AÑO DE LA ESPERANZA

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Por Alejandro Páez Varela

Nadie habría concebido 2017 como se dio. Ni aún el más imaginativo de los guionistas de películas de terror. Miles de familias vivieron en carne propia la inoperancia de este gobierno que –no hay plazo que no se cumpla– termina ya, pronto, en 11 meses. La violencia alcanzó niveles que no habríamos sospechado; la economía básicamente dio para mantenerse a flote, como bien reconocía el Presidente Enrique Peña Nieto. Los corruptos dieron la nota pero el verdadero tema fue la impunidad: ni un sólo detenido por Odebrecht; ni un sólo detenido por la Procuraduría General de la República por el saqueo en los estados: Javier Duarte cayó en Guatemala, Tomás Yarrington en Italia, Roberto Borge en Panamá y César Duarte goza de su libertad y de los millones que se robó de Chihuahua porque, justamente, la PGR lo protege.

Pero todo lo anterior no conmociona a nadie. Romper nuevos récord de asesinatos en México no mueve a nadie, parece: sólo a los que la violencia alcanza de primera mano. Otro Gobernador corrupto no asombra. Otro político impune no asusta. Así ha transcurrido un sexenio casi completo. El sistema se resquebraja de arriba a abajo pero la realidad es esta: no se acaba de romper.

Repito: el sistema completo se parte en pedazos, como lo hemos visto, pero no vemos la hora en que se termina de caer.

Y viene 2018.

Si Peña Nieto no pudo con la violencia y, de hecho, ésta se hizo más cruda, más extendida y dolorosa, ¿qué les hace pensar que en 2018 logrará detenerla? Si en lo que va de la administración el salario de los mexicanos perdió más su valor, y creció la desigualdad y se dispararon la inflación, las tasas, el número de pobres, la desconfianza del consumidor; y si tuvimos un crecimiento enano a pesar de que los partidos le dieron todo al Gobierno para “triunfar” (las reformas del Pacto por México), ¿por qué habríamos de pensar que en 2018 las cosas irán mejor?

Si la corrupción fue estúpidamente grosera, descarada, y la impunidad permitió que decenas de personajes públicos restregaran nuestra propia estupidez en el rostro, ¿qué podría hacernos pensar que en 2018 pagarán los que la deben?

Si cinco años sólo sirvieron para confirmar que son lo que son (rateros, inmortales), ¿no cree usted, mexicana, mexicano que sirvió para que Enrique Peña Nieto llegara al poder, que es hora de decirle adiós a esos insaciables? ¿No cree que es tiempo de que ya se vayan a su casa, que ya robaron bastante y que ya mostraron su inutilidad? O qué, ¿esperamos ver las ruinas de este país para despedirlos?

¿No cree usted, mexicana, mexicano que votó por Peña, que es momento de recuperar la dignidad y dejar de ser hazmerreír? Tenemos los peores salarios de América Latina, excepto Venezuela; tenemos el mayor crecimiento de pobreza y desigualdad de todo el continente, excepto Venezuela. Tenemos el mayor número de defensores y periodistas asesinados. La mayoría de los indicadores macro (inflación, tasas, crecimiento) de México son los peores de toda la OCDE. ¿No cree usted que ya llegamos demasiado lejos? ¿O quieren más?

Yo me pregunto, desde hace semanas, con qué cara nos venden ahora a José Antonio Meade, que es el candidato de la continuidad. Sí, porque es el candidato de la continuidad: fue Secretario de Hacienda, así que no espere que, como Presidente, se salga del promedio; lo que hizo ya lo hizo y no funcionó. No espere que responda a la violencia: ¿con qué? ¿Qué ofrece él, que apoyó la Ley de Seguridad Interior, sino más balazos y más fracaso? No espere que sea el que meta a la cárcel a los corruptos o que de plano frene la corrupción: él estaba en puestos clave cuando los Borge, los Duarte, los todos los demás. ¿Con qué cara nos venden a Meade ahora?

El PRI, como he repetido, ha sido una larga noche para México (y todavía Meade dice que “le debemos”. ¿A qué se refiere? Claramente a que hay todavía más abismo y nos puede dar más). Cinco años nos han demostrado que el PRI es lo que es: uñas largas, ineficiencia, corrupción, ineptitud, impunidad y compra de voluntades; dinero, a raudales, suyo y mío, para comprar prensa, votos, despensas, elecciones completas. El PRI no es sino una banda bien organizada de vivales que ha aprendido a mover las palancas correctas para mantenerse siempre por encima de los demás; para vivir de los demás.

Nadie habría concebido 2017 como se dio, pero quiero decirle esto: sí, hay más abismo. Allá, abajo, se puede ver nuestro futuro si no hacemos algo; si no convertimos 2018 en el año de nuestra libertad.

Hoy inicia 2018. Tenemos muchos retos, juntos, como sociedad. Pero de todos los retos, quizás uno sea el más importante: decirle BASTA, decirle NO MÁS, decirle FUERA al PRI y salir a votar. Sin votos no hay cambio y sin cambio, espere a que desgracias mayores –sí, mayores– toquen a su puerta este año que comienza.

Feliz 2018. Será más feliz si, entre todos, logramos un cambio. Vote por quien quiera, pero no vuelva a abrirle la puerta de la casa de todos a los ladrones, por favor. La pagamos todos. Hagamos de este año, un año de esperanza. Que sea el AÑO DE LA ESPERANZA, así, en mayúsculas. No nos dejemos arrastrar más abajo en el abismo. De verdad. Vea a sus hijos y piense al votar. Vea a sus vecinos. Vea a su familia. Sea responsable y dígale NO al PRI: hágale pagar, con su voto, tantos años de esperanza perdida. AÑO DE LA ESPERANZA. Así, con mayúsculas. Nos toca ser correctos y responsables. Feliz 2018.

Fuente: SinEmbargo

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