Andrés Manuel, el comunista

0

Por Ernesto Hernández Norzagaray

A principios de los años setenta en la FCPyS de la UNAM hervía el mole de todos los ismos: marxismo, estalinismo, trotskismo, maoísmo, guevarismo, nacionalismo. En esa pequeña y mítica facultad que tenía un encanto muy especial por estar cerca de las islas de Ciudad Universitaria había también espacio para el esnobismo de personajes que luego serían parte estelar del Canal de las Estrellas.

Pablo González Casanova, Arnaldo Córdova, Raúl Olmedo, Luis Salazar, Víctor Flores Olea, Enrique González Pedrero, Antonio Delhumeau, daban clases magistrales y entre los académicos extranjeros recuerdo, entre otros, a René Zavaleta, Cayetano Llobet, Agustín Cueva, Ruy Mauro Marini, John Saxe Fernández, la mayoría de ellos exiliados que se habían visto obligados abandonar sus países luego del establecimiento de dictaduras.

La mayoría de esta cantera de excelentes académicos había estudiado en Europa y abrevado la mayoría de ellos en las corrientes del pensamiento marxista. Iban desde la ortodoxia hasta las posturas más críticas y renovadoras que se incubaban en Paris con Louis Althusser, Michel Foucault o Samir Amin; o la Escuela de Frankfurt donde enseñaban entre otros Theodor Adorno, Walter Benjamín, Max Horkheimer, Herbert Marcuse, Jürgen Habermas y Erich Fromm y no se diga, la escuela que formó Norberto Bobbio en la Universidad de Turín.

Andrés Manuel, cómo muchos jóvenes llegados desde la provincia tropical que estaban interesados en la cosa pública abrevaron en la facultad, no sin dificultad en el pensamiento crítico dominante en la facultad y muchos de ellos lo utilizaron luego para la práctica política. Fue el caso del hoy Presidente de México, y cómo se sabe, por sus compromisos políticos fue un estudiante irregular lo que le llevó a terminar sus estudios más allá de los cinco años convencionales.

Ahora, qué se han hecho públicos los archivos vinculados a la Dirección Federal de Seguridad (DFS), en algunos medios ha habido interés en los registros que tenían que ver con Andrés Manuel y por supuesto encontraron algo en quien estaba en ese entonces como delegado del Instituto Nacional Indigenista (INI) y quien además se desempeñaría como presidente del Comité Directivo Estatal del PRI en Tabasco.

Los agentes de esa temible dirección de seguridad que estuvo detrás de nuestra singular “guerra secreta” (1970-1978) desapareció y asesinó a muchos estudiantes radicalizados que sostenían que después del genocidio del 68 y el jueves de Corpus, la vía democrática estaba cerrada y la realidad política imponía la vía armada.

Entonces, todo aquello que se separaba un ápice del convencionalismo oficial, del nacionalismo revolucionario que estaba en boga con su folclor, era considerado “comunista” una expresión polisémica propia de los temibles años de la Guerra Fría y el macartismo.

Esta punta de lanza justificaba cualquier atrocidad, cualquier crimen, como lo vimos en 1968 cuándo Díaz Ordaz la esgrimió para perseguir estudiantes que solo exigían mayores libertades democráticas o en 1971 para defender la autonomía universitaria violada por las fuerzas de seguridad en las instalaciones de la Universidad Autónoma de Nuevo León.

Así se deja entrever en los informes secretos sobre Andrés Manuel y se puede apreciar en algunos párrafos que se presentan al gusto de quien los haya organizado y distribuido porque no se ve un orden que permita entender una lógica de espionaje. Esperemos que este caso como otros sean ordenados y dicho de paso, la semana pasada comentaban el caso de la clandestinidad, detención y tortura de Michelle Bachelet, la ex Presidenta de Chile y hoy Alta Comisionada de la ONU en materia de derechos humanos, cómo también en otro momento el caso de Dilma Rousseff, ex Presidenta de Brasil, quien sufrió también persecución, cárcel y tortura en su juventud militante. Me preguntó no sin curiosidad, ¿Estamos ante un ciclo de gobernantes que siendo oposición fueron cada uno en su momento y lugar objeto de interés de los servicios de espionaje político?, y por esas cosas de la vida, llegaron a ocupar altos cargos públicos en sus partidos y en el gobierno de su país. Pero ese es otro tema.

Las de hoy están en las expresiones de la DFS sobre Andrés Manuel:

“López Obrador, quién por ser de filiación comunista, pretendía debilitar al PRI en las próximas elecciones para diputados locales y alcaldes y meter gente del PSUM”, sostenía la DFS en 1983.

En la dirección tabasqueña del INI, López Obrador se rodeó de personal perteneciente a “organizaciones políticas” estatales, sobre todo del PSUM, reveló un informe fechado el 21 de julio de 1983.

“Todos ellos nunca promovieron organización para el desarrollo de la agricultura, sino que únicamente se dedicaron a politizar a los campesinos bajo la organización marxista-leninista”…

Este cable, firmado bajo las siglas “arb”, afirma que López Obrador promovió “el intercambio tecnológico con el Gobierno de Cuba”, una acción que fue coordinada con el entonces Gobernador de Tabasco, el priista Leandro Rovirosa (1977-1982).

“El Gobierno cubano envió técnicos a Nacajuca (Tabasco) para que asumieran la responsabilidad de casas que resultaran módicas y, a cambio, el INI envió a campesinos para que visitaran solamente La Habana ya que los campesinos enviados no sabían nada de técnicas”.

Los estudiantes comunistas de la FCPyS en aquel entonces se organizaban en el Movimiento Estudiantil Socialista (el MES) del Seccional Universitario que por allá a principios de los años setenta dirigía el regiomontano Raúl Ramos Zavala quién, como muchos otros jóvenes radicalizados, rompió con la Juventud Comunista y la dirección del PCM por su reformismo. Dejó así a los 24 años la carrera de un brillante economista y profesor adjunto en la Facultad de Economía y se fue a la clandestinidad para dirigir la Liga Comunista 23 de Septiembre y un día cualquiera caería abatido por los agentes de la DFS en una cita concertada en el Parque Hundido de la Ciudad de México.

En este pasaje del comunismo mexicano no hay ninguna recuerdo o referencia a Andrés Manuel, lo que muestra como los servicios de inteligencia ponían por delante el calificativo de “comunista” y actuaban en consecuencia, seguramente no se vio más, por eso la debilidad del planteamiento que ni siquiera los adversarios más feroces del hoy Presidente se han dado la tarea de esgrimirlo como muestra de un pasado oculto, armado, violento, impresentable.

Fuente: SinEmbargo

Comments are closed.