Ayuden al Presidente

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Por Alejando Páez Varela

Aclaro (aunque confío que mis lectores pasarán del título) que no puedo defender lo indefendible: a Enrique Peña Nieto. Si fueran sólo errores involuntarios, pifias o resbalones –esos que generan tanto furor en las redes– diría: déjenlo gobernar, caray, que el país se desmorona. Pero no son sólo esos.

Hay decisiones tomadas que nos pegan a todos. Hay promesas que se hicieron para ganar votos y que luego fueron lanzadas a la basura. Hay mucha ambición y muchos intereses; hay miseria humana, porque sólo eso explica que, por ejemplo, en su último movimiento de gabinete, en medio de la turbulencia que vive el país y con tantas deudas con los más necesitados, el Presidente decidiera meter a un compadre como titular de Desarrollo Social, a Luis Enrique Miranda Nava, un hombre que sabe de estrategias electorales pero no de pobreza.

Los ejemplos sobran, pues, de decisiones mal tomadas o dolosas, como el nombramiento de Virgilio Andrade.

No, no puedo defender a Peña Nieto. Pero urge que los cercanos a la Presidencia de México salgan en defensa del Jefe del Ejecutivo federal. No por él: por el país. Urge que le amarren las manos, le filtren a los que se le acercan y le ayuden a decidir con sabiduría. Por México. Por los tiempos que vivimos, tan peligrosos.

Ustedes, que comen y viven de Los Pinos, ayuden al Presidente. Se le ve inseguro, como si tuviera miedo a hablar; ha perdido la confianza en sí mismo y eso lo transpira su presidencia. Sabe que no le aplauden y sabe más, y lo refleja. Se le ve acorralado casi siempre y repite errores, uno tras otro; cae en ellos como si no tuviera más opción. Se le siente incluso con miedo. Así sentí cuando, por ejemplo, llenó el Zócalo de acarreados; lo critican por simular apoyo y ahora lo hizo más que evidente: decenas y decenas de camiones llegaron al Centro Histórico, en las narices de todos; pasaron por enfrente de los hombres libres que marchaban contra él, incluso.

Esos que viven de los fondos del Estado, que se sientan junto a él, que lo asisten, ayúdenlo.

Me atrevo a decirles que si le marca Carlos Salinas de Gortari, Pedro Aspe o cualquiera de esos, les digan que no está y tiren el recado. Esos sólo lo conducen a las tentaciones y lo distraen; quieren negocio cueste lo que cueste y a quien le cuesta, aquí, es a los mexicanos. Y al propio Peña. Ya lo que pudo hacer ya lo hizo y si no hizo mucho (que lo dudo), pues ya ni modo: díganles que el señor no está. Que entiendan que el sexenio se les acabó.

Si le marca Luis Videgaray, díganle que al rato se lo comunican; déjenle ver, muy suavemente, que el Presidente anda atareado, que al rato le llama. Suavemente, insisto, porque ese trae la caja negra con los secretos de los últimos diez años y no conviene pelearse. Díganle a Luis –así lo llama él– que el Presidente anda componiendo cositas por aquí y por allá; que se entienda que lo entretiene el batidero que él, Luis, dejó en la economía, con sus reformas, con la visita de Donald Trump.

Olvídense de poner al Presidente en vivo, improvisando; se le cae el pastel, o la Banda Presidencial, o se resbala, o confunde nombres y ciudades y capitales y siglas de dependencias. Ya lo saben. Ya lo hizo hasta el cansancio. No lo pongan en Periscope, por favor. Ustedes saben perfectamente que es bueno actuando spots: que haga spots. No lo exhiban en vivo porque, de verdad, no se necesita ser priista para sentir vergüenza; es Presidente de todos, carajo; y el que diga lo contrario que cheque quién se gasta sus impuestos. Les guste o no es el Presidente. Nada de transmisiones en vivo, por favor, que ya falta poco y dentro de un año aproximadamente ya nadie le podrá tanta atención.

Evítenle, por lo que más quieran, las multitudes y los acarreados. Parecía que tenía un dominio completo de la gente, pero no es así. Ya lo saben. Ya lo vieron. A toda costa eviten llevarle priistas y jóvenes aleccionados a sus eventos. No sirve de nada. De todas maneras se tropieza. No le construyan escenarios con la gente de Edomex que usualmente iba a sus eventos y bailaba hasta tango por una torta. No sirve. No le sirve. Ya lo saben. No le lleven acarreados porque tarde o temprano sale a la luz pública. Háganle eventos que no sean masivos. Cuídenlo, de verdad, cuídenlo. Es por él, sobre todo por él. Pero es también por todos los mexicanos.

Esta Presidencia se acabó prematuramente, muy debilitada. Y en gran parte es culpa de él, del Jefe del Ejecutivo; pero otra parte de la culpa la tienen todos los que lo rodean; los que le ayudaron a construir, con promesas, un camino fácil hacia el poder; los que, a la hora de la hora, han pensado más en ellos que en él o, por supuesto, en los intereses de la Nación.

El Presidente se rodeó de “leales” y no de la gente correcta; “leales ” entre comillas que, al final, no lo fueron, no lo son. Porque no es leal Miguel Ángel Osorio Chong cuando no le resolvió absolutamente nada y ya se siente encarrilado en la nominación del PRI; no lo era Luis Videgaray, que actuó siempre pensando en los servicios que se prestaba él, y prestaba al equipo voraz que representa.

El Presidente se rodeo de supuestos leales que, al final, lo dejan solo. Lo dejan resbalar, tropezar, caer y lastimarse.

Ayuden al Presidente, de verdad. Si renuncia no sirve de nada; generará, a estas alturas, más inestabilidad.

Ayúdelo a terminar con dignidad, al menos. Ya ni siquiera por él, sino por el país. Átenle las manos, filtren a los que se le acercan y ayúdenlo a decidir con sabiduría. Por México, de verdad. Por los tiempos que vivimos, tan peligrosos.

Fuente: SinEmbargo

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