas no es un tercero distante ya que es el más idóneo a preservar el legado en la historia de De la Madrid”. Observaba que la gran desventaja de Salinas era la “inequívoca oposición” del movimiento laboral a su candidatura.

Con el objeto de conocer las aguas profundas del tapadismo, la embajada entrevistaba a priistas de todas las tribus. Cinco meses antes del destape de Salinas, la sede diplomática informó que el priista Luis Ortiz Monasterio aseguraba que el bueno era Bartlett, que el país no estaba listo para una derechización bajo del Mazo y que Salinas era demasiado inexperto y joven. Por separado, Alfonso Rubio Márquez, priista del Estado de México, afirmaba categórico que del Mazo “tenía la designación amarrada”, pues era el más cercano a de la Madrid. Rubio describió a Salinas de “vacilante” y “carente de cualidades de liderazgo”. Otros priistas alegaban que la desventaja de Bartlett era su “cercanía” a la Corriente Democrática de Muñoz Ledo, lo que la embajada no pudo corroborar.

En un amplio análisis de retrospección titulado “¿Por qué Salinas?”, elaborado tras el destape en octubre de 1987, la embajada informó a Washington que Salinas “nunca estuvo claramente en la delantera”, pero que su cercanía a de la Madrid inclinó el fiel de la balanza a su favor. El cable confidencial vaticinaba que probablemente Salinas siempre fue el favorito pese a su pobre desempeño en las encuestas. Concluía: “la selección de Salinas demostró que el ‘tapadismo’ y el ‘dedazo’ siguen vivos. No hay duda de que Salinas le debe su nueva estatura a un solo hombre: Miguel de la Madrid”.

Los cables no expresan júbilo por el destape de Salinas sino preocupación de que no pudiera convencer al electorado que “no es otro tecnócrata más”. En diciembre de 1987, la embajada narró el caos al interior del advenedizo equipo de campaña de Salinas y lanzó la siguiente premonición: “si Salinas no puede demostrar con hechos que es diferente a sus tres antecesores, sólo ganará por default, con la tasa de abstencionismo más alta de la historia de México”. Salinas no pudo y, como confesó posteriormente de la Madrid, fue impuesto por fraude.

Con el tiempo, los caminos del destape se volvieron aún más inescrutables, pero los mitos, leyendas, ritos y tradiciones del tapadismo siguieron intrigando a los diplomáticos. Se sumaron otros factores como la coyuntura nacional: si la crisis del momento era política, el tapado debería ser un político, pero si era económica, entonces debería ser un economista. Enviado seis semanas antes de la ratificación del TLCAN en 1993, un cable firmado por el embajador Jim Jones advertía a Washington que si el Congreso no ratificaba el convenio que ahora Donald Trump quiere aniquilar, el tapado no sería Luis Donaldo Colosio sino Patrocinio González Garrido, toda vez que se iba a necesitar un presidente de mano dura para contener el descontento al interior del PRI por el fracaso del proyecto salinista.

Los hechos muestran que, como siempre ocurre, la realidad es menos complicada. Esa institución del priismo jurásico conocida como el dedazo no ha cambiado, pero la transformación de México del unipartidismo al pluripartidismo, que los despachos no previeron, forzaron al PRI a tener que pelear por la presidencia. El presidente sigue decidiendo unipersonalmente el nombre ya no de su sucesor sino del candidato priista. En los contenciosos comicios de 2018, no será el TLCAN o algún otro factor coyuntural lo que determine el perfil del candidato priista sino la capacidad que tenga de ganar preferentemente con las armas de la legalidad y, agregaría, la irrevocable garantía que ofrezca de que no habrá persecución contra Enrique Peña Nieto por la corrupción y los ríos de sangre de su sexenio. ¿Quién de los que están en la lista “A”—Meade, Osorio y Nuño–cumple con esos requisitos?

Twitter: @DoliaEstevez

Fuente: SinEmbargo

Comentarios

Skip to toolbar