Anaya y Meade, repudiados ahora por correligionarios y “aliados”

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Entre los comportamientos “atípicos” –cuando no francamente sospechosos– que caracterizaron las recientes elecciones está la concentración de votos en favor de José Antonio Meade o de Ricardo Anaya en unas cuantas casillas con una participación muy superior al promedio nacional. Sin embargo, ese fenómeno fue sepultado por un sufragio masivo hacia Morena en el resto del país: el análisis de los comicios muestra que buena parte de quienes optaron por los aspirantes a diputados de Todos por México y Por México al Frente, abandonaron a sus candidatos presidenciales para irse con López Obrador.

Por Mathieu Tourliere/ Proceso

El pasado domingo 1, los candidatos José Antonio Meade Kuribreña y Ricardo Anaya Cortés no sólo fueron arrollados por Andrés Manuel López Obrador en todo el país: también vieron cómo los electores de sus propias coaliciones los abandonaron y dieron su voto al líder de Morena.

Sonora fue el peor escenario para Meade. Ahí se registraron 245 mil votos para diputados del PRI y apenas 155 mil para su candidato presidencial. En otras palabras: en un estado gobernado por la priista Claudia Pavlovich Arellano, cuatro de cada 10 electores del PRI rechazaron al exsecretario de Hacienda.

Los datos desglosados de los cómputos distritales que publicó el Instituto Nacional Electoral (INE) muestran que tanto Meade como Anaya recibieron una cantidad de votos muy inferior a la que obtuvieron los aspirantes a diputados y senadores de los partidos que conformaron sus respectivas coaliciones: Todos por México (PRI-Panal-PVEM) y Por México al Frente (PAN-PRD-MC).

En el caso de Meade, sólo siete de cada 10 personas que votaron por un diputado federal del PRI, del Panal o del PVEM emitieron su voto a favor del exfuncionario: en todo el país, estos tres partidos obtuvieron en conjunto 13 millones 397 mil votos para diputaciones, pero Meade solamente consiguió 9 millones 289 mil.

A nivel nacional, el que se proclamó “candidato ciudadano” del PRI fue abandonado por dos de cada 10 votantes del tricolor, pero en Sonora, Nuevo León, Querétaro, Tamaulipas, Sinaloa y Campeche recibió 30% menos votos que los candidatos a diputados del PRI.

Además, en 55 de los 300 distritos electorales federales Meade registró una votación 10% inferior a la que recibieron los aspirantes a diputados y senadores de los partidos que conformaron su coalición.

De hecho, en todas las entidades los electores de los partidos “aliados”, Panal y PVEM, soltaron de forma masiva a “su” candidato.

En la Ciudad de México, por ejemplo, 99 mil 511 personas votaron por un diputado federal abanderado por el Panal, pero sólo 22 mil 292 –una quinta parte– votaron por Meade. Lo mismo ocurrió con el PVEM: a éste se le adjudicaron 238 mil boletas para diputados y apenas 32 mil para Meade como abanderado presidencial de ese partido.

El abandono de Meade por los electores del Panal –en su mayoría integrantes del Sindicato Nacional de los Trabajadores de la Educación– fue evidente en Baja California, Baja California Sur, Morelos, Tlaxcala y Nuevo León, donde menos de una cuarta parte votó por quien formalmente fue su candidato.

Ricardo Anaya padeció un fenómeno similar, pero de menor magnitud: dos de cada 10 mexicanos que votaron por un diputado federal del PAN, del PRD o de MC le dieron la espalda. En total, el aspirante panista obtuvo 12 millones 610 mil votos, es decir, 3 millones menos que los tres partidos juntos en la votación para diputados federales.

A diferencia de Meade, Anaya obtuvo prácticamente todos los votos de los panistas, pues hubo una diferencia de 0.4% entre las boletas emitidas a favor del PAN en las elecciones de diputados federales (17.7%) y las del mismo partido para Anaya en la elección presidencial (17.3%).

El rechazo le llegó a Anaya desde sus aliados: si bien se contabilizaron 2 millones 848 mil votos para el PRD en la elección de diputados, sólo la mitad –1 millón 442 mil– puso en la urna su boleta marcada en el recuadro con el nombre de Anaya, el candidato presidencial del Sol Azteca.

A su vez, MC obtuvo 2 millones 385 mil votos para diputados federales, pero sólo le aportó 865 mil a Anaya.

En Guanajuato, el único estado donde el panista ganó la mayoría de votos, se registraron 62 mil para diputados de MC, pero apenas 29 mil para Anaya; en Veracruz, 191 mil personas respaldaron a los diputados del PRD, pero apenas 114 mil tacharon su boleta a favor de Anaya.

Los mismos datos muestran que los electores que “abandonaron” a Meade y Anaya votaron de manera masiva por López Obrador. Éste sumó 53.2% de los sufragios para presidente, mientras que los partidos agrupados en su coalición sumaron poco más de 43% para diputados y senadores.

Por ejemplo, en el distrito de Puerto Vallarta, Jalisco, 56.7% del electorado se pronunció por el candidato de Morena, pero solamente 36.7% sufragó por los candidatos a diputados federales de los partidos de Juntos Haremos Historia. Lo mismo sucedió en Piedras Negras, Coahuila; Ciudad Guzmán, Jalisco, y los otros 26 distritos donde el tabasqueño obtuvo 15% más votos que los candidatos de Morena, PES y PT.

Comportamiento “atípico”

La revisión de los datos del INE realizada por Proceso muestra que AMLO arrasó en los municipios más azotados por la violencia.

Así, en los distritos electorales de Tijuana, Acapulco, Cancún y Culiacán, cuatro de las seis ciudades que registraron más de un asesinato diario desde principios de año –hasta más de cinco por día en el caso de Tijuana–, AMLO arrasó con alrededor de siete de cada 10 votos y obtuvo tasas de votación más elevadas que en los promedios de Baja California, Guerrero, Quintana Roo y Sinaloa.

En Ciudad Juárez, otro foco de violencia, el tabasqueño obtuvo 52% de los votos, 10% más que en el promedio del estado de Chihuahua.

Chilapa de Álvarez es un caso atípico. Ese municipio guerrerense azotado por la violencia, donde 84% de la población vive en pobreza y 36% en pobreza extrema, es el único de los distritos de Guerrero, Chiapas y Oaxaca –los tres estados con mayores índices de marginación del país– en los que Anaya obtuvo más de 15% de los votos.

Y no sólo esto: en 11 casillas de ese distrito, ubicadas en el municipio de Acatepec –donde siete de cada 10 personas sufren pobreza extrema–, Anaya recolectó más de 80% de los votos. En la casilla extraordinaria de la sección 2109, por ejemplo, 350 de los 364 votos emitidos favorecieron al panista, prácticamente todos provenientes del PRD.

Ésta es una de las incongruencias estadísticas detectadas en la base de datos de los votos distritales del INE. En 170 casillas, Anaya recogió más de ocho de cada 10 votos, es decir, cuatro veces más que en su promedio a nivel nacional. De ellas, 89 eran de Nuevo León –sobre todo en el adinerado municipio de San Pedro Garza García–, 15 en Zapopan, Jalisco, y otras 15 en León, Guanajuato.

Meade, por su parte, concentró más de 80% de sus votos en 99 casillas. En Chiapas, el estado más pobre del país, donde más de 60% de sus sufragios fueron para AMLO, se ubicaban 61 de ellas, en las que votaron más de 32 mil ciudadanos.

Yucatán también fue el escenario de una votación peculiar para el exsecretario: en los distritos de Ticul y Valladolid, 193 casillas tuvieron una tasa de participación superior a 90% –contra el promedio nacional de 63%–; en ellas Meade salió con 41% de los votos, más de 13 puntos arriba de la votación promedio que obtuvo en la península.

Según el INE, en sólo 742 casillas, que registraron la afluencia de 321 mil votantes, se registraron tasas de participación superiores a 90%.

En estas casillas con tasas atípicas Meade obtuvo 32% de los votos, es decir, el doble de su promedio nacional, y el PRI consiguió 40% de las boletas, mientras que López Obrador obtuvo 38% –es decir, 13% menos que su promedio nacional– y los candidatos a diputados de su coalición apenas 27%.

Si bien López Obrador arrasó en prácticamente todo México, en 414 casillas el voto a favor del líder de Morena rebasó 90%: 274 de ellas se ubicaron en Tabasco –el estado natal del político, donde cosechó ocho de cada 10 sufragios–, otras 57 estaban en Oaxaca, 34 en Chiapas y 29 en Guerrero: los estados más pobres.

En Puebla, además de los reclamos de Morena, un colectivo formado por organizaciones civiles y académicos denunció una “elección de Estado”, marcada por actos de violencia y robos de urnas, presuntamente para favorecer a Martha Erika Alonso, la esposa del exgobernador Rafael Moreno Valle y virtual gobernadora electa por el Frente.

En ese estado Anaya obtuvo apenas 20% de los votos, contra cerca de 57% de López Obrador; los candidatos a diputados y senadores del Frente ganaron 25.4% y 26%, respectivamente; en tanto que los de Juntos Haremos Historia rondaron 46%. A nivel local la coalición que postuló a Alonso apenas contará con nueve diputados, contra 16 para la coalición de López Obrador, cuyo aspirante a gobernador es Miguel Barbosa.

Ahí también sucedió algo extraño: Morena ganó con un amplio margen la elección para todos los puestos, pero Alonso se adjudicó el triunfo en la gubernatura con 38% de los votos, contra 34% de Barbosa.

Este reportaje se publicó el 15 de julio de 2018 en la edición 2176 de la revista Proceso.

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