Cambió movimiento estudiantil de 1970 de la UNISON, la vida de las mujeres

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Elda Montiel

SemMéxico, Ciudad de México, 12 de enero 2026.- Si bien no se encontró una vinculación sólida y directa entre el movimiento estudiantil de la Universidad de Sonora (UNISON) y el movimiento de liberación femenina que se dio poco después, hay evidencia de que las estudiantes estuvieron presentes dentro de las masas y de grupos pequeños que se organización y se posicionaron contra las autoridades de la institución, y que fue un periodo de aprendizaje, teórico y práctico.

“Las mujeres en el movimiento estudiantil de la Universidad de Sonora de 1970 a 1974” es la primera investigación que se realiza sobre la participación de las mujeres en el movimiento estudiantil de la Universidad de Sonora de 1970-1974, producto de la tesis para obtener la licenciatura en Historia, Ana María Borchardt Moreno.

En ella las estudiantes reconocen que hubo un cambio en la vida política de las mujeres y si bien no se movilizaron con el propósito de dar una representación femenina en la política, ni con la intención de cuestionar las diferencias entre hombres y mujeres, es a partir de estas movilizaciones que se empiezan a involucrar en las luchas contra las desigualdades.

La tesis, de noviembre de 2025, destaca que las activistas que apoyaron el movimiento estudiantil que buscaba una universidad más accesible en cuotas y sin examen de admisión, tuvieron como oposición a sus propias compañeras, la familia, amistades y docentes. Además, de la represión tanto de las autoridades universitarias que amenazaba con la expulsión y, por parte, el acoso y la violencia física de las autoridades judiciales y de los medios de comunicación que las calificó de revoltosas y exhibían sus nombres y direcciones.

Borchardt Moreno entrevistó a Etty Haydeé Estévez Nenninger, Imelda Samaniego, Manuela Guillén Lúgigo, María Clarisa Arenas Hinojosa y Mary Carrasco a quienes preguntó de su formación de identidad como activistas mujeres y se cruzaron cuestiones de identidad de género que tradicionalmente se contraponían con la participación política.

El movimiento estudiantil fue un espacio que les permitió informarse y debatir sobre temáticas de desigualdad social, ciudadanía y diferencia de clases. Estas conversaciones que iban dirigidas hacia una igualdad: en toma de decisiones y de oportunidades tanto dentro de la universidad como en la vida ciudadana.

Las experiencias y los aprendizajes del periodo moldearon su ideología política, que persiste hasta la actualidad. Asimismo, influye en cómo identifican un cambió en su autopercepción. Imelda Samaniego menciona que hay un antes y un después en su pensamiento, “Después de eso adquieres otro sistema de pensamiento, de principios, de valores, visiones, eso es lo más importante”. Además, distingue que su generación, a nivel global, dio otra perspectiva de la vida, y que continua con una evolución que no se detiene. “Fuimos la generación que dio a luz a la nueva mentalidad, yo le llamo salto cuántico que dimos nosotros, y cambiar de venir de una estructura familiar y formativa muy cerrada, muy machista, etcétera. Este empezamos con brincamos a esto. Fuimos los primeros que hicimos esto”.

Las entrevistadas diferencian el activismo femenino y masculino con base en cantidades. Todas recalcan que los lideres eran hombres, las mujeres estando en niveles intermedios de liderazgo o con el conglomerado; ambos puestos de gran importancia en el funcionamiento del movimiento estudiantil.

Las actividades que realizaron: su asistencia a mítines, a reuniones privadas, la creación de panfletos, y las tareas de apoyo; son la participación que tuvieron como activistas, una etiqueta que todas asumieron durante el periodo de las movilizaciones estudiantiles de 1970- 1974.

El activismo un avance para las mujeres

Desde la actualidad las entrevistadas recalcan que esto fue un avance para las mujeres. Ante la sociedad el ser activista no era bien visto, tenía consigo ciertos prejuicios: ser comunista y tener adicciones con sustancias ilícitas. Sin embargo, se puede apreciar que no eran específicos a un solo género, ya que se les adjudicaban a mujeres y hombres.

La participación en movilizaciones era “más de varones”, según dice María Clarisa Arenas Hinojosa, porque ellos eran mayoría en el movimiento, no porque hubiera preconcepciones en la sociedad. Aunque la participación masculina era mayor que la femenina; esto lo atribuyen a las edades de muchas de las mujeres en las universidades, y que ellas no se atrevían porque no tenían referentes previos.

La identidad de activista no se limitaba a un movimiento o periodo. Durante la lucha del movimiento estudiantil apoyaban otras causas como el movimiento en contra de la guerra de Vietnam, la revolución cubana, movimientos en Chile y apoyo a comunidades de escasos recursos.

Este apoyo continuó tras el fin de las movilizaciones estudiantiles. Posteriormente, hubo otros movimientos estudiantiles en la UNISON, por ejemplo, el de 1974-1978, al que se unió María Clarisa Arenas Hinojosa que participaba en las manifestaciones y se opuso a la reelección de Alfonso Castellanos Idiaquez para el puesto de rector.

Las otras entrevistadas egresaron en 1974 o dejaron la institución, por lo que ninguna podría mencionar alguna participación en los movimientos estudiantiles posteriores.

La familia, como relación opositora al movimiento estudiantil, actuó para limitar el activismo de ciertas mujeres. En el caso de María Clarisa Arenas y Manuela Guillén, recuentan que sus familiares las iban a buscar y a sacar de las manifestaciones: sus hermanos y su papá, respectivamente.

Mary Carrazco no menciona tanto la posición de su familia, pero sí que sus docentes le amenazaban con avisar a sus familias, cosa que no le preocupaba porque “ni siquiera los conocían”.

Susana Vidales, en su ponencia del 2013, recuenta que su ingreso a la universidad fue un tema de discusión, ya que su padre temía se hiciera comunista.

Imelda Samaniego no indaga en el posicionamiento de su familia, pero menciona que movilizarse era algo “natural” y que los hizo enojar, pero “lo normal”. Haydee Estévez Nenninger menciona que el tema estaba presente en su familia; ya que su hermano era reconocido como la principal cabecilla, pero no concreta si las opiniones de sus padres estaban de acuerdo o no con el movimiento.

La mayoría de las entrevistadas se integran al movimiento estudiantil, en menor o mayor medida, por sus amistades previas. Además, dentro de las actividades que realizaban conocieron y crearon más relaciones de amistad. Si bien las amistades estaban presentes en las movilizaciones, también lo estaban fuera.

La relación entre las mujeres y los hombres del movimiento estudiantil es descrita por Imelda Samaniego como una “muy normal”, en la que los muchachos las respetaban y “no las subestimaban, absolutamente no”.

María Clarisa Arenas, por su parte, menciona que “había una relación, siempre la hubo, de respeto, de mucho respeto a tu integridad física, a tu actividad.” Haydee Estévez, finaliza con que “había un ambiente de respeto mutuo y mucho ánimo, motivación, […] Había mucha amistad, hombres y mujeres.

La familia, compañeras, medios de comunicación opositores

Las fuerzas opositoras eran variadas, representadas por: compañeras, medios de comunicación, figuras de autoridad académicas y estatales. Arenas describe que al hablar del movimiento estudiantil la situación estaba muy polarizada “Y bueno aquí los polos, había.

Por lo que se puede inferir que su amistad no se vio afectada, o al menos no en una gran medida.  “Había de dos sopas nada más: a favor y en contra.” Las discusiones y enfrentamientos que tuvieron fueron constantes y afectaron en sus vidas personales.

En este análisis se identificaron a integrantes antes desconocidas por la historiografía, la participación que tuvieron, los espacios que ocuparon y la formación política que tuvieron.

La pregunta que la investigación inicialmente buscaba responder era ¿hubo alguna conexión entre el activismo femenino del movimiento estudiantil y el movimiento feminista actual?

La duda surgió tras escuchar el testimonio que Susana Vidales o en su ponencia del 2013. En esta, ella recuenta su experiencia y la de otras mujeres que entrevistó, sobre sus experiencias como activistas en la preparatoria. Susana Vidales (2013) afirma que hubo un “componente feminista” y un espacio que criticaba la desigualdad de la mujer en la sociedad. Tras escuchar su ponencia y leer sobre cómo el movimiento de liberación femenina se dio en México en la década de los setenta, se buscó información al respecto.

No se encontró información que hablara sobre la participación de las mujeres en este movimiento. Además, al finalizar el movimiento estudiantil, en el estado no se crearon grupos o asociaciones de mujeres que profundizaran en temas sobre sus condiciones de desigualdad.

Se encontró que hubo un aprendizaje, un proceso de formación y cuestionamientos políticos definido por el compañerismo y el apoyo mutuo de estudios. Los círculos de lectura fueron un espacio de gran importancia para conocer a integrantes y para informarse de corrientes ideológicas. Este fue una sorpresa, ya que en otras investigaciones no se les destacaba, pero las entrevistadas les dan un lugar muy importante en su accionar político.

Queda por estudiar las circunstancias y formas en las que las mujeres sonorenses comienzan a incursionar en el movimiento feminista. Las formas y los espacios en los que comienzan a cuestionarse las formas de opresión que experimentan las mujeres.

Los referentes ideológicos e históricos que tenían, así como los espacios en los que expresan estas inquietudes. Llevando a las posteriores organizaciones que luchan y se movilizan en pro por la igualdad, o equidad, de los géneros.

Los objetivos del movimiento estudiantil, y de las activistas incluían transformar a la Universidad de Sonora en una institución más accesible para aplicantes y que tuviera una repartición del poder más democrática. La gratuidad y la eliminación de exámenes de admisión eran los factores que harían el primer objetivo posible.

Sin exámenes de admisión no habría jóvenes sin la posibilidad de ingresar a sus estudios superiores, y sin un cobro de cuotas la juventud no tendría obstáculos adicionales que les distrajeran de su formación académica.

A raíz de las movilizaciones y demandas del cuerpo activista, la universidad atravesó cambios estructurales. La nueva ley orgánica que el estado impuso indicaba que estudiantes y docentes debían participar en la toma de decisiones a través de la creación de consejos. Además, los integrantes de los diversos consejos de la universidad eran electos por medio de votación, democratizando la formación de estos. A pesar de estos triunfos, se señala que el movimiento estudiantil no alcanzó sus metas, en parte por los poderes que se le otorgaron al rector con la nueva ley.

María Clarisa Arenas resalta que no ganaron y que en su tiempo no hubo los grandes cambios, pero “el movimiento me cambió la vida”.

Por: SemMéxico

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